Letras Desnudas
Mario Caballero
Contra la estupidez
Creo que la polémica sobre la regularización de los llamados “autos chocolate” anunciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, y que ya se decretó hace un par de días, está de más. El presidente tiene razón: no existe mejor alternativa para combatir lo ilegal que haciéndolo legal, es decir, poniendo la ley de por medio para regularizarlo. Me explico.
Ningún gobernante en el mundo, por más poderoso que sea, puede controlarlo todo. Menos todavía cuando hablamos del mercado. Aunque no faltan presidentes que, creyéndose Superman, crean que sí lo pueden, pero se equivocan contundentemente.
Todo lo que concierne al mercado, desde la fijación de precios hasta la calidad de los productos y servicios, se ajusta a la ley de la oferta y la demanda. Por tanto, ¿cómo podrá un presidente controlar el mercado laboral de Estados Unidos, por ejemplo, que demanda mano de obra barata para impulsar su economía cuando del otro lado de la frontera de México hay miles de migrantes pidiendo un trabajo sin importarles el sueldo que les paguen, ya que en sus respectivos países ni siquiera encuentran un empleo, ya ni se diga bien remunerado?
Es cierto, es injusto que una persona pelee por un puesto de trabajo en su propio país con un indocumentado, pero cómo detener las fuerzas de la oferta y la demanda. Haber, ¿cómo detenerlas?
Donald Trump creyó que levantando un muro evitaría el flujo migratorio y con ello también impediría que un inmigrante ilegal le quitara el trabajo a los estadunidenses. Pero no lo logró. No pudo construir el muro en los más de tres mil kilómetros de frontera que separan al país que demanda y al país que oferta la mano de obra barata. Tampoco pudo detener la migración a su nación. Sí mermó, pero la gente siguió cruzando y obteniendo empleos que ahora le permiten una mejor vida para sus familias.
Es el mismo caso de las drogas, del tráfico ilegal de armas y, por supuesto, de los autos chocolate. Mientras exista la oferta y la demanda, seguirá estando el mercado irregular. Por eso, lo más sabio es la regularización y legalización de estos mercados. No es, claro está, una tarea fácil, pero es lo mejor.
Ahí está que considero que el presidente López Obrador tiene razón al haber lanzado un decreto para regularizar los autos irregulares que ya están en nuestro país. Nadie me dejará mentir que muchos de esos carros son utilizados para delinquir, y no hay ningún registro para perseguirlos.
De acuerdo con el decreto, serán las secretarías de Hacienda, Economía y Seguridad y Protección las encargadas del proceso de legalización de estos vehículos.
Hacienda tendrá la función de establecer, a través del Servicio de Administración Tributaria (SAT), las facilidades administrativas para que las personas de los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Baja California Sur, puedan regularizar sus autos chocolate.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en lo que a ella respecta, estará obligada a coordinarse con los gobiernos de esos siete estados para identificar los vehículos que no se hayan registrado.
Una vez que se haya cumplido con la importación definitiva de los autos chocolate, serán inscritos en el Registro Público Vehicular a cargo del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Y el dinero que se recaude por la regularización será usado para la reparación de calles, según señala el decreto, que entró en vigor a partir de ayer 19 de octubre.
Ignoro si el presidente lo ha hecho por motivos políticos. Aunque, sin duda de ningún género, esto le agenciará una muy buena clientela electoral, que se sentirá agradecida con él y su partido Morena. Sin embargo, es encomiable que haya reconocido que ningún político a nivel global puede controlar las portentosas fuerzas del mercado.
Me gustaría, por otro lado, que el presidente López Obrador afrontara con la misma decisión el tema de la regularización de las drogas.
Si, usted, amable lector, ha seguido a este columnista, se habrá dado cuenta que no comparto la idea de la despenalización de la mariguana en nuestro país. Sobre todo, porque ésta se hizo bajo la visión de un tema de seguridad. Lo cual fue el mismo error que cometieron muchas otras naciones latinoamericanas y europeas, que, tras ver la despenalización de la mariguana y otras drogas ilegales como una estrategia contra el crimen organizado, sus índices de inseguridad incrementaron en lugar de disminuir, al igual que el consumo entre la población juvenil y adulta.
Lo deseable sería que la regularización de las drogas se trate como un tema de salud pública y no de seguridad. Los resultados serían mejores y no tendríamos en un futuro inmediato mayores problemas sociales, de salud y económicos por el aumento en el consumo de estupefacientes, pues hay que decir que anualmente el gobierno gasta muchísimo más dinero en la atención de sus unidades de prevención y atención de adicciones que en el presupuesto que destina para la Secretaría de la Función Pública, la Oficina de la Presidencia y la Auditoría Superior de la Federación.
Pero como dijera la Nana Goya: “esa es otra historia”.
En resumen, bien por el presidente López Obrador, que ha sabido reconocer las fuerzas del mercado en lugar de combatirlas. No como aquellos mandatarios que creen que haciendo uso de la fuerza pueden controlar el mercado, quienes piensan que es mejor correr a todos los trabajadores indocumentados de su país y lo único que logran es ralentizar su crecimiento económico.
Ojalá el presidente Biden entienda que le sería mejor y más redituable, tanto política como económicamente, regularizar a los millones de indocumentados que trabajan en Estados Unidos, así como establecer medidas para la entrada y salida de personas de distintas nacionalidades que llegan a ofertar su mano de obra.
Lo mismo deberían hacer otros gobiernos: formalizar la importación de ropa usada, aparatos usados, coches de segunda mano, etcétera, que tienen buena demanda en otros países, como México, por ejemplo.
No lo sé, pero tal vez haciendo esto algún día logremos que lo que es legal en un país también lo sea en el otro. Y con ello se imponga la razón y la ley ante la estupidez de los políticos que creen poder controlarlo todo.
PARA MAGDALENA
Prima de mis amores, hace mucho que no hablamos. Extraño tus charlas y tu profunda sabiduría. ¿Por qué me has abandonado? ¿No será que ya te volviste soberbia como el diputado Raúl Bonifaz Moedano? Quien asegura que entregará todas sus energías, su jovialidad, su inteligencia y hasta su propia vida con tal de superar en esta nueva legislatura en el Congreso del Estado los grandes logros que obtuvo en el Congreso de la Unión. Dicen –no me creas- que ya está preparando una iniciativa que a todos nos dejará babeando. Así como en plena mortandad de mexicanos por la pandemia, en plena crisis por falta de medicamentos, en pleno apogeo de los homicidios dolosos en el país, logró que los diputados aprobaran su iniciativa de declarar el Día del Lacandón, también buscará que los legisladores chiapanecos declaren el Día Mundial del Tamal de Torito Pinto. Con eso buscará que las penas con tamal sean menos… ¡Chao!
@_MarioCaballero









