Mario Caballero
Precisiones al segundo informe de Sheinbaum
¿Vio el informe de la presidente Sheinbaum por su segundo año de gobierno? ¿Sí? ¿Qué le pareció? ¿Le gustó? O, mejor dicho, ¿aprueba los datos que presentó como logros de su administración?
En lo personal: lo vi, me gustaron algunos aspectos y poco apruebo los resultados. Aunque, quién soy yo para emitir veredictos: la mejor opinión siempre será la de usted.
ANALICEMOS
Pero, ¿por qué no lo analizamos un poco?
Para empezar, hay que darle un punto a favor de que el informe haya sido corto, de apenas una hora con diez minutos aproximadamente.
Para cualquier ciudadano aventarse un discurso presidencial de más horas resulta un sacrificio de tiempo inútil. Total, los informes presidenciales son siempre la mejor oportunidad que tiene en el año un presidente para el autoengrandecimiento. Más allá de las cifras, va el ego por delante.
Otro punto a favor fue la sobriedad del evento. Nada de lujos y excentricidades. Los invitados fueron pocos, pero con personajes de gran peso político y económico. Los más grandes empresarios del país estuvieron ahí reunidos. También la escenografía fue sencilla y hasta el vestuario de la presidente estuvo encuadrado en los límites de la modestia. Nada mejor que haya sido la misma presidente la que predicara con el ejemplo el mensaje de austeridad.
También me gustó el estilo con que ella dirigió su mensaje. Muy ecuánime y tranquilo. Nada de ademanes teatrales y manotazos al aire. Habló con elegancia, tomándose su tiempo y haciendo énfasis con la voz en los datos que más le interesaban, pero sin gritar. Eso es lo que se llama dominar el escenario, con porte institucional y elocuencia magistral. Otro punto a favor.
LO MALO FUE QUE…
Sin embargo, no dijo nada distinto que no hubiera dicho en alguna de las conferencias de prensa de todos los días. No nos sorprendió con algo nuevo. De hecho, el informe fue un resumen de cada uno de los temas que trató en el año pero con mayor detalle, con la salvedad de que esta vez no fue interrumpida y no tuvo que responder a las preguntas de los reporteros.
Ergo, ¿por qué deberíamos esperar algo diferente si a lo largo de la historia el informe presidencial es más una causa de propaganda política que una verdadera rendición de cuentas de cara al pueblo de México?
Quienes esperan ver a un presidente tomar el micrófono para explicar sus decisiones de gobierno y pedir disculpas por los pésimos resultados, pueden sacar su silla y acomodarse lo mejor que puedan. Pues la autocrítica nunca ha sido propia de los gobernantes. Todos se envuelven en el mismo manto de soberbia.
Otra cosa criticable es que el informe no se llevó a cabo en el Congreso, sino en un recinto cómodo para la jefa del Ejecutivo federal, con gente a modo, con sus colaboradores, apapachada por los personajes más representativos de la 4T y protegida de cualquier tipo de intransigencia de la oposición.
Desde luego, no estaba obligada legalmente a hacerlo en la Cámara. Desde la reforma al artículo 69 de la Constitución, en 2008, que eliminó la obligación del presidente a asistir al Congreso a leer un discurso, bastando con la entrega por escrito a través de su secretario de Gobernación, nadie se lo puede exigir.
Además, y no menor en importancia, no hay condiciones para hacerlo en el recinto legislativo.
Pero una rendición de cuentas no puede llamarse como tal si no están todos los representantes de los mexicanos, y eso incluye a los legisladores de la oposición. Leer un informe sin la presencia de los contrarios al gobierno deslegitima el acto mismo y lo convierte en un acto de reafirmación doctrinal, al que acuden sólo los aliados, los convencidos y los convertidos.
LAS CIFRAS
Vayamos, ahora, a las cifras.
Creo que uno de los resultados más destacables de la administración Sheinbaum es lo concerniente a la violencia criminal, que como dijo hubo una reducción del 51 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos durante los últimos veintidós meses de gestión.
Deseo en verdad que esa cifra sea real y no producto de un maquillaje estadístico. Aunque diferentes expertos en el tema de seguridad afirman con datos duros que los avances de la nueva estrategia son nulos y que el gobierno federal está tratando de invisibilizar la crisis aguda de violencia en zonas regionales como Sinaloa, Tabasco, Morelos, Guanajuato, Baja California, Guerrero, Chihuahua y Michoacán.
Tan solo Guanajuato, según reportes oficiales y no oficiales, sigue ocupando el primer lugar en números absolutos de homicidios dolosos.
Habríamos también de preguntarle a los mexicanos, de esos y otros estados, cómo perciben la seguridad en el lugar donde viven después de estos 22 meses del llamado Segundo Piso de la Cuarta Transformación.
O, por lo menos, a uno de mis amigos que en esta misma semana hizo un viaje de trabajo desde Pichucalco a Chetumal, quien me dijo que en su regreso hizo un tiempo récord.
En promedio, el recorrido se hace entre siete y ocho horas y media. Él lo hizo en seis, y porque media hora después de salir de Chetumal, en la madrugada, una camioneta lo persiguió hasta antes de entrar a Chiapas. Por el espejo retrovisor, la vio dar vuelta en U.
Repito: espero que esa cifra sea real, porque la gente en muchos estados del país sigue viviendo en medio del terror y la violencia implacable.
A todo esto, no me gustó la falta de sensibilidad ante los desaparecidos. En los setenta minutos del discurso, no se les mencionó ni una sola vez, ni siquiera por equivocación. Fue un agravio latente, como refieren muchos analistas políticos de talla nacional, que los desaparecidos también desaparecieran del informe presidencial.
Ahora bien, la presidente Sheinbaum se enorgulleció de la entrada en operaciones de 33 nuevos hospitales del IMSS, ISSSTE e IMSS Bienestar, pero el común denominador sigue siendo el número creciente de quejas de los derechohabientes y pacientes por falta de medicamentos y cobertura efectiva.
También se destacó que el salario mínimo general aumentó un 154% en términos reales entre 2018 y 2026, pasando de 2 mil 800 a 9,282 pesos mensuales, pero el beneficio excluye a más de la mitad de los trabajadores del país, donde la tasa de informalidad alcanza actualmente el 56.1% de la población ocupada, según datos correspondientes a mediados de este año.
Se aseguró, asimismo, que por segundo año consecutivo la balanza comercial cerró con un saldo positivo. Empero, de acuerdo con revisiones de datos oficiales por plataformas como Verificado México, durante este año se registró un déficit comercial. Por ende, la racha consecutiva es falsa.
¿FARSANTE?
No quisiera calificar de mentirosa a la presidente Sheinbaum, pero mientras la realidad se oponga a los datos oficiales no podemos decir otra cosa. Sobre todo, cuando se llena la boca garantizando que el dispendio de los recursos públicos y la corrupción ya se acabaron.
No es cierto. Sólo basta ver la vida de lujos de muchos funcionarios públicos y que tres de los hijos del expresidente López Obrador están señalados de enriquecimiento ilícito.










