Letras Desnudas
Mario Caballero
Hace unos días, en un programa de noticias del canal ocho de la Ciudad de México, el coleto Guillermo Santiago Rodríguez acusó a Alejandro Moreno Cárdenas de que “es un impresentable y es el dirigente del partido del PRI en esencia, representa lo que son, corruptos”.
Y hasta aseguró que es importante que se investigue el uso de los recursos en el PRI de Campeche durante la gestión de “Alito” Moreno como gobernador y como presidente del PRI, ya que según él hay evidencias de que el partido tricolor utilizó recursos públicos de ese estado en actividades proselitistas.
Pregunto: ¿quién es Guillermo Santiago para hablar corrupción y señalar a otros?
Claro, se puede alegar que está actuando a favor de los intereses de Morena ya que es diputado federal y representante del partido ante el Instituto Nacional Electoral (INE). Pero no me refiero a eso, sino a quién es él en cuanto a tener autoridad moral para endosar responsabilidades y tachar de corrupto a Alejandro Moreno o a cualquier otro personaje de la política.
Además, el proyecto que él mismo presentó por presunto desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito en contra de Moreno Cárdenas fue rechazado de manera unánime por los consejeros del INE, quienes argumentaron que el proyecto no tenía pruebas sino sólo señalamientos que “Memo” Santiago obtuvo a través de diversas publicaciones en la prensa.
Qué patético. Quiso emprender una persecución política contra el líder priista para quedar bien con sus jefes, pero ni siquiera tuvo la capacidad de armar un proyecto con investigaciones propias y datos contundentes.
LENGUARAZ OPORTUNISTA
Aunque no debería sorprendernos la actuación de Guillermo Santiago. Así ha sido siempre, un vil oportunista que busca mediante el escándalo y la grilla barata sus cinco minutos de fama.
Durante su periodo como estudiante universitario ganó cierta notoriedad por ser un porro. Con arengas enjundiosas y acaloradas, llamaba a la revuelta, lideraba grupos de choque para oponerse a las autoridades universitarias y defender causas que sólo tenían el objetivo de inflarle los bolsillos. Pues a su corta edad descubrió que andar en la grilla lo ayudaría a salir de pobre.
Y así fue como llegó a Morena, partido del cual fue diputado federal plurinominal en 2015 por un mero golpe de suerte. Si se le conoce como “Memo Tómbolas” es porque ganó dicha diputación por medio de una rifa.
¿Y qué hizo en ese puesto? A parte de no presentar una sola iniciativa de ley o propuesta ante la Cámara de Diputados, más griterío.
Fue entonces que salió por todo Chiapas bajo la gira “la gran robadera”, con la que supuestamente iba a exhibir la corrupción del gobierno de Manuel Velasco Coello, pero no exhibió nada, no mostró ninguna prueba de la supuesta corrupción, sino sólo se dedicó a turistear, como si estuviera en un día de campo.
Hoy, en su nuevo periodo como diputado federal vuelve a hacer lo mismo: acusar de corrupto a un líder político pero sin presentar evidencias. Eso, en buen castellano, se llama difamación.
VISTO EN EL ESPEJO
No se malinterprete. Con esto no estoy defendiendo ni meto las manos al fuego por Alejandro Moreno, pero sí busco señalar la incongruencia y la falta de autoridad moral de Memo Santiago, quien tras una década de vivir (y bien) de la política ya debería haber aprendido que para tener la lengua larga hay que tener la cola corta.
Es más, frente a los señalamientos de corrupción que tanto reitera contra el priista, debería mirarse a sí mismo al espejo.
Para empezar, es diputado federal por Tuxtla Gutiérrez cuando es de San Cristóbal de las Casas, donde es considerado como un nuevo millonario.
¿Acaso no es inmoral asumir un cargo legislativo por una demarcación de la cual él no es originario y que tampoco conoce, y sólo para seguir viviendo del presupuesto público? Claro, es inmoral y corrupto.
Segundo, ¿no es corrupción cobrar un sueldo por un puesto del que no entregó buenos resultados durante casi seis años? Obvio, sí.
Guillermo Santiago fue director general del Instituto Mexicano de la Juventud en la administración de Andrés Manuel López Obrador, pero su desempeño fue negligente e incompetente. Tan sólo en el año 2022 el número de jóvenes que atendió fue de 226, según datos del Coneval.
Si comparamos esa cifra con los casi 38 millones de jóvenes que hay en el país, de acurdo con el censo de 2020 del Inegi, Memo Tómbolas atendió al 0.00058 por ciento del total. De lo cual se deduce que fue irresponsable en la promoción y defensa de los derechos de las juventudes de México.
A todo esto, ¿qué hizo con los 115.3 millones de pesos que el Imjuve obtuvo de presupuesto para el ejercicio 2022? ¿A dónde fueron a parar?
Porque con sólo 226 muchachos atendidos es claro que ese multimillonario recurso no se utilizó para responder a la demanda de la población juvenil del país en materia educativa, asesoría psicológica, laboral, prevención de adicciones, asesoría jurídica y difusión de actividades culturales, lo cual es misión de mencionada dependencia.
Aparte, ¿no es corrupción usar los recursos públicos en frivolidades y en caprichos personales?
Fuentes a este columnista refieren que Memo se realizó cirugías estéticas con cargo al erario público, entre estas, varias liposucciones.
También afirman que utilizó recursos en viajes de placer, fiestas, borracheras y noches de antro con sus amigos y amigas. De esto último, hay decenas de videos en las redes sociales donde se le ve en clubes nocturnos y discotecas con show de gogos, es decir, bailarines exóticos.
En poder de este autor hay un video en el que Memo Santiago fue grabado practicando paracaidismo en un día laboral, un día en el que debió estar desquitando su sueldo en el Imjuve y ocupándose de resolver las principales necesidades de los jóvenes mexicanos. Esto también es corrupción.
Como también lo es haber abusado de su autoridad para beneficiar a sus amistades con cargos bien remunerados, quienes durante casi los seis años que estuvo al frente de la institución se dieron una vida de lujos y libertinaje.
Es el caso de su amigo íntimo Fidel Kalax Ruiz Burguete, quien fungió como subdirector de Espacios Interactivos y Encargado del Despacho de la Dirección de Bienestar y Estímulos de la Juventud del Imjuve. Por si fuera poco, esta persona usó varias veces el helicóptero de las Fuerzas Armadas para paseos personales que presumió en las redes sociales.
No es todo. Hay denuncias de que desvió decenas de millones de pesos de los fondos de las becas del Instituto para financiar las actividades criminales del grupo conocido como Los Motonetos, que opera en San Cristóbal de las Casas y que está acusado de robos, extorsiones, secuestros y homicidios en la localidad.
De acuerdo con esas denuncias, destinó la mayoría de las becas a supuestos beneficiarios que habitan en diversas colonias ubicadas en la zona norte de San Cristóbal, donde según se encuentra la guarida de señalada banda delincuencial.
EN RESUMEN
Por lo anteriormente dicho no hay forma de desmentir que Guillermo Santiago Rodríguez sigue siendo el mismo charlatán de siempre. Pero no es el mismo locuaz de hace diez años, sino uno con muchas cuentas pendientes que lo incriminan en presuntos actos de corrupción, nepotismo y delincuencia organizada.










