Letras Desnudas

Mario Caballero

Hace unos días, la Universidad del Valle de México publicó un comunicado en el que anunció que cerrará las puertas del campus de Tuxtla Gutiérrez al concluir el presente ciclo escolar. No obstante, le ofreció a la comunidad estudiantil continuar sus estudios en alguna de las sedes que tiene en otros estados, cursar en línea, o bien, optar por cualquier alternativa con las instituciones de nivel superior en el estado.

Obvio, esta noticia cayó como un balde de agua fría, sobre todo en los alumnos y en los padres de familia, y no es para menos.

Es en verdad lamentable que una institución como la UVM, que goza de gran prestigio a nivel nacional, abandone el estado después muchos años, en los que contribuyó de manera significativa en la formación de cientos de profesionistas en distintas áreas de conocimiento.

Y es más lamentable todavía que haya tomado la decisión de cerrar el campus por falta de estudiantes. Así como lo oye. Por más becas que ofreció, descuentos en colegiaturas e inscripciones, entre otros beneficios, la matrícula estudiantil simplemente se vino en picada.

El periodo de pandemia también influyó, donde se tiene registrado que 4 de cada diez escuelas en el país se fueron a la quiebra. La UVM logró permanecer algunos años más, pero todo lo que hizo no le alcanzó para seguir funcionando en el estado. Los gastos operativos, los sueldos del personal administrativo y docente y la renta de las instalaciones la terminaron ahogando. Total, en el mes de octubre pondrá los candados en las puertas y le dirá adiós a los chiapanecos.

LA CAUSA DETRÁS DE TODO

Nunca el cierre de una empresa será una buena noticia. Todo lo contrario, afecta la cadena de producción, desacelera el proceso de crecimiento, aumenta el desempleo, desestabiliza la economía, entre otras consecuencias negativas.

Sin embargo, en el cierre de mencionada institución educativa está reflejada la mala gestión económica de las administraciones anteriores.

Nadie con dos dedos de frente puede negar que Chiapas simplemente no creció en años pasados. Y esto se debe a que no hubo impulso a la economía, no se atrajeron nuevas inversiones, no se ejecutaron obras relevantes y, peor todavía, se jugó con los recursos del estado.

Como resultado aumentó la pobreza, el desempleo y bajó el poder adquisitivo de los chiapanecos, que por más que hubieran querido matricular a sus hijos en colegios particulares no hubieran podido si al final del día tenían que decidir entre comer o pagar colegiaturas.

LA DETERMINACIÓN

Por esta razón, cobra mayor relevancia la determinación del gobernador Eduardo Ramírez de apostarle a las empresas chiapanecas para la ejecución de las obras que llevará a cabo su gobierno a lo largo de su mandato.

“En mayo iniciaremos obras estratégicas para Chiapas y he solicitado que los proyectos se regionalicen, es decir, que sean ejecutados por constructores y arquitectos de cada zona. No quiero que todo se concentre en la capital del estado. Al regionalizar nos da oportunidad de que todos tengan trabajo y que construyamos con humanismo”, dijo durante el evento de entrega de credenciales para la expedición de cartas a Representantes Técnicos de Empresas Constructoras.

Esta decisión, a la vez de impulsar la economía de cada región de la entidad, también logrará que el dinero de los chiapanecos se quede para beneficio de los propios chiapanecos.

Comprendamos que la realización de la obra pública es un factor importantísimo que repercute de manera positiva en la economía, puesto que coadyuva a la generación de circulante y solvencia financiera.

Es decir, los recursos públicos que se ejercen en la construcción de proyectos de infraestructura mueven la economía, propician la creación de empleos tanto directos como indirectos y, por ende, mejora la calidad de vida de las familias y reduce las desigualdades sociales. Amén de que fomenta la productividad, la competitividad, la cohesión social y eleva la eficiencia de los diferentes sectores que intervienen en el proceso.

Por tanto, si antes decíamos que en los sexenios anteriores no hubo empuje al sector económico fue porque en éstos se privilegiaron a las empresas constructoras de otros estados que a las locales, lo cual devino en las afectaciones de las que hablamos líneas arriba.

Es más, se permitió la institucionalización de la corrupción al dejar que las más altas autoridades de entonces entregaran los contratos entre amigos, parientes y consorcios ligados a su gobierno. A las constructoras chiapanecas -si acaso- les daban migajas.

Hay versiones de que en la administración pasada los ganones de las mejores obras fueron empresarios originarios del estado de Tabasco. Para allá se fue el dinero de los chiapanecos. Los que disfrutaron de los beneficios fueron los tabasqueños.

Y en la gestión anterior a ésta, se cuenta que se organizaban suntuosas fiestas en distintos salones de los hoteles más exclusivos de la capital, donde los contratistas y constructores entregaban moches a los funcionarios encargados del manejo de las obras.  Dependiendo del sapo era la pedrada. Aquel que daba la tajada más grande se quedaba con la mejor obra.

Al respecto, no sólo se fomentó la corrupción al entregar los contratos por adjudicación directa, sino también se les dio prioridad a los empresarios de la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca y Morelos, principalmente.

Todas estas ilegalidades y abusos de poder impidieron el crecimiento económico de Chiapas, el desarrollo social y provocaron el cierre de decenas de empresas constructoras que se fueron a la quiebra por falta de trabajo.

Hubo casos de empresarios que obtuvieron algunos contratos pequeños, pero al final no les pagaron. Muestra de ello son las diferentes protestas de constructores en 2015, que sacaron sus camiones y maquinarias para tomar la plaza central de Tuxtla Gutiérrez, en demanda de pagos de adeudos y contratos de obra.

YA NO SERÁ MÁS ASÍ

“Ya no será más así”, ha dicho Eduardo Ramírez. Pues con la determinación que ha tomado se acabarán estas malas prácticas que tanto daño le hicieron a Chiapas.

A todo esto, al establecer que todas las obras sean ejecutadas por consorcios chiapanecos se dignifica el trabajo de las empresas locales y les hace justicia al reconocer su capacidad y poder técnico para construir, con vocación y esfuerzo, el desarrollo del estado.

De hecho, la autopista Ocosingo-Palenque la realizarán constructoras locales y estará bajo la administración de las comunidades, así como los restaurantes y gasolineras, para que las ganancias sean para ellos.  

Para mayor confianza, el gobernador ha recalcado que sólo podrán participar en licitaciones las constructoras que hayan cumplido con sus compromisos, mientras que aquellas que tengan obras inconclusas de gobiernos pasados o pendientes en auditorías simplemente serán inhabilitadas. Un duro cerrojazo a la corrupción.

Enhorabuena, apostarle al profesionalismo chiapaneco hará que el dinero se quede en casa y se active toda la cadena productiva. Ahora sí los beneficios serán para los chiapanecos y se verá reflejado en su calidad de vida y en sus bolsillos. Y al haber desarrollo y estabilidad social más inversiones llegarán y los negocios ya establecidos, incluyendo universidades e instituciones educativas, no cerrarán ni se irán por problemas financieros.

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