• No existen datos precisos ni actualizados que permitan conocer la cantidad exacta de menores que se encuentran en esta situación
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
En las principales ciudades de Chiapas, como Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas, es común ver a niños y niñas indígenas trabajando en las calles, vendiendo dulces, cigarros o limpiando zapatos.
A pesar de que su presencia no pasa inadvertida, no existen datos precisos ni actualizados que permitan conocer la cantidad exacta de menores que se encuentran en esta situación, una realidad que se agudiza por la pobreza y la falta de oportunidades.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Chiapas es el segundo estado con la tasa más alta de trabajo infantil en el país, estimando que más de 338 mil niños, niñas y adolescentes de entre cinco y 17 años se encuentran en esta situación.
Estos menores, especialmente de origen indígena, son particularmente vulnerables a ser utilizados en actividades de calle, trabajando en horarios y lugares no permitidos para su edad.
La pobreza en los hogares indígenas es uno de los factores determinantes que empuja a los menores a trabajar.
En San Cristóbal de Las Casas, por ejemplo, se ha documentado que el 72 por ciento de la población infantil y adolescente vive en situación de pobreza.
Los reportes señalan que los municipios con una alta proporción de población indígena y actividad agrícola son los que tienen un riesgo medio y alto de trabajo infantil.
Esta situación de vulnerabilidad se ve reflejada en los datos de organismos como el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), que coloca a Chiapas con el porcentaje más alto de pobreza infantil en México.
Además, estudios como el del colectivo Pacto por la Primera Infancia, señalan la cifra de más del 80 por ciento para la población menor de seis años.
La presencia de estos menores en las calles no solo es una señal de la precaria situación económica de sus familias, sino que también los expone a diversos riesgos. Se han reportado casos de explotación y, en particular, las niñas son un grupo de alto riesgo, expuestas a peligros como el acoso sexual y la exclusión del sistema educativo.
En las calles de Tuxtla Gutiérrez, por ejemplo, se puede observar a niñas que deambulan por parques y cruceros, a menudo cargando a bebés u otros niños pequeños, lo que subraya la compleja problemática que enfrentan.
Ante esta realidad, la falta de datos precisos y actualizados dificulta la implementación de políticas públicas efectivas que permitan proteger a esta población infantil y adolescente.










