Siguen ataques contra sacerdotes

Marco Alvarado / Diario de Chiapas
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) condenó el reciente ataque armado en contra del sacerdote Héctor Pérez, párroco de la iglesia de San Francisco de Asís, en la colonia Gaviotas Sur, en Villahermosa, Tabasco.
Un hecho que calificó como “un cobarde ataque armado perpetrado contra el párroco, quien fue herido de bala mientras iba a visitar a un enfermo”, y que se suma a la lista de sacerdotes católicos heridos o asesinados en las últimas tres décadas.
El caso más reciente ocurrió en Chiapas, con la ejecución del sacerdote Marcelo Pérez Pérez, en San Cristóbal de Las Casas, ocurrida el 20 de octubre de 2024, cuando salía de la parroquia del barrio Cuxtitali, muerte que reactivó la lista de sacerdotes muertos de manera violenta, al menos 10 en condiciones similares entre 2018 y 2024.
Mientras que el Centro Católico Multimedial (CCM), organismo que registra la violencia contra miembros de la Iglesia en México, reportó que desde 1990 han sido asesinados 80 sacerdotes, religiosos y laicos en el país. De ellos 60 víctimas fueron sacerdotes, incluido un cardenal.
Esto, en opinión de la CEM, muestra que la violencia ha alcanzado niveles preocupantes que azotan a todos los sectores sociales.
Y no sólo preocupa a la Iglesia Católica mexicana estos ataques directos en contra de sus integrantes, según el mismo reporte, cada semana aproximadamente 26 recintos “desde ermitas y oratorios hasta grandes templos o recintos de toda la Iglesia, son profanados por la comisión de delitos de alto impacto, menores y sacrilegios o profanaciones”.
El informe también destaca que, de los ataques a sitios religiosos, un 42 por ciento de ellos son cometidos por “profesionales del crimen organizado especializados en el robo de arte sacro”. Un 37 por ciento fue realizado de grupos que “atacan por diversos motivos de intolerancia y discriminación religiosa”, mientras que un 21 por ciento de las agresiones son efectuadas “por delincuentes dedicados al robo exprés de objetos religiosos a menor escala y de escaso valor”.
En cuanto a las extorsiones y fraudes, el informe destaca que estas prácticas “van en aumento”. Sin embargo, advierte que “la cifra negra es superior a las denuncias presentadas”, lo que genera que “no haya un panorama claro de las cifras de delitos y cuáles son las diócesis con la mayor prevalencia en estos delitos”.
Aunque esta información proviene de denuncias en medios de comunicación y redes sociales. No obstante, aún se desconoce la cifra exacta sobre pérdidas económicas.

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