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Dos años de pandemia

Gerardo Gamba

El pasado viernes 11 de marzo se cumplieron dos años de que la Organización Mundial de la Salud declaró al COVID, la nueva enfermedad por el coronavirus SARS-CoV-2, como una pandemia, con lo que se reconocía que el mal se había esparcido ya por todo el planeta. Dos años que han cambiado al mundo. Dos años que nos trajeron muchas desgracias y muchas enseñanzas. Dos años que quedarán grabados para siempre en la historia de la humanidad. Dos años que permitieron a la población mundial darse cuenta de primera mano del poder que tiene la investigación científica para resolver problemas.

En números llegamos a este 11 de marzo con reporte oficial de 454,137,565 casos de COVID en el mundo que han ocasionado 6,033,155 muertes. Si pudiéramos protestar contra el COVID, las pancartas dirían: “Nos faltan seis millones”. Además, sabemos que la mayor parte de los países tienen cifras de exceso de mortalidad que son mayores que las oficiales y que el cálculo conservador es que el número de muertos a nivel mundial es probablemente el doble del oficial.

Ha sido una época muy dura en muchos sentidos. Las muertes. Expreso mis condolencias y solidaridad a quienes perdieron familiares y amigos. El aislamiento social. Pérdidas económicas. La comunicación por vía de computadoras. Las juntas y las videoconferencias. Dar clases a pantallitas negras con nombres es frustrante y los alumnos se vuelven muy poco participativos. El miedo a los lugares cerrados. Los miles de planes cancelados. Las ausencias familiares. Espero que ya regresemos en ese sentido a la vida normal.

Dentro de lo malo, lo mejor de la pandemia ha sido la respuesta de la ciencia al respecto. Que impresionante despliegue de talentos, habilidades y soluciones a los problemas. Lo que sabemos hoy de COVID es muchísimo. A los pacientes les va mejor por muchas razones, pero una de ellas es simplemente porque ya entendemos mejor la enfermedad.

El virus y todas sus variantes han sido secuenciadas y se entiende bien la evolución de este. Ya ha quedado claro cómo surgió el virus en el mercado de mariscos de Wuhan y las teorías de conspiración fueron desmentidas. Se conoce bastante mejor la fisiopatología de la enfermedad y como reconocer tempranamente las complicaciones y evitarlas. Se generaron pruebas para detectar la enfermedad hasta en casa. Los tratamientos inventados sin fundamento, como la azitromicina, hidroxicloroquina e ivermectina, han caído en desuso y sus promotores se han ido quedando en silencio. En contraste, existen ya tratamientos específicos contra el COVID, como el paxlovid, molnupiravir, remdesivir y sotrovimab. Se demostró el beneficio de la dexametasona en pacientes graves y lo mejor, se generaron diversidad de vacunas por diferentes metodologías, con diferentes vectores y todas funcionan razonablemente bien para evitar las formas graves de la enfermedad. El pasado 11 de marzo, a dos años de la declaración de pandemia, se habían administrado en el mundo 10,665,091,848 dosis de vacunas. La última ola protagonizada por ómicron produjo más casos que todas las anteriores juntas, pero con mucho menos mortalidad.

El asunto no ha acabado aún. Quizá ya estamos pasando a la fase de enfermedad endémica y próximamente el gobierno dará fin a la obligación de utilizar mascarillas. Ahora tenemos algo nuevo por aprender, estudiar y entender. Lo que llamamos COVID largo o Long-COVID, que se refiere a una serie de problemas clínicos que presentan por muchos meses personas que tuvieron COVID.

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