Letras Desnudas
Mario Caballero
“No haremos nada sin el respaldo del pueblo. Cuando el gobierno actúa solo, las obras no sirven. A partir de ahora, todo será con el pueblo. El dinero va a rendir más porque no hay moches, porque no hay arreglos para que alguna persona o empresario gane más. El único que debe ganar es el pueblo”, expresó Eduardo Ramírez al encabezar la Asamblea del Pueblo de Chalchihuitán.
Las palabras del gobernador delatan empatía. Y por el tono de su voz era claro que lo inundaban las emociones. Lo cual no debería extrañarnos, ya que siempre ha sido así: un político con sensibilidad y humanismo. Tal como lo fueron grandes gobernantes como Churchill o Juárez, personajes que no sólo comprendieron la dura realidad que vivían sus gobernados, sino que buscaron el bien común incluso por encima de ellos mismos.
Churchill, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial no sólo demostró resistencia hacia la invasión alemana, sino también un liderazgo inspirador que logró unir a la nación británica, llevando al Reino Unido hacia la victoria, convirtiéndose él en un símbolo de poder y determinación frente a la tiranía. En uno de los momentos más difíciles de la guerra, cuando el pueblo fue duramente bombardeado, dijo: “No tengo anda que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.
De acuerdo con la historia, la participación de Churchill fue precisa para ponerle fin a la guerra.
De Juárez se pueden decir muchas cosas. Es una de las figuras más importantes de la historia, homenajeado por sus esfuerzos para resistir la intervención extranjera en México, que desempeñó un papel clave en el establecimiento de un gobierno constitucional, que ayudó a estabilizar el país y encaminarlo hacia la democracia.
También se le recuerda por ser un firme partidario de los derechos civiles, por inspirar la reforma que redujo el poder de la Iglesia Católica y el Ejército; asimismo, por priorizar los derechos, la vida y las oportunidades para los ciudadanos comunes, sobre todo para los trabajadores del campo.
El gobernador Eduardo Ramírez actúa como esos grandes líderes. En alguna ocasión me dijo que se consideraba juarista porque su carrera política estaba basada e inspirada en el legado de Juárez. Si revisamos su trayectoria, veremos que ha obtenido muchos logros en el ámbito legislativo, político, judicial, académico, pero destacan sus acciones en favor de los más desprotegidos. Como los niños, las mujeres, los campesinos, los migrantes, las personas con discapacidad y los indígenas.
COMPROMISO CON LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Con esa misma convicción, el gobernador está realizando una revolución de las conciencias que ha sacudido los cimientos de nuestra política. Lo que vimos hace un par de días en Chalchihuitán, y en Amatenango del Valle, lo demuestra.
Como nunca antes, en el actual gobierno hay un verdadero interés por el bienestar de los pueblos originarios.
En otras épocas, la comunidad indígena sólo fue carnada de gobiernos sin visión, sin compromiso ni agenda. Prometieron todo y no cumplieron nada. Su indiferencia y falta de responsabilidad fueron los causantes de que en los municipios con población originaria creciera la pobreza, la marginación y se recrudecieran los problemas en sectores como en el de la educación y la salud.
Da pena decirlo, pero hay escuelas sin maestros y lugares en los que las personas tienen que recorrer hasta 40 kilómetros para encontrar servicio médico y, para mayor inri, cuando llegan se topan con que los médicos son pasantes de medicina. Por lo cual, es impensable que cuenten con atención médica especializada.
Según la CONAPO, Chiapas tiene el más alto nivel de analfabetismo funcional del país, con 24 por ciento. La población mayor de 15 años que no sabe leer ni escribir ronda el 17.8%, siendo 14 hombres por cada 22 mujeres.
Por otra parte, los hijos de padres analfabetas enfrentan limitaciones de aprendizaje, nutrición, higiene y salud, así como alta vulnerabilidad socioeconómica, lo que da como resultado una baja productividad y empleabilidad.
Hoy, se han dado pasos gigantes por dignificar a la población indígena de Chiapas, reconocer sus derechos a la salud, educación, vivienda y empleo.
Como botón de muestra, en Chalchihuitán los habitantes pudieron decidir a mano alzada en la Asamblea del Pueblo la construcción de cuatro kilómetros de caminos y obras de agua potable. Sí, en un hecho histórico tuvieron el poder de elegir de forma democrática las obras que más necesitan.
En Amatenango, la población decidió de manera libre y directa la construcción de una Unidad de Servicios Básicos de Salud, lo cual contribuirá a mejorar el acceso a servicios médicos y evitar el traslado a otros municipios para su oportuna atención.
EMPODERAMIENTO Y BIENESTAR
Esto no se trata de un asunto menor. No es demagogia.
Lo que ha logrado el gobernador Ramírez Aguilar con este ejercicio democrático es empoderar al pueblo para que él mismo elija su bienestar.
Siempre hemos hablado de la democracia como un activo social que nos permite a los ciudadanos vivir en armonía y elegir a nuestros gobernantes, pero casi siempre se limita al ámbito electoral.
Vivir en democracia no es sólo salir a votar cada tres o cada seis años, pues también significa tener acceso a derechos, libertades, a expresar nuestra opinión en las mayores determinaciones del país y a exigir cuentas a los gobernantes. Por desgracia, nuestra participación democrática ha sido limitada en muchos aspectos. Ni hablar de los pueblos indígenas, que presentan un abandono ancestral.
A la sazón, este programa, como lo ha mencionado el secretario del Humanismo, Paco Chacón, “busca construir consensos mediante el diálogo y la organización comunitaria, respetando las tradiciones y la sabiduría ancestral”.
En menos palabras, empoderar al pueblo mediante ejercicios democráticos.
Permitirles a los ciudadanos elegir lo que quieren para su comunidad o acordar por medio de referéndum cómo desean utilizar los recursos públicos o en qué obras, es darle voz al pueblo, fortalecer sus capacidades y ayudarlos a superar situaciones de vulnerabilidad.
Es, asimismo, darles los instrumentos para que ellos construyan lo que más les convenga, escojan los medios para el bienestar de sus familias y se abran camino hacia una mejor calidad de vida.
RESPONSABILIDAD
¿Cuándo se había visto algo similar? Nunca. En el pasado, los gobiernos decidían a espaldas de la gente. Ejecutaban las obras de infraestructura a su propia conveniencia y no en aras de hacer justicia social.
Gracias a las Asambleas del Pueblo no será más así. Los pueblos originarios tendrán un gobierno que les hable de frente y los respalde en su elección, si es un camino, sistemas de agua potable, vivienda, entre otras acciones enfocadas al desarrollo comunitario. Tal como lo anunció el mismo mandatario.
En fin, la grandeza de un gobernante no se mide por su popularidad, sino por el nivel de bienestar de los ciudadanos obtenido durante su desempeño.
Los beneficios logrados en este tiempo para los pueblos originarios son reflejo de la responsabilidad del que ahora gobierna Chiapas, del que con sensibilidad, humanismo y espíritu democrático se está haciendo cargo de dignificar la vida de nuestros hermanos indígenas. Eduardo Ramírez se comprometió y está cumpliendo su palabra.
Ya lo dijo Churchill: “El precio de la grandeza es la responsabilidad”.










