Letras Desnudas

Mario Caballero

La marcha del domingo pasado en Tapachula, organizada para exigir la revocación de mandato del presidente municipal Yamil Melgar Bravo, fue tan significativa como sentarse una mañana cualquiera a ver crecer el pasto. Y fue tanta la bravura de esa multitud de 28 personas, que hasta los organizadores se espantaron, ya que ninguno de ellos hizo acto de presencia.

Hablando en serio, la marcha fue poco más que ridícula. No lo digo solamente por el puñado de gente que acudió, cuyo único efecto de su protesta digno de reconocérseles fue el valor que tuvieron al arriesgarse a sufrir un golpe de calor.

También lo digo por lo absurdo de la causa y la hilarante demostración de poder de los políticos que estuvieron detrás de la misma, quienes quisieron mostrar músculo pero se exhibieron a sí mismos como patéticos agitadores. Es más, es sumamente reprobable que por las simples ganas de saciar su ambición hayan utilizado a las personas como carne de cañón.

ACOMODEMOS LAS COSAS

Pongamos las cosas en orden.

En primer lugar, dicha movilización no tuvo pies ni cabeza. Y por dos razones que no escapan al sentido común.

Una, los que marcharon para exigir la revocación del alcalde Melgar Bravo gastaron la suela de sus zapatos y pasaron sol inútilmente. Puesto que dicha solicitud no procede.

La figura de revocación de mandato en nuestro país aplica únicamente a la persona titular del Ejecutivo federal, es decir, al presidente de la República. El fundamento se encuentra en el artículo 81 de la Constitución, que faculta a la ciudadanía de la posibilidad de decidir si el presidente electo popularmente debe concluir su mandato de manera anticipada por pérdida de confianza.

Por tanto, el cargo de presidente municipal no entra en esta determinación legal.

Dos, para dicha exigencia alegaron que el puesto de Yamil Melgar se trata de una imposición y que su gestión al frente del municipio es deficiente. Una de dos: o juegan a hacerse los tontos o hablan nomás por hablar.

De entrada, no pueden aducir que Melgar Bravo llegó por imposición cuando los resultados de la elección indican que ganó la presidencia municipal con cerca del 45 por ciento de la votación total, con una diferencia de más de 22 mil votos sobre su rival más cercano.

Y lo mismo puede decirse de la encuesta interna de Morena, donde él obtuvo el mayor respaldo social para alzarse con la candidatura a la alcaldía tapachulteca.

Por otra parte, suena hasta mezquino calificar de deficiente el gobierno de Yamil.

Ciertamente falta mucho por hacer y resolver en la Perla del Soconusco, ya que si Roma no se hizo en un día también es impensable que los 30 años que Tapachula presenta de rezago se solucionen en siete meses de gobierno.

No obstante, ha sido en la presente administración que el municipio ha logrado importantes avances en materia de seguridad, obra pública, política social y gobernabilidad.

Muestra de ello es que gracias al fortalecimiento de la Policía Municipal y a la colaboración permanente con la estrategia de seguridad del Gobierno del Estado, dejó de ser el municipio con mayor percepción de inseguridad del país. Hoy se encuentra en el octavo lugar, según la más reciente encuesta del Inegi. Un avance en verdad destacable, ya que tiene un efecto directo en la convivencia y calidad de vida de los ciudadanos.

Asimismo, se han inaugurado decenas de calles con pavimento hidráulico, banquetas, drenaje, tomas de agua potable y alumbrado en colonias históricamente abandonadas. Inclusive, durante los últimos meses se han rehabilitado cientos de luminarias en ejidos, barrios y colonias, así como 26 pozos profundos con los que cuenta el Comité de Agua Potable y Alcantarillado de Tapachula, por lo cual se están solventando las necesidades de este servicio básico en toda la ciudad.

Hoy por hoy, 420 colonias han sido beneficiadas con rehabilitación vial, alumbrado, agua potable, drenaje, entre otras acciones.

Dicho esto, ¿dónde está pues la deficiencia del gobierno?

Todo lo contrario, la gestión de Yamil Melgar se está convirtiendo en un proyecto histórico, producto del compromiso, visión y pasión de servicio del mismo alcalde y, por supuesto, de la participación ciudadana, que trabaja de la mano de su gobernante en la construcción de una ciudad más digna, segura y próspera.

AGITADORES

Ahora bien, ¿quiénes orquestaron la marcha? Por decirlo suave, puros cartuchos quemados.

Una de ellas es la exalcaldesa Rosa Irene Urbina Castañeda, actual diputada federal por Morena, quien abandonó el cargo bajo señalamientos de corrupción, enriquecimiento ilícito, desvío de recursos públicos y, para mayor inri, su gestión de casi cinco años terminó con cifras récord en homicidios, asaltos, robos, cobros por derecho de piso y desempleo.

Otro es el diputado local Jesús Domínguez Castellanos, el empresario cervecero que amasó una fortuna y hasta tuvo injerencia en las mayores decisiones del municipio durante el encargo de Urbina Castañeda, quien según distintas investigaciones periodísticas le concedió decenas de contratos de obra pública por adjudicación directa.

Dichos contratos los obtuvo en complicidad con el esposo de Rosy Urbina, y se habla de un desfalco por cientos de millones de pesos por obras que no se realizaron o que quedaron inconclusas.

Fuentes a Letras Desnudas revelan que él les prometió un pago de 500 pesos a las personas que asistieran a la marcha contra el alcalde Yamil Melgar, pero al final sólo les pagó 200.

Uno más es Joaquín del Pino Ruiz, un político frustrado que toda su vida ha anhelado ser presidente municipal de Tapachula, pero que no ha tenido la simpatía, capacidad y arrastre de su señor padre, al que los ciudadanos recuerdan como un buen alcalde.

Para cerrar el cuarteto, Isidro Ovando Medina, quien compitió por la alcaldía en la pasada contienda electoral bajo las siglas del Partido Encuentro Solidario.

Sobre este personaje pesan muchos señalamientos. Como cobrar doble sueldo en la nómina de Tapachula (de cuando fue regidor) y en la Unach, fingiendo ser investigador, aunque sólo se dedicó a firmar documentos presuntamente plagiados. También está denunciado por falsificación de documentos relacionados con mercados públicos y centrales de abasto, en un intento por controlar el poder político y económico de la ciudad, también durante su periodo como regidor.

A ello se suman las acusaciones de corrupción, nepotismo y tráfico de influencias que lo vinculan al exdiputado local, Ismael Brito Mazariegos. Esto sólo por mencionar algo.

A todo esto, hay que aclarar que los cuatro operaron en las elecciones recientes en contra del gobernador Eduardo Ramírez y de la presidenta Claudia Sheinbaum, ya que financiaron y respaldaron políticamente a Adán Augusto López y a los integrantes del llamado Grupo Tabasco.

ASÍ LAS COSAS

Mencionada marcha fue un embuste, organizada por políticos oportunistas que anunciaron una movilización de 10 mil personas y apenas lograron reunir un grupo que bien pudo caber en un cubículo.

Y para su vergüenza, en lugar de desacreditar al gobierno de Yamil Melgar, lo fortalecieron. Mientras ellos se pelean el poder, el alcalde gobierna con alegría, con el respaldo del pueblo y hasta ha anunciado que se están priorizando más de 500 obras, lo que representa una inversión y capacidad de acción histórica.

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