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La evaluación del quehacer científico

Gerardo Gamba
Hasta aquí hemos revisado la evaluación de los investigadores en lo que concierne a la productividad científica y espero haber convencido al lector de que en general, lo hacemos mal. Nos fijamos en lo cuantitativo y no en lo cualitativo. En esta parte me voy a referir a dos elementos más en la vida de un investigador que son tomados en cuenta con una dimensión muy inferior a la que debería: la graduación de alumnos de doctorado y a la consecución de fondos para investigación. Además, hablaré sobre tres que son deseables, pero que no constituyen la parte medular del trabajo de un investigador: la docencia, difusión y divulgación. Estos últimos son los que deberían de sumar si se tienen, pero no afectar si no se hacen.
Alumnos de doctorado. Graduar a un alumno de doctorado representa muchas horas de trabajo y enseñanza. Significa haber producido a un nuevo científico. El doctorado es un proceso de enseñanza tutorial en el que la interacción entre alumno y maestro no solo enseña, sino que moldea a la persona. Es transformar a alguien acostumbrado a creer lo que le dicen, en un escéptico de tiempo completo. Es incidir en la mentalidad y en la forma de razonar de una persona. La obtención del grado por parte del alumno es la culminación de cuatro a cinco años de trabajo. Sin embargo, en los sistemas de evaluación se aprecia como parte de un “check list”, como decir “ya cumplió con eso”. No graduar doctores te impide subir en los niveles de investigador o hasta puedes ser eliminado del sistema, pero una vez que lo cumples, cada alumno que gradúas no tiene ningún valor más allá del “ya cumplió”. En los sistemas que dan puntaje, le otorgan menos que a un artículo en una revista con FI de 3.5, cosa que un buen investigador puede hacer en menos de seis meses.
La consecución de fondos. Obtener fondos para investigación es la faceta más laboriosa y difícil en la vida de un investigador. Me refiero a los fondos que son resultado de competencia, como los proyectos de Conacyt, de Papiit en la UNAM, la Fundación Gonzalo Río Arronte o de agencias internacionales como el National Institute of Health, Howard Hughes Medical Institute, Newton foundation, Wellcome Trust, etc. Los fondos de la industria son diferentes, porque hay un interés por parte de la farmacéutica en financiar el proyecto. No digo que el receptor no invierta tiempo, pero no es competitivo, ni es la idea original del investigador. El reto a vencer es más de índole burocrática (Cofepris).
Obtener fondos para investigación es una actividad que es poco valorada por los sistemas de evaluación, cuando debería de ser altamente reconocida. Lograr un fondo significa que el investigador ha invertido mucho tiempo en reflexionar, estudiar, pensar y planear hacia dónde va su línea de investigación. ¿Cuáles son las preguntas importantes a contestar? ¿Cuál es la estrategia más apropiada? ¿Por qué una metodología en vez de otra? ¿Qué hacer si el plan A no funciona; cuál es el plan B o C? Todo esto lo ha propuesto en un documento que suele ser mucho más complejo y difícil de hacer que un artículo original. No es lo mismo convencer a un editor de que tienes un resultado interesante (artículo original), que a un grupo de expertos que te autoricen dinero para hacer lo que planeas (proyecto). Obtener el fondo significa que los pares nacionales o internacionales lo han calificado tan bien, que alcanza el percentil necesario en niveles de competencia que suelen ser muy intensos. Al conseguir el financiamiento, lo que el investigador ha hecho es asegurar la continuidad de sus proyectos y, por lo tanto, la futura generación de conocimiento, publicación de artículos, graduación de alumnos, etc. Yo pienso que un donativo obtenido debería de tener un valor cuando menos similar a un artículo publicado en una revista del más alto nivel. Pero no es así.
La docencia, difusión y la divulgación. La docencia se refiere a la impartición de clases, de preferencia en pregrado. La difusión, a la presentación de trabajos en congresos científicos o la publicación de artículos de revisión dirigidos a los pares y la divulgación a la presentación para la población general de datos científicos de una forma simple y entendible, ya sea como publicación escrita (periódicos, revistas, libros) o bien, la participación en medios como la televisión, la radio o plataformas electrónicas como YouTube. Estas tres son las que deberían de tomarse como deseables y otorgar reconocimiento a quien lo haga, pero no como algo obligatorio y menos, con el mismo valor que las publicaciones científicas. No todos los investigadores pueden, ni deben, dar clases. No es lo mismo ser investigador en una facultad, que en un instituto universitario o en una institución hospitalaria o de otro tipo. La docencia es una vocación y debe hacerse cuando se tiene gusto y facilidad. Es deseable que los investigadores lo hagan, pero no debería ser punitivo no hacerlo. De hecho, en algunos casos, es mejor que no den clases, porque serían muy malos profesores. Lo mismo ocurre con la divulgación: no todos tienen acceso a la publicación de escritos en periódicos o revistas, ni a la aparición en medios y menos, cuando son muy jóvenes y aún desconocidos.
En tiempos recientes sistemas de evaluación como el Sistema Nacional de Investigadores le ha otorgado un valor a la docencia, la difusión y la divulgación similar a la generación de conocimiento, cuando esta última es la principal y más importante actividad de un investigador. En el año reciente, investigadores jóvenes no pudieron ingresar al sistema, mientras que investigadores consolidados, fueron expulsados por no cumplir con docencia, difusión y divulgación durante el período de evaluación, a pesar de tener a cabalidad los elementos primarios en el trabajo de un investigador que son la publicación de artículos originales y la graduación de alumnos de posgrado (esta última para los consolidados). La docencia, difusión y divulgación son deseables, pero no es la función primaria de los investigadores. Estoy seguro que debe haber investigadores muy exitosos y hasta Premios Nobel que nunca las hicieron.

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