Ranchería incomunicada por aeropuerto AAC

•          Las más de 150 familias de Santa Elena no pueden salir de la ranchería cuando llueve de manera ligera, ya que la creciente de agua es muy fuerte y el puente provisional no es nada seguro

Francisco Mendoza / Diario de Chiapas

La situación preparada que viven los pobladores de la ranchería Santa Elena es preocupante; una zona que se encuentra entre Julián Grajales y Narciso Mendoza no muy lejos de la mancha urbana de la capital chiapaneca ha sido olvidada por más de 20 años.

En un trabajo anterior, Diario de Chiapas mostró cómo la construcción del Aeropuerto Ángel Albino Corzo no tuvo un correcto estudio de impacto ambiental, realizando una obra de emergencia, un canal de dos kilómetros que aglomera toda el agua que baja de los arroyos provenientes del cerro La Cañada.

En esta ocasión, nos trasladamos a la ranchería Santa Elena para verificar la situación, encontrándonos con la sorpresa de que el impactó era mucho mayor a lo explicado, ya que los colonos del lugar se encuentran prácticamente incomunicados por esta situación.

Los colonos se encuentran fatigados tanto anímicamente como económicamente por esta situación, ya que han buscado soluciones como el reparar ellos mismos el drenaje puente, pero no tarda ni un día y todos sus esfuerzos son llevados por el agua.

Habibi Nazar, afectada de la ranchería Santa Elena dijo que la administración del aeropuerto no es consciente del daño que está haciendo a todas las familias que viven en el lugar.

“El aeropuerto, nos mandó todos los causes para acá, todos los cauces que tienen ellos allá, los concentraron en uno solo o en dos y ha repercutido para que el nivel del agua aquí aumente y se ha llevado nuestras obras de drenaje”.

La loza de concreto que había en el paso original que conectaba las dos partes de la ranchería Santa Elena y que comunicaba a toda la zona, desapareció hace ya 15 años, señalaron los colonos.

En el lugar se puede apreciar unos tubos de concreto los cuales están dispersados en el monte, esos tubos eran parte de la base del drenaje que filtraba el arroyo y servía como puente a las personas y vehículos.

Doña Josefina Narcía dijo que ya ni los camiones de agua en garrafón pasan el arroyo por miedo a que se los lleve el agua al caerse el pedazo de puente que tienen.

“Ahorita pasamos caminando, carro no pasa, ni de allá, ni de aquí, -lo han evitado completamente-, sí porque corre un riesgo de que se desprenda lo que hay y se vaya el carro y cómo lo sacamos”.

María del Rosario José y Esperanza Gómez pidieron el apoyo urgente de las autoridades, ya que los niños que viven en la ranchería, están faltando a clases toda la temporada de lluvia porque no pueden pasar el arroyo.

“Quisiera que nos apoyaran porque nosotros tenemos a nuestros niños en la escuela y ellos necesitan ir a la escuela y así, no pueden pasar; que nos ayuden porque hay veces que quedamos de este lado y para ir a comprar nuestros alimentos, todo es a la colonia, es el único camino que tenemos acá”.

“Cuando llueve muy recio aquí pues es el detalle que no podemos pasar, yo he tenido detalles con mis niños porque no pueden ir a la escuela, a veces los maestros de tanto decirles que no van los niños, dicen que es mentira y lo que hago es tomar la foto para enviarlo a los maestros para que me puedan creer porque cada vez que llueve no podemos pasar”.

La preocupación de los padres no es solo para los niños, también para los hijos más grandes los cuales van a trabajar al aeropuerto o Tuxtla Gutiérrez, con la incertidumbre de que a su regreso no puedan regresar a casa por la creciente de agua, dijo Joel Pérez.

“Ahorita nos deja incomunicados, tenemos a nuestros hijos trabajando en la ciudad y no pueden pasar, es el único paso que tenemos acá; nosotros queremos que se vea y tomen cartas en el asunto también para hacer y construir este paso pues que es nuestro único pasar”.

El impacto que el canal ha hecho a los terrenos de la ranchería es enorme, tanto en pérdidas de cosechas como en la comunicación, señaló don Pascual Narcía.

“Yo tengo mi terreno acá de este lado, y para sacar todo lo que tenemos necesitamos pues que nos echen la mano con el puente porque para sacarlo acarreando, está difícil, por eso estamos unidos con los demás para que nos apoyen para hacer el puente”.

Las madres de familia sufren cuando se les acaba la despensa, ya que no pueden salir tan fácilmente de la ranchería al ver que el camino está en muy malas condiciones, el puente emergente no dura y los mototaxistas no quieren ni acercarse por miedo de que se los lleve la corriente, dijo doña Blanca Moreno.

“Lo que ellos (administradores del aeropuerto), no se pusieron a pensar es que el agua que desviaron, los arroyos que venían por parte, lo aventaron y no sabiendo que hay aquí ranchos, hay cultivos de papaya, de guayaba, de granjas de pollo; y al hacer esa destrucción, ya no se puede pasar, a mí me da mucho miedo cada vez que paso, se ha reparado y cada vez que se repara y queda bonito al ratito ya no está (el puente)”.

Don Josué García, quien es propietario del terreno en el que pasa ahora el puente provisional ha señalado que los animales silvestres son arrastrados por la corriente y el inofensivo arroyo de la época de seca, se vuelve un palpitante monstruo en época de lluvias que desata una tremenda devastación. 

“Aquí tenemos en esta parte que es muy próspera, son más o menos 13 propietarios que generamos empleos a más de 100 familias. El cauce de los arroyos ha venido afectando a través de los años porque no es nada más aquí en el camino sino todo donde viene bajando, viene llevándose tierra, árboles, hay un impacto ambiental desgraciadamente desfavorable”.

Todos los colonos coinciden que este problema debe ser atendido lo antes posible, para que en la próxima temporada de lluvias estos no se vuelva un caos mayor y se evite la pérdida de vidas humanas.

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