Atienden a quienes provienen de Chicomuselo, Frontera Comalapa y Tila: Iglesia Católica
Ainer González / Diario de Chiapas
Tuxtla Gutiérrez se ha solidificado como un refugio para decenas de familias que han sido desplazadas por la violencia en distintas regiones de Chiapas, una situación que ha obligado a organizaciones de asistencia social a ampliar su acompañamiento más allá de la entrega de ayuda humanitaria, así lo informó la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez.
El director de Cáritas Tuxtla Gutiérrez e integrante de la Arquidiócesis, Gilberto Hernández García, señaló que la capital del estado ha recibido, principalmente en los últimos años, a personas provenientes de municipios como Chicomuselo, Frontera Comalapa y Tila, donde los conflictos de inseguridad provocaron el abandono de sus hogares.
“En el tema del desplazamiento forzado, bueno, Tuxtla es una situación muy especial; la ciudad ha sido como una especie de refugio de muchas personas que vienen con esta situación del desplazamiento forzado”, dijo.
En este sentido, explicó que la labor de Cáritas no se limita a proporcionar alimentos o despensas, sino que busca acompañar a las familias durante su proceso de adaptación a un entorno completamente distinto al que estaban acostumbradas.
“Se han acercado a Cáritas de diversas maneras. Nosotros hemos buscado, en los últimos años; hace dos años, más o menos, cuando fue muy fuerte el tema del desplazamiento de gente de Chicomuselo, de Frontera Comalapa e incluso de Tila, que vinieron acá. El tema no es solamente darles de comer o proporcionarles una despensa, sino acompañarlos en la integración a la comunidad”, mencionó.
Asimismo, indicó que uno de los principales desafíos es que muchas personas desplazadas llegan con la esperanza de regresar en poco tiempo a sus comunidades; sin embargo, las condiciones de seguridad les impiden hacerlo, obligándolas a permanecer por periodos prolongados en la capital.
“Muchos de ellos, obviamente, vienen con la idea de estar un tiempecito y regresar. Pero muchas veces las condiciones de sus comunidades de origen no les permiten el retorno, ni rápido ni fácil. Entonces tienen que prolongar su estadía y eso para ellos es muy angustiante. Una persona que viene de una comunidad rural y se encuentra con un estilo de vida distinto”, lamentó.
De acuerdo con Hernández García, el cambio de una comunidad rural a una ciudad como Tuxtla Gutiérrez representa un proceso complejo, debido al ritmo de vida, la necesidad de encontrar empleo y el impacto emocional que genera abandonar el lugar donde se construyó el proyecto de vida familiar.
“La rapidez de esta ciudad, las conglomeraciones, etcétera, es muy estresante para ellos. El tema del trabajo es otra cuestión. Bueno, Cáritas acompaña de esa manera con la contención emocional, a través de nuestro Centro de Escucha, de algunos talleres comunitarios que se promueven, y el tema de los emprendimientos. Hay familias que dicen: ‘Bueno, nosotros sabemos hacer tal cosa: queso, tamales, pero no tenemos los medios’. Entonces, Cáritas lo que hace es proporcionar este tipo de ayudas para que puedan solventar estas situaciones”, detalló.
Finalmente, el sacerdote reconoció que brindar acompañamiento a personas desplazadas implica asumir ciertos riesgos; no obstante, aseguró que ello no ha detenido el trabajo humanitario que realiza la Iglesia católica en favor de quienes han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia.
“Y claro que siempre quien ayuda se mete en riesgos, por diversos motivos. Pero eso no nos detiene. Aquí en la ciudad, obviamente, eso es mucho menos frecuente. Quiero decirlo: las amenazas y los riesgos son menos frecuentes; las habrá, pero son mínimas”, explicó.










