Letras Desnudas
Mario Caballero
Hace unos días, se conmemoró el 105 aniversario del natalicio de Juan Sabines Gutiérrez, un hombre cuyo legado después de 38 años de su fallecimiento sigue inspirando a los chiapanecos y a las nuevas generaciones de políticos.
Y es que hablar de don Juan Sabines en estos tiempos de escasez humana es hablar del humanismo político, de la sensibilidad que lo caracterizó durante toda su vida. Y es que eso también es parte inherente de la política, es decir, el amor a la sociedad, a los semejantes, el servirle a los demás en vez de servirse a costa de los demás. Por eso se le recuerda con mucho cariño.
Me gustaría aprovechar la ocasión para reflexionar sobre su vida y su labor pública con el fin de compararlo con lo que fue su supuesto hijo para los chiapanecos, el también exgobernador Juan Sabines Guerrero, quien hizo hasta lo impensable para pisotear el nombre y el legado de don Juan Sabines.
COMENCEMOS
Juan Sabines Gutiérrez fue un hombre con una profunda vocación de servicio, que vio los cargos públicos como una oportunidad de servirle a su pueblo y de contribuir al desarrollo del estado. Ahí la razón por la que emprendiera cientos de acciones a favor del bienestar de los ciudadanos, como defender y proteger sus derechos humanos.
Fue así que a principios de los ochenta firmó un acuerdo con el entonces gobernador de Oaxaca, Pedro Vázquez Colmenares, en el que se determinaron límites territoriales entre Chiapas y Oaxaca, y a través de este pacto puso fin a los muchos años de enfrentamientos violentos entre comunidades zoques chimalapas y los colonos chiapanecos residentes en la zona nuevamente en disputa.
Sin temor a equivocarme, y muchos estarán de acuerdo, de estar vivo don Juan seguramente hubiera encabezado las protestas contra el fallo que emitió la Corte hace algunos años que obliga al Gobierno de Chiapas a devolver 160 mil hectáreas al estado de Oaxaca.
Pero, en honor a la verdad, no habría necesidad de eso si su supuesto hijo, el cónsul y exgobernador Juan Sabines Guerrero, no hubiera cometido la arbitrariedad de crear el municipio Belisario Domínguez en dicho territorio.
Lo hizo violando la Constitución y con la complicidad de los entonces legisladores del Congreso del Estado, a los que tenía comiendo de su mano, y desconociendo totalmente el contexto geográfico e histórico de Los Chimalapas.
Invadió tierras de las comunidades San Miguel y Santa María Chimalapa, de Oaxaca, y esto provocó que resurgiera el conflicto, los enfrentamientos que le han constado la vida de muchas personas de ambos estados, y que el Gobierno de Oaxaca presentara una controversia constitucional ante la Corte para resolver los conflictos limítrofes. Y el resultado de ello fue el fallo arriba mencionado.
Por si fuera poco, Sabines Guerrero calla como momia, porque en el fondo sabe que es culpable de que Chiapas haya perdido esas tierras.
OTRAS CULPAS
Sépase que somos el único estado del país con los índices de analfabetismo más altos, de pobreza más altos, ¿y dónde están aquellos actores políticos que cuando tuvieron el poder se rasgaron las vestiduras y proclamaron triunfos que nunca existieron?
Al decir “actores políticos” me refiero precisamente a Juan Sabines Guerrero y a su caterva de cómplices, que también fueron responsables de que Chiapas y los chiapanecos presenten esos altos índices de pobreza, analfabetismo y desigualdad social.
Según cifras oficiales y de organizaciones no gubernamentales, el sabinato (como se le conoce al terrible sexenio de Sabines Guerrero) es culpable de que en el estado se elevaran las tasas de deserción escolar, de que cerca de 400 mil chiapanecos pasaran a la pobreza en esos seis años, de que la hambruna creciera en las comunidades rurales e indígenas y de las múltiples deficiencias en los servicios públicos. Como en el sector salud, donde las clínicas y hospitales presentaron carencias en cuanto a equipo médico y medicamentos.
¿Y por qué? Principalmente, por el mal uso y el desvío de los recursos públicos. Corrupción.
Nadie me dejará mentir, pero el sabinato fue un gobierno de fantasías y de ocurrencias. Proclamó salud universal para el estado, la construcción de un aula cada tres horas, el desarrollo del biodiesel, la edificación de cinco Ciudades Rurales Sustentables para abatir la dispersión social, entre otros proyectos.
¿Y qué queda de todo eso? Absolutamente nada. Por el contrario, contrajo préstamos por un monto superior a los 21 mil millones de pesos y dejó una deuda similar con proveedores y constructores del estado. Es más, bursatilizó cinco mil millones de pesos del fondo del Isstech y malversó los recursos del Impuesto sobre Nóminas en construcciones como la Torre Chiapas, que pasó a manos del empresario Ricardo Salinas Pliego.
Recuerdo que durante el proceso electoral de 2006 hubo una lona colgada en la fachada del viejo Cine Alameda con una leyenda entre las imágenes de don Juan Sabines Gutiérrez y la de Sabines Guerrero, que decía “Mi padre sembró la semilla y a mí me toca entregar buenos frutos”. Pero nunca hubo buenos frutos, sino sólo corrupción, abusos de poder e impunidad, y un recrudecimiento de los problemas de Chiapas.
Don Juan Sabines sí fue un verdadero político, un servidor público comprometido con la sociedad, quien durante los tres años de su administración emprendió una inmensa obra de transformación urbana en todos los núcleos principales de Chiapas, lo que valió ser reconocido como “El Ciclón del Sureste”.
El hijo, paradójicamente, tan sólo fue un oportunista que se valió del apellido de su presunto padre para alcanzar la gubernatura y una riqueza incalculable.
CHEQUE EN BLANCO
Los que me siguen en estas páginas desde hace varios años sabrán que no suelo soltar epítetos así nomás, pero Juan Sabines Guerrero fue un gambusino de la política, que se la pasó todo el sexenio (2006-2012) vendiéndonos espejitos, creando falsas realidades, falsos logros y autoproclamándose como un hombre con gran sensibilidad humana y sencillez.
Lo triste, y para vergüenza suya lo digo, es que creyó sus propias mentiras. Por eso, desde hace años ha estado intentado regresar al poder en Chiapas.
Hace 19 años, los ciudadanos le entregaron la confianza a Sabines Guerrero creyendo que sería igual o mejor que su padre, pero hizo de esa confianza un cheque en blanco para saquear los recursos del estado y condenar a la pobreza y a la ignorancia a tres generaciones de chiapanecos, que desde 2012 estamos pagando una deuda por más de 40 mil millones de pesos.
Si don Juan Sabines viviera en estos momentos, sin duda se volvería a morir de la vergüenza por lo que su supuesto hijo hizo con su apellido, con su legado y con la riqueza de los chiapanecos.










