La urgencia de fomentar los estudios sociodigitales

La urgencia de fomentar los estudios sociodigitales

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

Ante la prevalencia de los algoritmos y las inteligencias artificiales es urgente analizar qué significa ser y estar en una era donde casi todas las manifestaciones humanas han sido digitalizadas. Esto implica desentrañar con rigor y métodos novedosos las transformaciones derivadas de ese dominio tecnológico que ha redefinido ontológicamente nuestros comportamientos, aspiraciones, deseos o modos de entretenernos.

También es pertinente caracterizar metodológicamente que en su arrojamiento al mundo digital la subjetividad de millones de personas fue absorbida por la tecnología y la dependencia hacia los dispositivos móviles es cada vez mayor. Los métodos o las técnicas para estudiar este fenómeno deben de partir de la premisa de que no vivimos en una sociedad digital, sino en una que ha sido digitalizada por las big tech.

Lamentablemente el colonialismo digital ha sido asimilado de manera generalizada y es parte de la vida cotidiana; de este modo, pensar, cuestionar, analizar, debatir o retroalimentar este tema es difícil dado a que los abordajes son incipientes. Es urgente fomentar proyectos de investigación disruptivos que den una mirada profunda a los comportamientos humanos en el consumo de internet.

Esto implica delimitar nuevos objetos de estudio que problematicen cómo las grandes corporaciones tecnológicas captan nuestra atención, fomentan un sentido distorsionado del entretenimiento, controlan la información y se aprovechan comercialmente de las identidades; esos entramados son una amenaza para la democracia y el libre pensamiento, porque fortalecen un predeterminismo que motiva que no haya nada más allá de estas plataformas.

Ese aparente progreso traído por la internet fue instituido bajo la bandera de satisfacer los deseos y las necesidades individuales y colectivas en todos los ámbitos; esto impactó en el mundo académico con la imposición de modos de abordar metodológicamente cierto tipo de temas. Es urgente promover metodologías decoloniales que profundicen en los efectos de estos nuevos modos de ser y estar ante la tecnología.

Este colonialismo digital no nació de la noche a la mañana con la llegada de Facebook, TikTok, Instagram, Spotify o las Inteligencias artificiales, es el resultado de una evolución de más de tres décadas; las ciencias sociales y humanísticas aún no responden con profundidad cómo los sentimientos, las emociones y las sensaciones son mercancías que producen fetichismo, dependencia emocional y desapego de las relaciones interpersonales.

Estos estudios deben trazar cómo las mentalidades fueron sustraídas para hacer valer lo que el filósofo sur coreano Byung-Chul Han acuñó como psicopolítica. Para Han, «la psicopolítica es la forma de gobierno del régimen neoliberal, que se sirve de una técnica de poder inteligente». El tecnocapitalismo ya no necesita disciplinar al cuerpo por la fuerza, ahora controla las mentalidades a través de la manipulación de los deseos y las motivaciones.

El antropólogo francés Marc Augé se anticipó a estas manifestaciones y sostuvo que en un mundo hiperconectado visto por él como un «no lugar», es un sitio de tránsito que da una especie de pertenencia efímera. Actualmente, el «no lugar» tecnológico (las redes sociodigitales o los teléfonos inteligentes) no solo solo herramientas, son espacios que deslocaliza nuestras identidades y relaciones humanas a través de la mediación algorítmica.

Es urgente impulsar estudios sobre el extractivismo de datos, puesto es que por esa vía como se impone el orden social y económico sin necesidad de usar la violencia física. El filósofo francés Eric Sadin, uno de los principales estudiosos de este tema, acuñó el concepto de siliconización para explicar este proceso: «Debemos innovar con respuestas y oponernos al ascenso poderoso de los héroes de la Silicon Valley y de la industria digital”.

Es pertinente motivar el análisis en temas como la normalización de la autovigilancia, el consumismo exacerbado, la dependencia hacia los dispositivos móviles, la dependencia hacia las inteligencias artificiales, la adicción a las redes sociodigitales, al streaming o los nuevos sentidos otorgados al uso del tiempo libre, que son síntomas de la decadencia ontológica y cognitiva que distinguen a esta década.

Otro punto de partida metodológico es considerar que las relaciones sociales que se originan en la internet dan lugar a nuevas manifestaciones culturales; esto implica estudiar los nuevos modos de ser, de comportarse y de relacionarse en comunidades virtuales. Las investigaciones deben orientarse a analizar que la vida social en el ciberespacio tiene un trasfondo sistémico que instituye cómo debe ser el ciudadano digitalizado.

Las estrategias deben centrarse en cuestionar como la identidad y la sociabilidad online trajeron consigo la redefinición de lo que significa ser humano, ya que hay nuevas reglas de comportamiento, conflictos o transformaciones en el lenguaje. Para ello hay que impulsar estudios cualitativos y etnográficos que se valgan de técnicas novedosas para profundizar en dichos temas.

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