Mario Caballero

La corrupción de la peor alcaldesa de Tapachula

Si alguien se atreviera a publicar un libro sobre la gestión de Rosy Urbina Castañeda, confieso que no me interesaría leerlo. Para mí es una política frívola que pudo haber pasado a la historia como una de las mejores alcaldesas de Tapachula, sobre todo siendo la primera mujer en gobernar dicha localidad, pero por corrupta acabará en el basurero de la historia.

Igual que Emmanuel Nivón González. De hecho, peor, porque el panista no gastó tanta saliva proclamándose como un servidor público honrado y de buenos resultados; Urbina, en cambio, no sólo provino de un movimiento que prometió transformar la vida política del país con buenos y honestos gobernantes, donde ella no fue ni lo uno ni lo otro, sino además le quedaron guango los postulados de su partido de “no mentir, no robar y no traicionar”.

GOBERNANTE MEDIOCRE

El contexto es importante. Antes de que Rosy Urbina asumiera la presidencia municipal de Tapachula como sustituta del finado Óscar Gurría, muy poca gente la conocía. Y tras los pocos meses de desempeñar el cargo, comenzaron a saltar los mediocres resultados de su inexperiencia, los cuales se agravaron durante su periodo como alcaldesa constitucional.

El tema de la seguridad fue su coco. A tal punto que la población, hasta el día de hoy, está a merced de los grupos delincuenciales que operan impunemente en las distintas colonias de la ciudad.

De acuerdo con el más reciente informe de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi, Tapachula es una de las ciudades más inseguras no de Chiapas, sino del país, donde los delitos como el robo a casa habitación, robo a transeúntes y delitos de alto impacto se incrementaron de manera alarmante en los últimos años.

Actualmente, casi nueve de cada 10 habitantes en el municipio se sienten inseguros en la colonia donde viven. Cifra que contrasta notablemente con el promedio nacional, en el que 55.4% de la población tiene la misma percepción de inseguridad en sus lugares de residencia.

Estos números reflejan fielmente el sentir de la ciudadanía. Pedro Pablo Scott Ramos, dirigente del Frente Cívico Popular del Soconusco ha calificado la gestión de Rosy Urbina como un vacío de autoridad. “Es preocupante la ola de inseguridad y violencia que se está viviendo en los últimos días en Tapachula, la población está con miedo ante estos hechos que anteriormente no se veían con frecuencia”, dice.

Por otra parte, José Antonio Chol, integrante de Organizaciones de Izquierda Siempre, acusa que la exalcaldesa Urbina dejó en total desamparo a los habitantes: “En diversas ocasiones hemos solicitado a las autoridades municipales el reforzamiento de la seguridad; sin embargo, esta petición no ha sido atendida, lo que ha propiciado el incremento del índice delictivo”.

Así, a la incompetencia de Rosy Urbina se suma la indiferencia para atender las demandas de la ciudadanía.

Por si fuera poco, la indiferencia de la morenista permitió la penetración de bandas delictivas como Mara Salvatrucha 13 y Mara Salvatrucha 18, que controlan hasta el 70% del narcomenudeo, la trata de personas y otros ilícitos en la ciudad.

No es todo. El programa de alumbrado público Brilla la Perla, resultó un rotundo fracaso. Rosy Urbina lo presentó con una inversión de 125 millones de pesos, que contemplaba sustituir 15 mil luminarias y reinstalar otras seis mil en el área rural baja y alta, pero dichas luminarias quedaron inservibles a los 15 días de ser instaladas, según comentan los pobladores.

Hoy se encuentran en penumbras decenas de colonias, como Santa Clara 1 y 2, San José el Edén, Vida Mejor, Jardines de Chiapas, Santa Bárbara, El Bosque, Bonanza, Benito Juárez, La Antorcha, Colinas del Rey, Solidaridad, Antiguo Aeropuerto, entre otras. Es más, el malecón desde la 17 poniente hasta el parque de la Biblia del río Coatán, así como la 17 oriente, que es la entrada principal de Tapachula, se encuentran a oscuras.

Ni hablar de las carencias en servicios de salud, agua potable, alcantarillado, recolección de basura y el nulo fomento al empleo y a la atracción de nuevas inversiones en el municipio. Lo de Rosy Urbina, cuya aspiración a ser candidata de Morena al Gobierno del Estado se trató de una desfachatez, fue un desgobierno descomunal. No por nada empresas encuestadoras como Consulta Mitofsky la calificaron como una de las alcaldesas peor evaluadas del país.

AMOR AL DINERO

Lo peor es lo evidente y que antes sólo se rumoraba: a Rosy Urbina le encanta el dinero y durante más de tres años estuvo acumulando una riqueza inexplicable desde la presidencia municipal, al peor estilo priista.

Uno de los primeros señalamientos en su contra fue el uso de recursos públicos al promocionar su imagen y nombre en la parte trasera de los recibos de agua potable.

De hecho, también fue acusada de abusos de autoridad contra del Comité de Agua Potable y Alcantarillado de Tapachula (Coapatap), que van desde la falta de transparencia de los más de 20 millones de pesos que recauda esta institución a través del pago de las cuotas de los usuarios hasta el despido injustificado de 34 trabajadores, cuyos puestos fueron ocupados por personas afines a su gobierno y en lugar de ser enviados a puestos operativos fueron colocados en la oficina, con buenos sueldos y con seguridad social.

Tampoco resolvió el tema del arrendamiento de los camiones recolectores de basura. Todo lo contrario, siguió la opacidad y se rumora que los contratos se entregaron por adjudicación directa a personajes allegados a su familia, en un acto de vil nepotismo. Tal como el de su sobrino Luis Javier Guerrero Rubiera, al que nombró director de vialidad municipal y quien a los pocos meses de ostentar el cargo fue demandado por daño moral en contra del maestro en Derecho, Javier Vázquez Moctezuma.

Otra de las acusaciones que enfrenta Rosy Urbina es su enriquecimiento inexplicable. Entró al gobierno con una mano por delante y otra por detrás, pero ahora su familia es de las más acaudaladas del municipio.

Sus hijos, por ejemplo, se pasean por la ciudad en autos de lujo y visten ropa de marca exclusiva.

Pero el caso más sorprendente es el de su esposo Tomás Gerardo Rubiera Espadas, quien pasó de ser un constructor de medio pelo a un potentado empresario con choferes y escoltas. Según corrillos políticos es el encargado de negociar las obras del Ayuntamiento, contratando la mayor parte de ellas entre sus ocho constructoras más las de sus prestanombres.

Su vieja oficina, ubicada en la 19 oriente entre la novena y onceava norte, es ahora su centro de operaciones, donde otros empresarios pasan a dejar los diezmos de las obras.

La riqueza acumulada por Tomás Rubiera ha llegado a ser tan escandalosa, que hasta se le conoce una mansión, llamada “La casa blanca”, en Unión Juárez, amén de terrenos en el fraccionamiento Jardines del Tacaná, departamentos en Cancún, en la Ciudad de México y diversas casas en Tapachula.

¿Y de dónde sacó tanto dinero Rosy Urbina para promocionar su nombre rumbo a la candidatura al Gobierno del Estado, después a la presidencia municipal y, finalmente, para su campaña a la diputación federal? Creo que no hace falta dar la respuesta.

DESESPERACIÓN

Insisto: Urbina pudo haber pasado a la historia como una gran alcaldesa, pero le ganó la corrupción. Por eso no es extraño que durante estos últimos días haya estado buscando desesperadamente imponer una sucesora a modo en la presidencia municipal que le cubra las espaldas.

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