Pluma de Gallo
Enrique Jiménez De la Mora
@quiquejm
IMSS Bienestar: salud, comunitaria y popular
La vecina que sabe inyectar, la partera que fue instruida por sus ancestras, el médico tradicional de la comunidad y la amiga que aprendió a hacer gel antibacterial son la primera ayuda que buscamos en las emergencias de salud inmediatas. Estas personas constituyen un núcleo de potentes lazos solidarios y forman parte indispensable de nuestra vida cotidiana y nuestro bienestar. Además, en las comunidades marginadas, quienes mejor conocen sus necesidades son los propios habitantes de la localidad y la estrategia de salud del IMSS Bienestar no sólo nos escucha, también incorpora a nuestros referentes de salud en toda la estrategia.
Durante muchos años, los gobiernos neoliberales apostaron por implementar modelos de salud enfocados en atención, medicalización y hospitalización. Entre otras cosas, esto generó el ecosistema ideal para una enfermedad invisible y altamente contagiosa: la diabetes y la hipertensión. La prevención de enfermedades y la salud integral fueron depositadas en el archivo del eterno pendiente, permitiendo que estas silenciosas pero letales epidemias arrebaten miles de vidas.
Aun así, las profundas desigualdades e inercias de transformación (emanadas de necesidades tan básicas como a una vida saludable) orillaron a las administraciones del pasado a buscar formas de -al menos- atender a quienes menos recursos tenían. En ese contexto se creó el IMSS Bienestar, el cual funcionaba atendiendo a personas que no tenían seguridad social y habitaban en comunidades rurales e indígenas a través de la proporción de consultas y medicamentos gratuitos.
El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador utilizó las migajas de este -como lo apodó una columnista- “patito feo” de las administraciones pasadas y lo convirtió en la piedra angular para implementar un modelo de salud mucho más amplio, comunitario, permanente, popular y verdaderamente transformador.
El IMSS Bienestar ahora funciona con tres ejes: organización comunitaria, atención médica (de primer y segundo nivel) y jornadas quirúrgicas. El primero consiste en la formación de comités comunitarios y centros integrados por la propia comunidad, quienes tienen comunicación directa con el gobierno respecto de las necesidades de salud en su territorio. Además, se encargan de concientizar y difundir información respecto de salud y alimentación en su propia localidad: entre vecinas, amigos y compañeros.
El segundo y tercer eje se centran en brindar servicios y atención a las comunidades. En Chiapas, por ejemplo, el IMSS Bienestar cuenta con Unidades Médicas Rurales, 9 albergues comunitarios y 10 Hospitales Rurales, los cuales brindan consultas de medicina familiar, vigilancia epidemiológica y preventiva, desarrollo infantil temprano, acciones odonto-preventivas, trabajo social, psicología, nutrición y dietética; así como especialidades como cirugía general, ginecoobstetricia, pediatría y urgencias.
Esta estrategia no debe pasar desapercibida porque se trata de toda una política enfocada en construir una salud mucho más digna, popular y unitaria. También porque por primera vez, nuestros referentes y ayuda de salud inmediata (como la vecina, la partera y la amiga) tienen un papel preponderante para prevenir, y formar vidas mucho más saludables. Esta es una apuesta de bienestar a largo plazo, en la cual los pobres se encuentran al centro de los objetivos y en la que la propia gente es la intérprete de la transformación para una salud mucho más comunitaria.
¡Jala Pluma Gallo Giro!
Enrique Jiménez De la Mora.
Licenciado en Ciencias Políticas con Especialidad
en Administración Pública y Políticas Públicas.
Titular de la Jefatura de Servicios de Salud en el
Trabajo Prestaciones Económicas y Sociales.
I.M.S.S. O.O.A.D. Chiapas.









