- Sacerdote de la Iglesia de la Santa Cruz y Nuestra Señora de Fátima, Rogelio Salinas Ángel, invitó a que los creyentes realmente vivan estos días desde una óptica diferente
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
En un mundo que vive de prisa, buscando vías de escape y divertimento, la Cuaresma es un tiempo más que simbólico para el creyente en la doctrina cristiana, como lo señala el sacerdote de la Iglesia de la Santa Cruz y Nuestra Señora de Fátima, Rogelio Salinas Ángel.
Al recordar que hoy es Miércoles de Ceniza, y esto marca el inicio de la Cuaresma, periodo fundacional del credo católico, el clérigo invitó a que los creyentes realmente vivan estos días desde una óptica diferente, asumiendo que se trata de un tiempo para tener un encuentro consigo mismos, reflexionando sobre la vida que transitan.
“Los que nos llamamos cristianos católicos, tenemos en la Cuaresma un momento de análisis interior; debemos detenernos ante el agitado mundo que tenemos y reflexionar sobre nuestras conductas”.
Comparó a la Cuaresma con un “desierto”, pero no de manera negativa, sino como un espacio de silencio que resulta necesario para la mente, a través del cual pueda enfocarse en los aspectos trascendentales, más que en las formas banalizadas de pasar el tiempo.
Enfatizó que la doctrina católica asume este tiempo para hacer comunión, recogimiento e introspección. Una oportunidad para el diálogo interno que, a través del silencio examine los fundamentos vitales, un acto enmarcado por el recibimiento de un símbolo externo.
“Y ese símbolo es precisamente la señal de la cruz, que los creyentes recibimos con ceniza. Ese signo externo es la muestra del deseo interior que tenemos para intensificar fuertemente la intención de acercamiento, de conversión”.
Rogelio Salinas Ángel, dijo que durante este tiempo, los creyentes deben vivir su fe con el ayuno del viernes santo; el domingo de ramos; jueves de la última cena, viernes de viacrucis, sábado de vigilia pascual y domingo de resurrección.
“Invito a los creyentes, a quienes nos decimos católicos, que no vivamos estas fechas con excesos, desvirtuando el sentido litúrgico.










