Letras Desnudas
Mario Caballero
¿Alguna vez le han impedido manifestar su opinión sobre un tema que es de su mayor interés? ¿Alguna vez, en la reunión del barrio, no le dejaron expresar sus inconformidades respecto a la convivencia, el uso de los espacios públicos, la inseguridad, la falta de alumbrado, los problemas de la basura, etcétera?
¿Alguna vez, en la junta de trabajo, le pidieron expresamente no hablar de sus necesidades laborales? Es más, estando en casa, en la compañía de su familia, ¿lo echaron porque sus chistes fueron considerados de mal gusto?
Bueno, si no lo había pensado sepa que eso se llama censura y en menor o mayor grado es una clara violación al derecho a la libertad de expresión, que no es otra cosa que la facultad que tenemos cada uno de nosotros para externar nuestras ideas, planteamientos, propuestas, denuncias, críticas, señalamientos, ya sea por escrito, hablado o como a usted se le pegue su regalada gana. Por eso se llama libertad.
Pero lo que estamos viviendo en el país es lo contrario a la libertad. Hoy más que nunca, nadie puede ejercer su derecho a expresarse sin esperar ser censurado, atacado o, peor todavía, perseguido judicialmente.
RESTRICCIÓN Y CENSURA
Hace pocos meses hablé en este espacio sobre el mismo tema, el cual quiero profundizar para advertir que medios y periodistas estamos expuestos a la censura y bajo el peligro latente de que en cualquier momento seamos blanco del enojo de los poderosos, que ya han dado muestras de ser capaces de todo con tal de silenciar a sus críticos.
Empiezo por denunciar que en estos días desde diversas instancias de poder y con la anuencia de los poderes mayores de la República, la censura, las amenazas de censura y las penas judiciales se propagan como el fuego en pradera seca.
Y es que los políticos, o mejor dicho, los actuales gobernantes que se sienten agredidos por las denuncias o las críticas vertidas por la prensa no plantan la cara a sus detractores. No. Utilizan el poder y las influencias a su alcance para callar esa crítica y hasta para humillar al que la dijo, sea quien sea.
Ejemplo de ello, como lo mencionamos en la entrega anterior sobre el mismo tema, es la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que se ha visto envuelta en escándalos de abuso de poder.
El último fue en julio pasado, cuando influyó en el Poder Judicial del Estado para que una jueza de control interina de Campeche, de nombre Ana Maribel de Antocha Huitz May, emitiera una sentencia en la que le prohíbe al periodista Jorge González Valdez opinar o publicar cualquier cosa sobre la gobernadora.
Además, ordenó que un interventor judicial o “censor” revise y apruebe cada publicación que él y el diario Tribuna realicen sobre Sansores.
Esta práctica no es exclusiva de los altos gobernantes de Morena, sino también de los que se encuentran en una escala menor. Como es el caso del presidente municipal morenista de Salina Cruz, Oaxaca, Daniel Méndez Sosa, quien como medida punitiva contra un medio de comunicación digital que exhibió la ola de violencia en dicho municipio, le canceló el convenio de difusión de publicidad institucional.
Inclusive, al director de la página le enviaron la sanción con un mensaje: “Esas notas de violencia en Salina Cruz que publicas en tu página no son buenas para la imagen, para la campaña a la diputación federal del presidente”.
Tras este claro hecho de censura, lanzó la amenaza al resto de los diarios, de que si publican sobre los hechos violentos en el puerto se les cancelará el convenio con el Ayuntamiento.
Repito: muchos políticos y políticas de la 4T no salen a discutir lo que les molesta, sino buscan callarlo. Y eso no se vale. No es propio de un sistema tolerante, plural y democrático como el nuestro, y menos todavía de un partido que llegó al poder mediante un discurso de señalamientos, críticas y censuras al régimen priista y panista.
No digo que antes no hubiera censura contra los medios de comunicación contrarios al gobierno.
Ahí tenemos el emblemático caso del periódico Excélsior, cuyo entonces director editorial, Julio Scherer García, y su equipo de columnistas, reporteros, editorialistas e intelectuales fueron puestos en la calle por el gobierno priista de Luis Echeverría, quien cometió esta canallada por no soportar la crítica.
Sin embargo, la censura en nuestros días contra medios y periodistas se da de manera sistemática y con todo el peso de las instituciones.
El año pasado, verbigracia, el autor de esta columna fue denunciado por supuestamente ejercer violencia política de género contra una senadora morenista que no aguantó dos que tres verdades dichas en este espacio.
No sólo recibí la amenaza de ser multado por una cantidad por arriba de los 700 mil pesos, sino esta “legisladora” que solicitó que su nombre se manejara en la demanda como “Dato Protegido”, logró a través de tráfico de influencias en el INE y en las salas del Tribunal Electoral de la Federación, que varias de mis columnas fueran eliminadas de la página del Diario de Chiapas y que no volviera ni siquiera a mencionar su nombre porque eso sería reincidir en la agresión y en el daño moral hacia su persona.
AUTOCENSURA
Hágame usted el favor. Esta senadora morenista que creció políticamente gracias al impulso que le dio un exgobernador chiapaneco y al emporio económico que construyó su padre a través del crimen y el hurto, resultó tener la piel muy delgada. Mi pecado fue criticar su insulsa y frívola carrera a la candidatura de Morena al Gobierno del Estado.
Con esto basta para advertir que denunciar con pruebas a los poderosos de hoy o ridiculizarlos por sus metidas de pata o ignorancia supina puede ser motivo de pasar un mal rato o ser aplastado por la maquinaria de censura que se mueve sin ningún obstáculo.
Así, si usted pensaba compartir en las redes una imagen desfavorable de Noroña, cuídese porque lo pueden acusar de participar en una campaña de odio hacia este personaje que les prende su veladora a Hugo Chávez y a Fidel Castro, y sueña con que México se convierta en un país comunista.
Si planeaba publicar un texto que cuestionara la trayectoria de alguna política que ha sido impulsada por una camarilla poderosa, cuidado ya que puede ser denunciado penalmente por demeritar su talento y de ejercer violencia política de género.
Es más, si siente cierta animadversión por los desplantes ofensivos de algún expresidente y quiere demostrar con datos que su familia está vinculada con casos de huachicol fiscal y el crimen organizado, ¡aguas! En una de esas hasta lo culpan de dañar la moral de los autoproclamados salvadores de la patria.
La situación de la libertad de expresión está prendida de alfileres. Y lo más triste es que los periodistas estamos muy cerca de vernos obligados a optar entre la dignidad o pasar por procesos legales insufribles. Lo cual nos llevaría a algo incluso peor: la autocensura.
De nada nos servirá que tengamos datos, información y documentación que pruebe los ilícitos de diversos funcionarios públicos, pues la publicación de ello puede llevarnos a la cárcel o mínimo dejarnos sin espacio de trabajo en los medios, que podrían mutilar nuestros artículos o desecharlos sin más, con el motivo de que afectamos intereses propios o ajenos.
La cosa no está fácil. O nos callamos la boca o sufrimos la peor de las humillaciones.










