A 200 años México aún duerme
Mtro. Esdras E. Cruz y Cruz.
El 27 de septiembre del presente año se conmemorarán 200 años de la consumación de la independencia de México. A dos siglos de distancia, al finalizar el 2020, México ocupa el lugar 16 en la economía mundial, es la primera economía de Hispanoamérica en materia de exportación, la segunda de América Latina y la tercera economía de mayor tamaño de toda América, solo después de los Estados Unidos y la de Brasil; el México de la actualidad en materia económica es muy grande, es llamada “poderes medios”; a México tradicionalmente se le ha visto como un gigante de las materias primas y la manufactura. El país posee la reserva de plata más grande del mundo, gracias a su afiliación en el T-MEC, se ha convertido en uno de los socios comerciales más grande de los Estados Unidos, es uno de los más grandes titulares de bonos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Lamentablemente resulta ser un país de grandes claro oscuros, contrastante con la riqueza de la nación, es el país de la OCDE con el segundo grado de disparidad económica entre los ricos y los pobres, el 20% más pobre en la escala de ingresos únicamente dispone del 1.4% de los recursos del país, mientras que el 10% más rico dispone del casi 40%. El 30% del PIB proviene de la economía informal y esta ocupa casi el 65% de la fuerza laboral de México.
El porcentaje de mexicanos entre pobreza y pobreza extrema, pasó de 53% a 67% del total de la población en 2020, México será el país con mayor tasa de crecimiento de personas en situación de pobreza en América Latina, esto último de acuerdo con expectativas de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), con la nueva estimación para la economía el número de personas desocupadas serán de 3 millones de personas, sin contar el más de un millón 200 mil de jóvenes que anualmente se incorporan a las filas de nuevos buscadores de trabajo.
A dos siglos de la consumación de la independencia, hoy México es muy rico como país, pero con muchos mexicanos pobres, con grandes desigualdades regionales en desarrollo y bienestar; el tiempo muestra que los gobiernos no han tenido la capacidad para establecer políticas económicas redistributivas y resarcitorias verdaderas para el bien común y se han focalizado en entronizar, polarizar y debatir ideologías en torno al rol de Estado, cuando el eje central tiene que estar en cómo y en qué los gobiernos de turno promueven el desarrollo del sector privado: el Estado no debe hacerlo todo. Ni el sector privado debe pedir que el Estado lo haga todo, el enfoque exitoso que han tenido otras naciones similares a nuestra economía o si queremos observar las acciones de otras naciones desarrolladas, nuestro país debe concentrarse, aplicarse, resolver y atender los temas de la salud, educación, desigualdad, pobreza, inseguridad y corrupción.
Quedando entonces la creación de riqueza y empleo promovidos y liderados por el sector privado, teniendo prelación en la política de generación de riqueza en las medianas y pequeñas empresas las cuales generan empleo en la economía real, no olvidando que no hay empresa grande que no necesite de las Mipymes, cabe señalar que el éxito de los países desarrollados está en que las administraciones públicas, alinean y fomentan las alianzas de las grandes empresas con las pequeñas.
A 200 años, México hoy no va a ninguna parte, pareciera ser que va hacia la nada económica, estamos y debemos decir las cosas como son ante un escenario de fracaso político y social y con finanzas públicas contrastantes con la riqueza del país y la recaudación de los ingresos tributarios y no tributarios, el más bajo de la región; aunado a todo lo anterior, la crisis de la pandemia acabó de desnudar la realidad mexicana respecto a su estructura económica, distributiva y de desarrollo; si en 200 años no hay respuestas en la búsqueda de un desarrollo equitativo e igualitario para todos los mexicanos, hoy el Estado no va a poder aunque quiera dar respuestas a la crisis social, económica y de salud en la era post pandemia; si no cambiamos ahora, en esta compleja crisis la visión tradicional que ha prevalecido en los gobiernos de estos dos siglos y redefinir la misión de estos para generar progreso, si no se hacen, el riesgo económico y social es real.
De continuar pensando que la inversión extranjera directa nos va a salvar, que los envíos de las remesas de nuestros connacionales resolverán la pobreza y los paupérrimos ingresos fiscales programados para este año 2021 nos rescatarán, es ingenuo; lo que va a resolver con eficacia es la generación de negocios en México, con énfasis en las pequeñas, micro y medianas empresas, estas representan el 90% de las empresas, las micro empresas, son el 70%, el 90% contrata el 65% de la gente y el 90% aporta el 36% del producto interno bruto, entonces la propuesta disruptiva entre lo político y lo económico es desatar el potencial de las mipymes , para las cuales lamentablemente no hay incentivos para fomentar el desarrollo de este sector.
Los únicos que van a contratar personas son los empresarios no el gobierno, luego entonces avanzar en este eje en el cual no ha existido una buena cultura de negocios y si ha habido una política en la que ya es natural ver que una de cada tres personas nazca y muera en situación de pobreza.
A 200 años de la consumación de la independencia no ha existido una política exitosa que combata estructuralmente la pobreza, informalidad y el desempleo, ha estado únicamente discutido y plasmado en el debate y en el plan nacional pero no en la voluntad y en las acciones de los líderes, no ha habido gobierno que describa el por qué estamos en la pobreza y otras plagas apocalípticas, pero nunca se ha trabajado con eficacia en como corregirlas, ha habido “n” recetas fallidas.
La próxima elección a celebrarse es una oportunidad histórica para hacer verdaderamente la transformación de esta realidad mexicana que no queremos asumir; no se pueden eludir 200 años, no podemos seguir trabajando desvinculados, debemos adaptarnos a lo nuevo, nadie puede fracasar: políticos, empresarios, trabajadores, líderes de opinión, se requieren ideas nuevas, la renovación del próximo Congreso tiene una gran responsabilidad histórica, seguir pensando que somos un país rico pero con millones de pobres y pensar que al paso del tiempo se va a corregir esta situación es un gran error de cálculo político.
Como nunca antes, la pobreza, la desigualdad, la inseguridad, la corrupción, las frustraciones de los inversionistas, la pérdida de la confianza del sector empresarial nacional y del extranjero están en sus niveles más altos, ahí está el desafío, plantear una relación inteligente que privilegie el interés supremo y aprendiendo de su histórico pasado. ¡Despierta México!









