
Convivio de directivos con trabajadores y amigos
Letras Desnudas
Mario Caballero
¡Gracias, hermanos Toledo!
Hace unos siete años, decidí dedicarme a escribir mis opiniones. Pero desde hace casi cinco lo hago a través de las páginas del Diario de Chiapas, medio local que se ha convertido en un referente de la comunicación en el estado y en uno de los periódicos de mayor influencia en el sursureste del país, y que en lo personal me ha dado, entre otras cosas, el bien más preciado que puede tener un periodista: libertad.
Durante el tiempo que llevo colaborando para esta casa periodística he estado en cuatro convivios de fin de año. Como es costumbre en la familia Toledo Coutiño, esta empieza por la mañana con la misa a la Virgen de Guadalupe y, por la noche, concluye con la cena con todos los trabajadores y amigos de esta gran empresa. El más reciente fue el pasado 11 de diciembre.
No es poca cosa tomando en cuenta que, en nuestra sociedad actual, mucho se ha perdido el valor humano del agradecimiento. Una pérdida en verdad lamentable y atroz. Algo que entendieron muy bien nuestros padres y nuestros abuelos y, por eso, los hermanos Gerardo y Rogelio Toledo celebran la misa para agradecerles a la Virgen y a Dios que nos hayan permitido llegar al final de otro año, y la cena como un gesto de agradecimiento a sus familiares y empleados el que trabajaran duro al lado de ellos para sacar adelante las metas trazadas.
Este 2021 no ha sido precisamente un año cualquiera. Mucho menos uno fácil. Entre catástrofes naturales, eventos fatídicos, pero especialmente por la pandemia muchas familias están ahora incompletas, muchos hogares con lugares vacíos en las mesas, muchas mujeres y hombres pasando necesidad ante la pérdida de sus empleos porque esa es otra de las consecuencias del coronavirus: el desastre económico que propició que miles de empresas cerraran y millones de personas se quedaran sin el sustento diario, sin la posibilidad de tener una cena de navidad y un brindis por el final de este año y el comienzo de uno nuevo.
Más muchos de nosotros estamos bien. Tenemos salud, tenemos empleo, tenemos a nuestra familia, y de esto se trató el convivio de fin de año que los jefes del Diario de Chiapas organizaron para sus trabajadores. Pues como dice una máxima bíblica, que por todo lo que de gracia recibimos por parte de Dios, gracias debemos dar.
OPORTUNIDAD DE VIDA
Considero, asimismo, que todos los que formamos parte del Diario de Chiapas también debemos agradecer tanto a don Gerardo como a don Rogelio, quienes con visión, dedicación y esfuerzo incansable han logrado sostener a este grupo periodístico a pesar de los enormes retos y embates de la actualidad. Sí, a esta institución que le da una fuente de empleo a alrededor de ciento cincuenta personas, quienes a su vez ganan para el sostenimiento de sus hogares.
Esto va más allá de la simple remuneración. Yo tuve la gran fortuna de ser invitado a ser parte de este equipo y este proyecto. Me tocó pasar la difícil aduana del presidente y director general, Gerardo Toledo Coutiño, que revisó mi propuesta periodística no con lupa sino con microscopio.
He de decir que muchos no pasaron más allá de la puerta de entrada. Esa aduana era y sigue siendo muy rígida en su función de cuidar que no cualquiera pase. Es entendible, si queremos que todo proyecto se logre, y no sólo eso, sino que crezca dando buenos frutos, sólo lo mejor tiene que llegar a formar parte de él. No lo digo por mí, más bien por todos los que integran a esta empresa informativa: son los mejores.
Independientemente de si somos comunicólogos, abogados, contadores, ingenieros; si somos repartidores, prensistas, redactores, columnistas, reporteros, editorialistas o administrativos, todos pasamos esa aduana y, a pesar de los años que llevamos en la organización, don Rogelio y don Gerardo siguen estando pendientes de todos, como si fuera nuestro primer día.
Implacable, sin duda. Pero también de una enorme generosidad y bondad. Toleran cuando se cometen errores, corrigen en caso de ser necesario, aunque también están para alentar a que todos desarrollen su potencial y recompensan el buen trabajo. Este año regalaron viajes con todos los gastos pagados a las bahías de Huatulco a los trabajadores que se esmeraron más en el ejercicio de sus funciones. Esta actitud ante su equipo de trabajo la asumen con la paciencia de Job y con la vocación que sólo tienen los grandes maestros.
En los últimos dos años, en los que como ya dijimos han sido de retos y a veces dolorosos para muchas personas, los hermanos Toledo supieron llevar a buen puerto a este barco tras navegar por aguas procelosas. Ahí donde muchas empresas quebraron, donde muchos medios de comunicación desaparecieron, donde mucha gente se quedó sin empleo, ellos, Gerardo y Rogelio, no sólo mantuvieron firme a lo que ahora conocemos como la Torre Digital sino además no se deshicieron de nadie de la plantilla laboral y, por el contrario, le dieron oportunidad a otros para que se sumaran a este proyecto desde los micrófonos y las cámaras de la Radio del Diario, así como desde los controles de las cabinas y la importantísima área multimedia.
No es que se deba agradecer a las cabezas de esta empresa por crear empleos, sino por brindar la oportunidad de pertenecer a un proyecto periodístico que hoy por hoy es el más grande, vanguardista y de mayor calidad en Chiapas y en buena parte de la República mexicana. Que al final del día esto nos permita a todos los que aquí laboramos a llevar el alimento a nuestras casas, es una bendición aparte.
¡GRACIAS!
En uno de sus primeros libros, Amoz Oz se pregunta: “¿Acaso existe en el mundo mayor aventura que la de un educador?”. Gerardo y Rogelio no serán educadores, pero siendo que el periodismo también forma y educa a las generaciones a través de la información, la comunicación y el análisis de los datos, creo que siempre han vivido como una aventura ser directivos del Diario de Chiapas. Año tras año lo hacen con una disciplina férrea. Lo suyo no será la docencia, sino informar e instruir a la sociedad, denunciar los abusos de poder de los gobernantes, y con ello contribuyen a contrarrestar las enormes carencias de nuestra realidad.
Este 11 de diciembre, Gerardo y Rogelio Toledo Coutiño invitaron a todos sus colaboradores y amigos para darles las gracias a ellos y a Dios por un año más de logros y metas alcanzadas. En lo personal, quiero agradecerles por la invitación, por la rica cena, por la plática con don Gerardo que, como siempre, a la vez de interesante fue aleccionadora. No perdió la oportunidad, eso sí, de motivarme a seguir desarrollándome en lo profesional.
Pero, sobre todo, quiero externarles mi agradecimiento por abrirme las puertas de su prestigioso periódico, por permitirme expresar mis ideas en las páginas del Diario a mi libre albedrío y por la oportunidad de participar en este proyecto que hoy ya no sólo se lee (como desde hace 46 años), sino que ahora también se escucha y se mira.
@_MarioCaballero









