Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Los resultados de la última Semana Nacional de Información Compartiendo Esfuerzos, impulsada por la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos (AA), muestra un panorama preocupante de las adicciones en el país.
El alcohol se consolida como la sustancia de mayor consumo, con una distribución que alcanza incluso las regiones de más difícil acceso y bajo una preocupante tolerancia social.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, el alcohol es una sustancia omnipresente en la sociedad mexicana. Los datos revelan que el 73.7 por ciento de los mexicanos entre 12 y 65 años ha probado el alcohol al menos una vez en su vida.
Sin embargo, la cifra más crítica reside en la dependencia: se estima que el 1.8 por ciento de la población, más de 1.5 millones de personas, padece alcoholismo crónico. A pesar de la magnitud del problema, la brecha de atención es abismal: menos del 10 por ciento de los afectados reporta haber acudido a tratamiento.
Instituciones como los Centros de Integración Juvenil (CIJ) reportan que, aunque atienden a más de 160 mil personas anualmente, de las cuales el 90 por ciento consume alcohol, los pacientes tardan, en promedio, 17 años de consumo activo antes de solicitar ayuda profesional.
Expertos señalan que este retraso se debe a una combinación de factores, como el miedo al juicio impide que las personas reconozcan el problema; desconocimiento sobre los centros de ayuda, y dificultad para encontrar espacios percibidos como seguros.
Además que existe una marcada disparidad; se atiende a dos hombres por cada mujer. Las mujeres enfrentan un mayor estigma y, frecuentemente, carecen de apoyo en su entorno cercano para buscar terapia.
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) advierte que no se puede desvincular el consumo de sustancias de la salud emocional. El alcohol es utilizado frecuentemente como un mecanismo de evasión ante la ansiedad, el duelo, el estrés y la depresión.
Esto con consecuencias fatales, ya que existe una relación directa entre el alcoholismo y el suicidio en jóvenes de 19 a 24 años.
Mientras que en el 33 por ciento de los casos de suicidio, homicidio y accidentes, la víctima presentaba alcoholemia positiva.










