Cafetómano.
Bernardo Figueroa.
La tinta que ayer unió las firmas de José Antonio Aguilar Meza y Aureliano Hernández Palacios Cardel sobre el Convenio de Coordinación y Colaboración para la Fiscalización Superior del Gasto Federalizado no es un trazo burocrático sobre el papel membretado. Constituye el acta de nacimiento de una nueva manera de entender el poder público en Chiapas, un giro en la conciencia colectiva sobre lo que significa vigilar el dinero que pertenece a todas y todos. Ver a los titulares de la Auditoría Superior del Estado y de la Auditoría Superior de la Federación rubricar este acuerdo invita a una reflexión profunda sobre la madurez institucional que estamos alcanzando, justo en un momento donde la sociedad exige, con razón, que cada peso del erario se traduzca en bienestar tangible y verificable.
Durante décadas, la narrativa de la fiscalización en nuestro país osciló entre el centralismo técnico y la dispersión de esfuerzos locales. Lo que convierte a este convenio en un parteaguas es la decisión política de romper esos compartimentos estancos que tanto daño le han hecho a la rendición de cuentas. Resultaba frecuente que las auditorías federales y estatales transitaran por caminos paralelos, con metodologías dispares que abrían grietas por donde se filtraban la opacidad y la ineficiencia administrativa. La firma encabezada por el Auditor Superior del Estado desmonta esa obsoleta arquitectura para construir un solo bloque de vigilancia, donde los criterios homologados funcionan como un lenguaje común. Este acuerdo permite al personal de la ASE hurgar en los expedientes del gasto federalizado con las mismas gafas técnicas que el revisor de la federación, eliminando interpretaciones contradictorias que antes diluían la responsabilidad de los ejecutores del presupuesto y dejaban zonas grises aprovechadas por quienes buscaban evadir el escrutinio público.
Bajo la conducción rectora de la ASF, la instancia local se integra a las auditorías financieras, al seguimiento puntual de las observaciones y a las verificaciones físicas de las obras desde su nacimiento. Esto significa que una clínica rural o un sistema de agua potable financiado con recursos federales no esperarán años para ser medidos y escrutados. La participación temprana de la ASE en el proceso facilita una supervisión más cercana y contextualizada, al aprovechar el conocimiento local para identificar desviaciones que podrían pasar inadvertidas desde el escritorio. Se trata de un acompañamiento quirúrgico que humaniza la vigilancia, acercando al auditor a la realidad de las comunidades y alejándolo del frío tecnicismo de gabinete que tantas veces ignora el rostro humano detrás de cada programa social.
LA NUEVA GEOMETRÍA DE LA VIGILANCIA PÚBLICA.
La trascendencia de este acuerdo se magnifica al contrastarlo con el vendaval de transformación que el Auditor Superior de la Federación anunció con toda claridad durante la primera entrega de Informes Individuales de la Cuenta Pública 2025. Sus palabras marcaron un punto de inflexión histórico al adelantar una reingeniería total del modelo de fiscalización, diseñada para revisar todo y a todos en los tres órdenes de gobierno. La era de las auditorías parceladas, aquellas que únicamente revisaban el destino contable de los recursos, está quedando atrás de manera definitiva. El nuevo paradigma implica examinar integralmente si el dinero público cumplió con los objetivos sociales para los cuales se etiquetó en el Presupuesto de Egresos, vinculando el gasto con el impacto real en la vida de los chiapanecos y midiendo resultados concretos en lugar de limitarse a cotejar facturas y comprobantes administrativos.
Para Chiapas, entidad que recibe un flujo significativo de gasto federalizado destinado a combatir el rezago social y fortalecer la infraestructura básica, este convenio representa una bocanada de certeza jurídica y esperanza social. El trabajo conjunto entre la ASE y la ASF permitirá una vigilancia más efectiva sobre los programas sociales y los servicios esenciales, precisamente aquellos rubros donde la opacidad duele más porque lastima a las poblaciones vulnerables. Al homologar los criterios para auditar la obra pública, se deja atrás aquella práctica perversa de ejecutar proyectos con estándares de calidad diferenciados dependiendo del origen del recurso. Ahora, un kilómetro de carretera o la construcción de un aula escolar deberán cumplir con la misma rigurosidad técnica y financiera, sin distingos burocráticos que antes servían de pretexto para justificar materiales de menor calidad o procesos constructivos deficientes.
AUDITAR SE CONVIERTE EN JUSTICIA SOCIAL.
La reingeniería anunciada por Hernández Palacios Cardel necesita, para ser efectiva en el territorio, de contrapartes locales robustas y totalmente alineadas con la visión integral de la fiscalía superior. La ASE con la conducción de José Antonio Aguilar asume el reto de convertirse en ese brazo operativo que traduce la estrategia nacional en resultados locales palpables. Este ejercicio de soberanía compartida, lejos de debilitar el federalismo, lo fortalece porque demuestra que la autonomía de un órgano técnico local se potencia cuando opera en red con la máxima casa fiscalizadora del país. Constituye un acto de madurez republicana reconocer que el escrutinio del gasto no tiene colores partidistas y que la transparencia radical es el único camino para reconciliar al ciudadano con sus instituciones, devolviéndole la confianza que la opacidad le arrebató durante tantos años de simulación administrativa y discursos huecos sobre rendición de cuentas.
El peso de la responsabilidad recae ahora en los equipos que deberán llevar esta letra a la práctica, recorriendo las sierras y los valles de Chiapas con la ley en la mano y la determinación inquebrantable de que auditar es un acto profundo de justicia social. El camino está trazado y la señal es inequívoca, porque el tiempo de la simulación fiscalizadora se agotó para siempre y en su lugar emerge un mecanismo implacable que promete revisarlo todo, proteger a todos los ciudadanos y devolverle a la hacienda pública el significado más puro de su vocación original, el servicio irrestricto al bien común.
Desde el Café: La deuda histórica con comunidades como Chalchihuitán se mide en la ausencia de lo más elemental, como la salud, que remueve la indiferencia administrativa que normalizó el abandono. La puesta en marcha de una Unidad Médica Móvil con estudios especializados, articulada mediante la coordinación entre el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, el respaldo presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo y la participación de Petróleos Mexicanos, revela una lógica de intervención que entiende la cobertura sanitaria como un derecho exigible y no como un favor discrecional. El gobernador Ramírez Aguilar reafirma que la nueva era de Chiapas construye su legitimidad sobre los cimientos de una justicia social palpable que finalmente sutura las heridas de la geografía marginada mediante un entramado institucional que actúa como un solo cuerpo al servicio de la vida… La secretaria general de Gobierno y Mediación, Dulce Rodríguez Ovando, recibió a representantes del sector transportista y al presidente municipal de Chilón para sostener un diálogo orientado a atender las inquietudes del gremio y fortalecer las acciones que contribuyen al orden, la gobernabilidad y el desarrollo de la región, siguiendo la agenda impulsada por el gobernador Eduardo Ramírez.
Para terminar: “Ser poderosa es como ser una dama: si tienes que decirles a todos que lo eres, es porque no lo eres realmente”. Lo dijo Margaret Thatcher.
Son cuestiones del oficio, sigue sin ser nada personal.










