Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Aunque en teoría las calles y el espacio público de una ciudad deben estar diseñados para garantizar un desplazamiento seguro, libre y digno para todos sus habitantes, Tuxtla Gutiérrez dista mucho de este ideal.
Para quienes se desplazan en sillas de ruedas, las banquetas no son vías de tránsito, sino un auténtico terreno minado.
La falta de rampas adecuadas, los baches profundos, los postes a mitad del camino, los comercios que invaden la vía pública y las raíces de árboles que destruyen el concreto vuelven las aceras prácticamente intransitables.
Esta situación obliga a muchos ciudadanos a bajarse al arroyo vehicular, exponiendo sus vidas al tráfico pesado para poder llegar a sus destinos.
A pesar de las recientes remodelaciones y los discursos sobre la modernización de los espacios públicos, Tuxtla Gutiérrez aún se encuentra muy lejos de alcanzar una movilidad segura y equitativa para los grupos vulnerables, un sector que también incluye a los adultos mayores, cuya agilidad y equilibrio se ven comprometidos por el mal estado de la infraestructura urbana.
Esta alarmante brecha entre la ley y la práctica es reconocida incluso en el plano legislativo.
La diputada Luz María Castillo, quien hoy ocupa una curul en el Congreso del Estado en representación de las personas con discapacidad, ha señalado que las adecuaciones actuales siguen siendo insuficientes para saldar la deuda histórica que la planeación urbana tiene con este sector de la población.
Señaló que, aunque la Ley de Movilidad ya reconoce el derecho a la accesibilidad universal, falta un reglamento que obligue a los ayuntamientos a cumplir con esta accesibilidad general.










