La educación y la vejez

 

Dr. Gilberto de los Santos Cruz

En los últimos años la esperanza de vida en México ha ido en aumento como resultado de la disminución en las tasas de mortalidad y natalidad. Este cambio en la estructura de la población ha sido llamado envejecimiento demográfico. Día a día el número de adultos mayores aumenta, provocando que las sociedades envejezcan de forma nunca antes vista, sin que esto signifique necesariamente que se viva la vejez en mejores condiciones que las generaciones anteriores. Actualmente, sólo en algunos países, la mayoría de los adultos llega en condiciones óptimas a los 60 años incluso para seguir realizando actividades que les permitan continuar el desarrollo de sus habilidades y capacidades tanto físicas como mentales.

 

Significado del trabajo

El trabajo, más allá de ser una actividad remunerada, tiene distintos significados subjetivos para las personas; Rodríguez y Péiro sostienen que estos significados se conforman de un cúmulo de creencias, valores y actitudes hacia la actividad laboral por parte de las personas y es formado antes y durante su desempeño. El significado del trabajo, entonces, tiene un trasfondo innegablemente cultural y social. Según el MOW International Research Group, se distinguen 3 dimensiones principales en el significado del trabajo; la centralidad en el trabajo, que es la importancia que tiene esta actividad para la persona; las normas sociales del trabajo, definidas como una serie de afirmaciones acerca de las obligaciones y derechos de los trabajadores y de la sociedad con respecto al trabajo; y finalmente, los valores laborales, que son los aspectos o características del trabajo que son importantes para una persona y que quisiera encontrar en su actividad laboral.

Vejez, productividad y jubilación Las sociedades industrializadas tienen un especial aprecio por la productividad y la remuneración económica, características que a su vez atribuyen exclusivamente a la juventud; en cambio, a la vejez se le asigna el proceso conceptualizado como el fin de la producción, relacionándola inmediatamente con la inactividad –más que pasividad– de la jubilación. Tanta es la equivalencia otorgada por la sociedad que ambos conceptos son utilizados erróneamente como sinónimos a pesar de ser términos distintos en su significado como un evento de renovación de fuerza de trabajo, haciendo que los trabajadores próximos a jubilarse, sean retirados de las labores productoras y excluidos de las actividades que antes estimulaban su físico y su intelecto. La jubilación desde un enfoque económico puede entenderse como una recompensa del sistema capitalista, obtenida generalmente a partir de cierta edad y bajo la promesa relativamente segura de una pensión, que les procurará eventualmente ciertas facilidades para tener una vida digna durante la inactividad laboral. Un proceso ciertamente atractivo y casi perfecto que sirve a la vez para abrirle un espacio en la maquinaria productiva a las generaciones de trabajadores más jóvenes. Sin embargo, jubilarse no implica solamente dejar de trabajar y de recibir dinero o dejar de ser simplemente productivo, como el concepto derivado de la revolución industrial lo sugiere. Además, a escala personal ocurre una serie de modificaciones y eventos a los que la persona jubilada debe adaptarse.

Al dejar de asistir al trabajo, las redes sociales se ven disminuidas por la reducción del contacto interpersonal y deben (re) ajustarse nuevamente a la familia o al entorno más cercano. El trabajo limitaba el tiempo para el resto de actividades (creativas y/o recreativas) por lo que en la jubilación se tiene más tiempo libre que, al no ser usado apropiadamente –ya sea porque la situación económica o el grado de independencia no les permite tener acceso a las actividades deseadas– el ocio al que se obliga podría provocar más peso que libertad.

Muchas veces los adultos mayores jubilados deben enfrentarse a la limitación de oportunidades de trabajo y a una constante vulneración de sus derechos, ambos hechos perpetuados en buena medida por la presencia de incontables estereotipos negativos. Esta serie de dificultades impide el desarrollo de las capacidades y el uso de la vasta experiencia de los jubilados.

Socialmente, la vejez se concibe como una etapa homogénea de improductividad, inactividad y dependencia, que obliga a los adultos mayores a cumplir con estas características mientras que el entorno asume un rol asistencialista, generándoles sentimientos de inseguridad.

Se cuestiona en la vejez la asociación entre vida laboral y empleo remunerado sin valorar sus contribuciones a la sociedad, sin un criterio en efecto más amplio que el de productividad en términos estrictamente económicos. En la actualidad, con el aumento de la esperanza de vida, nos encontramos frente a un grupo etario con mayor vitalidad que sus antecesores que (aunque su actividad en el mercado laboral haya finalizado por cumplir la edad para el retiro formal) no deja de sentir la necesidad de mantenerse activo y productivo.

 

Actividad vs inactividad: rompiendo paradigmas

En 1961 Havighurst desarrolló la teoría de la actividad que establece que sólo las personas con un buen nivel de actividad envejecen satisfactoriamente. Este postulado es contrario a la teoría de la desvinculación de Henry y Cumming en donde se propone que, a medida que se envejece, se presenta una disminución gradual del interés por las actividades y acontecimientos sociales.

La pérdida del rol laboral, hace que la personas puedan llegar a sentir descontento; la finalización de una de las funciones primordiales que han mantenido buena parte de su vida sumerge a los individuos en una limitación del comportamiento que hasta el momento habían desempeñado, provocando una incapacidad para asumir el nuevo rol de jubilado

En este sentido, la jubilación representa un desbalance en la ocupación, entendiendo esta como cualquier actividad con un significado tanto personal como sociocultural y con una relación directa a una remuneración económica. El individuo puede expresar y experimentar el significado de su vida por medio de sus ocupaciones, de ahí la importancia de mantener un grado de actividad satisfactorio en todas las etapas de la vida, incluida, por supuesto, la vejez. La ocupación puede ser clasificada en actividades de la vida diaria, actividades productivas y actividades de esparcimiento.

 

 

Gerontagogía: educación contra la falta de ocupación

Una excelente opción de ocupación en la vejez después de la jubilación es la educación. Basada en un cambio del paradigma hacia la vejez actual, la solidaridad intergeneracional y la creciente necesidad de capacitación, la promoción de la enseñanza de los adultos mayores podría actuar de formas efectivas en su beneficio. La Gerontagogía es la disciplina que se encarga de la educación en adultos mayores; tiene orígenes en la andragogía (del griego ???? “hombre” y?????“ guía” o “conducción”) que es el conjunto de técnicas de enseñanza orientadas a educar personas adultas, en contraposición de la pedagogía, que es la enseñanza orientada a los niños. La función histórica de esta rama de la educación fue la de la alfabetización. Sin embargo, dentro de la actual metodología constructivista, se busca facilitar que la persona se convierta en agente de su propio desarrollo, generando una participación constante en ella, hasta obtener el empoderamiento y la autonomía perdidas a través de las generaciones.

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