Letras Desnudas
Mario Caballero
Siempre se ha pensado que el bienestar de una sociedad empieza con la voluntad política del gobernante. Sin ésta difícilmente se harán las acciones, se implementarán nuevas estrategias, programas y ejecutarán proyectos que desemboquen en un cambio real en la calidad de vida de las personas.
Con ésta, por el contrario, se dan pasos fundamentales en la consecución de metas que tienen como objetivo mejorar la convivencia, reestablecer el Estado de derecho, recuperar el tejido social, impulsar la economía, promover la protección de los derechos humanos, generar mayores oportunidades de desarrollo, brindar gobernabilidad, etcétera.
En estos ocho meses, por ejemplo, en Chiapas se han conseguido resultados importantes en materia de seguridad, educación, salud y política social, y gracias a que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar asumió el poder con la voluntad política de transformar la vida pública, hacer justicia social y sacar al estado de la pobreza y el analfabetismo, acabar con la inseguridad y mejorar los servicios que presta el gobierno.
RECONOCIMIENTO AL ZAPATISMO
He dicho esto para abordar dos cosas que tienen mucho que ver con la voluntad política y que destacaron en la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, celebrado en el municipio de San Andrés Larraínzar, donde Ramírez Aguilar dijo lo siguiente:
“Pero luego vino a Chiapas un movimiento que marcó nuestra vida para todo México y para todo el mundo. Ese movimiento fue el movimiento zapatista. Chiapas es un antes y un después de ese movimiento, les guste o no les guste, así es. El zapatismo visibilizó la pobreza.
“No es una frase mía ‘¿Por qué nos olvidó la patria?’. Fue un mensaje que dieron en ese momento y que a mí me llena de emoción y se me llenan los ojos de lágrimas cuando leo ¿por qué nos olvidó la patria? ¿Por qué nos dejaron ahí tantos años? ¿Por qué nos dejaron con nuestros muertos? ¿Por qué nos dejaron ahí con nuestras mujeres enfermas? ¿Por qué se olvidó la patria de ésta que es nuestra patria?
“Y eso es lo que nosotros profesamos en este gobierno. Por eso estoy aquí, como un reconocimiento a esa lucha”.
Reconocer el movimiento zapatista, en la persona del gobernador chiapaneco, es un acto de congruencia, de orgullo, de sentido de identidad, que implica validar el esfuerzo, la dedicación y la inversión emocional.
Pues no olvidemos que ante el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, un muy joven Eduardo Ramírez, con 16 años de edad, dio sus primeros pasos en la política.
Participó en el movimiento Jóvenes por la Paz que fue creado con el propósito de presentar una respuesta a los acontecimientos que sacudieron al estado en 1994, ya que desde entonces él tiene la profunda convicción de que la juventud nunca será un obstáculo, sino es una oportunidad irrepetible para lograr grandes cosas en favor de la sociedad.
Por lo mismo, conoce la lucha zapatista desde las entrañas. Sabe sobre las razones que la impulsaron, la historia que hay detrás del movimiento y la deuda pendiente con los pueblos indígenas que la llevaron a cabo.
Que haya decidido realizar dicho evento en San Andrés Larraínzar no fue casualidad. Ese municipio tiene mucho significado para el zapatismo. Ahí se firmaron los Acuerdos de San Andrés, el 16 de febrero de 1996, entre el Estado mexicano y el EZLN, en los que el gobierno se comprometió a reconocer los derechos de los pueblos indígenas de Chiapas y de México, lo cual incluía también reconocer su autonomía, sus usos y costumbres y la participación en la toma de decisiones.
Por desgracia, esos acuerdos sólo quedaron impresos en el papel. En los hechos representan una deuda histórica con el movimiento zapatista, con los pueblos originarios y con el mismo estado de Chiapas.
LA DEUDA
Si revisamos la historia todos esos acuerdos tomados hace casi 30 años quedaron reducidos a la implementación de programas de carácter meramente asistencialistas. El gobierno, o mejor dicho, los gobiernos tanto federales y estatales ocurridos desde entonces hasta el pasado reciente, pensaron que con eso cumplían con lo pactado. Una majadería.
Esos programas, que ni siquiera acciones, en nada ayudaron a hacerle justicia a los pueblos indígenas y menos todavía a promover su desarrollo. Y hay datos que los corroboran.
Por una parte, se conoce que cientos de familias de municipios como Ocosingo, Yajalón y Simojovel, reconocidas por su alta producción de café y ganadería, emigraron a otros estados del país, incluso a Estados Unidos, en busca de mayores oportunidades.
¿Y por qué? Porque al ser incumplidos los acuerdos se permitió que los caciques y diversas organizaciones tomaran el control de esas regiones productivas, que no se limitaron a acaparar la productividad, los empleos y los ingresos de las familias de los trabajadores, sino también han explotado a más no poder el poder político. Prueba de ello son los eternos conflictos agrarios y las salvajes disputas por el poder. Y aquí podemos incluir a los gobiernos y a los funcionarios que se han enriquecido a costa de las necesidades de los pueblos indígenas.
Peor todavía, si escudriñamos los informes oficiales caeremos en la cuenta de que más del 70 por ciento de la población indígena de Chiapas vive en pobreza y pobreza extrema.
Además, del total de personas analfabetas en el estado, más del 40 por ciento vive en hogares indígenas.
En pocas palabras, la deuda es descomunal.
SE GOBIERNA OBEDECIENDO
Por esta razón, se aplaude el reconocimiento del mandatario al movimiento zapatista, ya que junto con ello también se comprometió a luchar por el bienestar de los pueblos originarios.
“Por eso vengo a San Andrés Larraínzar, a ratificar ese compromiso por el cual se llevaron a cabo los diálogos. Primeramente aquí en la cabecera, que debe haber un gobierno que obedezca y no un gobierno que mande. Por eso venimos aquí, como Gobierno de Chiapas, a ofrecerles nuestro respeto, a ofrecerles nuestra voluntad para construir esa paz anhelada por la que tanto hemos luchado”, dijo.
“Un gobierno que obedezca” es una declaración que demuestra compromiso y voluntad para cambiar la realidad de los pueblos indígenas que históricamente han sido relegados del progreso y condenados a la pobreza y la ignorancia.
De este modo, Eduardo Ramírez anunció que se reanudarán los diálogos con los distintos grupos para dar ese salto a la paz social, a la armonía y a la comunión, mismos que se perdieron por disputas políticas estériles y la influencia caciquil. También por la indiferencia gubernamental.
Y dijo que se abordarán temas como la autonomía, el respeto a los derechos de la mujer, a los derechos político electorales y la revitalización lingüística.
Propuso asimismo emprender acciones contundentes y obras para lograr un mejor futuro, más justo y equitativo.
No hay modo de rebuscar que lo anunciado por el gobernador del estado se sostiene en el humanismo que tanto predica y vive en los hechos. Y viendo los encomiables resultados obtenidos por su administración en los pasados meses, ya sea en materia de salud, educación y seguridad, puede considerarse como una promesa para pagar la deuda pendiente, en la cual se vislumbra una Nueva ERA para las comunidades originarias de Chiapas.
Así sea.










