- La velación del Judas en Venustiano Carranza durante Semana Santa ocurre en casa del elegido por los “principales”
Cinthia Ruiz / Diario de Chiapas
La noche en Venustiano Carranza no transcurre como cualquier otra durante la Semana Santa, en casa del elegido por los “principales”, la luz tenue de las velas se dibuja en las paredes, mientras decenas de personas llegan de poco a poco; algunos entran en silencio, otros observan con respeto o con miedo, pero, todos esperan: la velación del Xutax (Judas).
El ambiente es de recogimiento, también de expectativa. Afuera, la gente continúa reuniéndose, adentro, el tiempo pareciera detenerse. Saben que antes de la media noche llegará el momento más importante: cuando el Xutax salga de la casa rumbo a la iglesia donde será colgado.
Entre quienes se preparan esta Don Belisario Orantes, encargado de cargar la figura. No es una tarea menor, el mismo explica que su responsabilidad no es solo cargarlo, sino formar parte del proceso en el que se define quien asumirá este compromiso. La decisión recae en los “principales”, un grupo de doce hombres que organizan y preservan esta tradición; tras el fallecimiento de uno de ellos, Don Belisario fue elegido para asumir esta misión.
Cuando llega el momento, el silencio se hace más profundo. Don Belisario se acerca, toma el Xutax y lo coloca sobre su hombro. El peso es evidente, no solo es físico, por los materiales con lo que está elaborado, como la hoja de guineo, sino por lo simbólico. Cada paso representa una tradición que se ha mantenido por generaciones.
El recorrido no es sencillo, a lo largo del trayecto, hace pausas. El mismo reconoce que hay momentos en los que el cuerpo ya no responde igual, en los que el cansancio obliga a detenerse por segundos antes de poder continuar, aun así, avanza.
Recuerda que la primera vez que cargo, sintió miedo. “me ganó la emoción”, dice. No era solo nervios, sino una sensación difícil de explicar. Con el tiempo, esa experiencia se transformó.
Hoy lo describe como algo significativo, incluso espiritual. Asegura que lo ha soñado y que, de alguna manera, puede sentir su presencia.
Alrededor del Xutax hay historias. No es la única vez que se hablará de ello, esto será así en los próximos años, en las próximas generaciones. Así, es como en los habitantes circulan relatos que han pasado de generación en generación. Algunos aseguran que, en los años anteriores, el Xutax “salía” por las noches para hacer travesuras. Son versiones que no todos confirman, pero que forman parte del imaginario colectivo que rodea esta tradición.
Mientras tanto, la velación continúa siendo un punto de encuentro. Las velas, las oraciones y la espera construyen un ambiente que mezcla fe, respeto y misterio. Cada año, la dinámica se repite: hay un relevo, una nueva casa, pero el significado permanece.
A pesar del desgaste físico, Don Belisario asegura que seguirá cumpliendo con esta responsabilidad mientras el cuerpo se lo permita. Sabe que llegará el momento en que otro tomará su lugar, como dicta la costumbre; pero, por ahora, su compromiso sigue firme.
En Venustiano Carranza, el Xutax no es solo una figura, es una tradición viva que se carga en los hombros y en la memoria de toda una comunidad.










