Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
Los Simpson aparecieron por vez primera el 19 de abril de 1987 en El show de Tracey Ullman bajo el formato de cortos animados. El programa transmitido por la cadena estadounidense Fox se caracterizó por escenas satíricas, números musicales e interpretaciones de diversos personajes hechas por la comediante británica.
La aparición de los personajes amarillos duraba dos minutos aproximadamente, los dibujos eran rudimentarios y tenían trazos irregulares; su distintivo era el humor negro, la ironía, el sarcasmo y la crítica. Gracias a este enfoque disruptivo fueron ganando terreno como un encuadre atrevido de la familia tradicional y de la sociedad estadounidense.
Gracias a su enfoque, el segmento de Matt Groening se convirtió en una serie independiente con episodios de media hora que se estrenó oficialmente el 17 de diciembre de 1989. Los grandes temas de esta serie son parte de la vida cotidiana:
educación, ecología, tradiciones, política y, por supuesto, la religión. En cada uno se hace parodia de la sociedad, un gran circo donde todo pasa por la lente del humor negro.
El anquilosamiento de las caricaturas norteamericanas a finales de los años ochenta se debió, entre otras cosas, a la prevalencia de personajes de acción, la repetición de historias y secuencias de imágenes, moralejas forzadas para cumplir con normas educativas (como las de He Man) o guiones repetitivos. Esa decadencia fue aprovechada por Matt Groening, que paradójicamente se valió de personajes decadentes para irrumpir exitosamente en ese mercado.
Tomando en consideración las reflexiones de Nietzsche en Así habló Zaratustra, el despunte de Los Simpson se debió, entre otras cosas, por su carácter disruptivo y por atreverse a desacralizar las nociones tradicionales sobre la familia y la sociedad en un mercado poco creativo. Groening fue capaz de transmutar los valores de la comedia televisiva estadounidense recreando infinidad de situaciones cotidianas de los habitantes del pueblo.
Para analizar cómo se encuadra a Dios y a la religión en el episodio “Homero hereje”, profundizo en el carácter disruptivo de la serie para cuestionar a través de la sátira o el humor negro las visiones religiosas tradicionales y resaltar cómo el equipo de producción presentó a una deidad amable, simpática, bromista y empática que acepta literalmente que la iglesia obedece a patrones burocráticos.
Su interlocutor, Homero, no es precisamente un modelo de virtudes y encarna múltiples defectos que son superados por su autenticidad. En su conjunto, la transmutación de los valores, y el concepto del superhombre y su voluntad de poder dan cuenta de cómo una nueva apuesta televisiva logró construir narrativas distintas en un marco donde se promueve el libre pensamiento.
La transmutación de los valores ayuda a comprender cómo la imagen de Dios, representada con la aparición de un ser muy alejado de los patrones instituidos por el Viejo Testamento, se identifica con el super hombre nietzscheano recreado en las actitudes de Homero cuando decide alejarse del rebaño religioso. Los nuevos valores de la serie expresados de manera cruda, oscura y caótica no solamente se enfocaron en la disfuncionalidad de la familia.
Nietzsche escribió: “Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros”. La serie, como una estrella danzarina caótica que propuso un formato lleno de narrativas distintas llega actualmente a más de 180 países y ha sido traducida (o doblada) a más de 45 idiomas. Su llegada al catálogo global de Disney Plus la hace ser una de las más maratoneadas del planeta.
Mi análisis también tomó en consideración los tintes dionisiacos de esta serie que recrea tragicómicamente numerosos aspectos de la condición humana a través de personajes deformes que asumen sus propios valores reafirmando los papeles de la alteridad y de la diferencia. La serie no tiene oposición entre el bien y el mal; el tratamiento de la moral puede ser a primera vista caótico, pero los personajes son revestidos de autenticidad para trascenderla.
Esta transmutación de los valores no está destruyendo la moral tradicional cristiana, sino que la está abordando de maneras que no se habían hecho abiertamente. Los Simpson irrumpieron no para destruir, burlarse o cuestionar intelectualmente sus devenires, más bien trajeron consigo visiones distintas influidas por el postmodernismo. Esta serie rompió esa barrera al constituirse como una sátira anti costumbrista capaz de identificar patrones o costumbres anquilosadas en materia religiosa.










