Maro Alvarado / Diario de Chiapas
Un reconocimiento a la vida, obra y entrega evangélica es el libro “Monseñor Felipe Aguirre Franco, Buen Pastor de Brazos Abiertos”, que fue presentado este domingo en el salón Ágape, del convento Discípulas de Jesús el Buen Pastor, en esta ciudad.
Escrito por Hilario Laguna Caballero, la obra es un legado no pedido, pero aceptado con humildad y agradecimiento, que cuenta al público creyente o no sobre los 91 años de vida del Arzobispo Emérito de Acapulco, Guerrero, Felipe Aguirre Franco, y cómo extendió sus brazos como formador, guía y voz de los desprotegidos en cada lugar a donde su espíritu misionero lo condujo.
Durante la reunión de presentación, José Jesús Parada Tovar, autor del prólogo y contemporáneo de Aguirre Franco, dijo que al repasar sobre la vida del clérigo pensó en que “podemos valorar la calidad de la semilla y la huella de sus frutos; esto explica algunas de las principales características de la personalidad, la conducta, el estilo y la dimensión vocacional y pastoral de nuestro pastor, Felipe Aguirre Franco.”
Agregó que en este libro los lectores encontrarán las historias de temple que lo definieron desde su infancia “al desprenderse del nido familiar para afrontar las vicisitudes y desafíos que implica la vida de comunidad durante la larga formación seminarística, y que en claro discernimiento de la vocación, afrontó el reto de cumplir con obediencia y entusiasmo los destinos ministeriales”.
Caminos que lo llevaron a ser formador en el Seminario Menor de Guadalajara, Jalisco, y que posteriormente, con el báculo en mano, lo condujo a otras ovejas “más numerosas y muy diversas, y ciertamente a lugares más alejados, que pronto hizo cercanos a su corazón pastoral”.
Por su parte, el reconocido escritor y psicólogo, Carlos Hiram Culebro Sosa, dijo de Felipe Aguirre Franco que su obra “no sólo está construida por sus actos visibles, sino también por una profunda resonancia simbólica que toca el corazón de los feligreses”.
Y añadió que un aspecto conocido y reconocido por sus cercanos, y tal vez no para el resto de la población, es su pasión por la música, especialmente por las orquestas “y por ello impulsó la creación de grupos y composiciones melódicas, además de haber empleado esa dimensión artística como un puente para acercar a muchos al misterio de los sagrado”.
Para el autor de la obra, Hilario Laguna Caballero, este libro constituye un valioso acercamiento a la vida de un hombre cuya sencillez es su motor de vida.
“Al principio se negó, me preguntó si era necesario, si valía la pena escribir sobre él, y después de varios argumentos me autorizó”, recordó durante la presentación.
“En las páginas van a encontrar los primeros años de vida, su ordenación sacerdotal, su experiencia sacerdotal, sus misiones y obras; es un producto de muchas entrevistas, grabaciones, escritos en papelitos reciclados, en hojas desgastadas para ofrecer un acercamiento a los momentos que lo marcaron, tratando de entender la emoción, el cansancio, la pena, la desilusión…”
Comentó que al trabajar en este libro, encontró que los medios de grabación muchas veces no reflejan las palabras que capturan, por eso al llevarlas al papel se les debe dar forma atendiendo los contextos, para transmitir lo que esa persona quiso compartir con sus lectores.
“Agradezco a quienes participaron con sus testimonios, porque constaté la cercanía, el respeto, el reconocimiento y el cariño que tienen por él”.
Para otro de los invitados especiales, Monseñor José Francisco González González, Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, el libro “refleja parte de la vida, de la personalidad, del ministerio y de la calidad evangélica de Felipe Aguirre Franco, además de su inteligencia y su amor por el arte, particularmente la música, sin dejar a un lado su forma de vivir la vida, siempre alegre”.
Palabras que el propio Aguirre Franco agradeció mientras era festejado con aplausos, no sin aclarar que se sentía “agobiado por tanto reconocimiento”, aunque contento de seguir haciendo lo necesario para sembrar las semillas del evangelio y seguir “con los achaques de la edad” sirviendo con los brazos abiertos.










