Los negocios de César Espinosa

Letras Desnudas

Mario Caballero

“La política es el arte de gobernar”, así lo definió Aristóteles en uno de sus tratados sobre este tema. La Real Academia Española define la política como la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Un poco más claro lo decía Ambrose Bierce, que la política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho del pueblo.

Lamentablemente, para los políticos de nuestro tiempo no es sino el camino fácil para el enriquecimiento, y aquí se incluyen muchos políticos locales, como César Espinosa Morales, quien con ocho meses en el cargo de director general del Instituto de Capacitación y Vinculación Tecnológica del Estado de Chiapas (Icatech), ya acumula varias acusaciones por corrupción y desvío de recursos públicos.

Empero, ¿debería sorprendernos? No, así ha sido su comportamiento desde que comenzó a dar sus primeros pasos en la política. Y no existe ejemplo más claro que su paso por la dirigencia estatal del PRD.

EL TAL CÉSAR

Corría el año 1997 cuando César Espinosa se enlistó en el PRD. Era entonces un chamaco sencillo, afable, humilde, modesto tanto en el vestir como en el hablar. No como ahora que despide arrogancia por cada uno de los poros.

No era miserable, pero su raquítica economía no le alcanzaba ni para comprarse un tarro de gel para aplacarse los pelos parados.

Como todo joven que empieza a dar sus primeros pasos en los escabrosos caminos de la política, soñaba con tener éxito y convertirse en un líder de masas que lograra el desarrollo del pueblo chiapaneco.

Cuentan las secretarias que daba gracia y a la vez lástima verlo correr por el antiguo edificio del PRD, cargando el mandado de los altos funcionarios del partido. Fue el maletero de Carlos Morales Vázquez y de Jorge Antonio Morales Messner (este último fue detenido a mediados de febrero de 2016 acusado de asignar una obra sin licitación de por medio).

“Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa”, dijo el poeta Enrique Jardiel.

Fueron los Morales (Vázquez y Messner) quienes le enseñaron a César Espinosa todo lo que sabían sobre política. Los dos le dieron le comer. Lo vistieron. Lo apacharon colocándolo en puestos partidistas de buen nivel para que tuviera oportunidad de abrirse camino por sí mismo.

Al final de cuentas, como Judas hizo con Jesucristo, les pagó con la sucia moneda de la traición.

En octubre de 2014 fue designado presidente estatal del PRD a través de una elección simulada y en medio de escándalos de corrupción, pues se dijo que había utilizado recursos públicos del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Chiapas (Cecytech), del cual su hermana Olga Luz Espinosa era la directora general, para financiar su campaña a la dirigencia del partido.

Con el supuesto respaldo de 182 votos a favor, uno en contra y cero abstenciones de un total de 183 Consejeros Estatales, Espinosa Morales se levantó con el triunfo para dirigir el PRD para el periodo 2014-2017. Sin embargo, sólo se trató de una comedia, una farsa, porque fue impuesto desde el poder.

Siendo en ese momento un mozuelo que sabía más de parrandas que de política, lo primero que hizo al tomar protesta como líder del PRD fue desatar todo su coraje contra las trabajadoras del instituto, exhibiendo sus altos grados de prepotencia y misoginia. No le importó que algunas de esas mujeres fueran madres solteras, estuvieran embarazadas o tuvieran 40 años de servicio. Las corrió sin ninguna justificación y tampoco las indemnizó como marca la ley.

Las empleadas denunciaron haber sido amenazadas y hasta golpeadas por sus guaruras, y que sus puestos fueron ocupados por amigos y compadres de César Espinosa.

Un mes después, trabajadores del CECyTECH manifestaron que la directora Olga Luz Espinosa sustraía recursos de la dependencia disfrazados de viáticos y pago de comisiones que iban a parar a las cuentas bancarias de su hermano César. Además, aseguraban que en la nómina del Colegio habían sido incluidos varios militantes del PRD.

Otro abuso fue el despido injustificado de 30 orientadores educativos motivado por un presunto recorte presupuestal que nunca se vio reflejado en la vida excéntrica y de lujos de la directora y sus colaboradores cercanos.

Es más, los trabajadores despedidos señalaron que después de ese abuso muchos perredistas fueron incluidos en puestos ejecutivos dentro de la institución y que se sustrajeron recursos que fueron inmediatamente destinados a la campaña política de César Espinosa, que según el mismo Comité Nacional del PRD había falsificado firmas para obtener una diputación plurinominal. Por ese delito fue denunciado ante la hoy Fiscalía General del Estado de Chiapas, pero sin que nada ocurriera.

En mayo de 2017, se descubrió que Olga Luz Espinosa, actual directora general del Instituto Tecnológico Superior de Cintalapa, había cometido un desfalco por más de 54 millones de pesos del Cecytech que fue desviado a través de conceptos de pago por capacitaciones, diseño e impartición de diplomados, de los cuales no existía evidencia de que realmente se hubieran realizado y que incluso fueron pagados a empresas con giros distintos a la prestación de los servicios contratados por el Colegio. Una de esas empresas era propiedad de un perredista, hoy ligado a la 4T y con un nombramiento importante en la Secretaría de Educación del Estado.

En esa misma fecha, un grupo de integrantes del Comité Ejecutivo Estatal, líderes de expresiones, consejeros estatales y nacionales, diputados locales y federales, señalaron a César Espinosa de estar traicionando a la militancia y malversar los recursos del partido.

Entre otras cosas, lo denunciaron por no rendir cuentas de las finanzas, no entregar en tiempo y forma las prerrogativas a los Comités Municipales, hacer cambios arbitrariamente en la estructura, organizar eventos públicos con dinero del PRD para favorecer la imagen de políticos de otros partidos y falsificar documentos.

En agosto de 2017, este mismo grupo exigió su destitución de la dirigencia estatal bajo el argumento de que estaba trabajando para el PRI, PAN y PVEM. Además, solicitaron que fuera investigado por el mal ejercicio de más de 39 millones de pesos de los cuales no había entregado ningún informe.

Por otro lado, revelaban el inexplicable enriquecimiento de César Espinosa y documentaban que desde la fecha en que tomó protesta había realizado la compra de varias propiedades.

En octubre del mismo año, denunciaron el entreguismo de Espinosa Morales hacia funcionarios del gobierno de Manuel Velasco Coello, así como de la fuga de dinero. El perredista Gabriel Gutiérrez Ávila lo acusó de “jinetear” los salarios de ocho secretarios, cuyo monto era de varios millones de pesos. Igualmente, reveló que durante esa fecha César Espinosa recibió poco más de 40 millones de pesos de los cuales sólo había gastado la mitad, pero el resto de ese millonario recurso había desaparecido.

¿TRAICIÓN?

Así las cosas.

No hay forma de evitar suponer que César Espinosa está utilizando ahora al Icatech para seguir llenándose a los bolsillos, a pesar de que eso representa una clara traición al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, que no se ha cansado de exigirles a sus funcionarios ser responsables con el cargo y actuar con compromiso en favor del bienestar de los chiapanecos.

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