¿Por qué no decirle adiós a la Mactumactzá?

Letras Desnudas

Mario Caballero

En 1922 fueron creadas las Escuelas Normales Rurales como una respuesta a la necesidad de formar maestros que pudieran atender a la población campesina y rural del país, que en ese momento era en gran porcentaje analfabeta. Y se caracterizaban por su internado, su enfoque en la formación técnica y su compromiso con la educación para el desarrollo del medio rural.

En ese mismo año fue fundada la primera de estas escuelas, en Tacámbaro, Michoacán, como parte del programa de Escuelas Centrales Agrícolas, impulsado por el entonces secretario de Educación, José Vasconcelos, conocido y considerado ampliamente como “El Maestro de la Juventud de América”.

En Chiapas, en 1931, nació la Escuela Normal Rural de Cerro Hueco, ubicada en la ex hacienda La Chacona.

En 1936 se transformó en Escuela Regional Campesina, que dio espacio a más jóvenes estudiantes provenientes de distintas zonas rurales del estado. En 1941 cambió de nombre a Escuela Práctica de Agricultura y en 1956 se abrió como Escuela Normal Rural Mactumactzá, que en el año 2003 dejó de ser internado y se convirtió en escuela mixta.

Ciertamente, en aquellos años la Mactumactzá representó un avance significativo. De sus aulas salieron decenas de maestros que con vocación firme e ideales convincentes coadyuvaron al desarrollo educativo de la entidad, sobre todo en las zonas rurales donde gracias a esta escuela había maestros.

No faltaron los desafíos inherentes a una institución educativa de alta estima y propuesta, que incluyeron cierres, reformas y persecuciones políticas de sus líderes estudiantiles. A pesar de ello, sobrevivió y siguió formando docentes que con el gis y el pizarrón honraron el apostolado del magisterio.

Pero en lo que se convirtió es para pura vergüenza. Y ejemplo de ello es lo ocurrido en días recientes.

LA OTRA HISTORIA

Pregunto: ¿hay algo hoy de lo que se pueda hablar bien de la Mactumactzá? No lo creo. Ni hoy, ni desde hace muchos años.

En diciembre de 2016, por ejemplo, un grupo de cien presuntos estudiantes de la Mactumactzá irrumpió en la Secretaría de Educación del Estado en rechazo a la aplicación del examen para ingresar al Servicio Profesional Docente. Rompieron cristales, muebles y equipo de cómputo. Y para que quedara clara su protesta, le prendieron fuego a 12 vehículos que se encontraban estacionados en el estacionamiento de la Unidad Administrativa. En ese entonces como ahora, exigían plazas automáticas para sus egresados.

El 18 de mayo de 2021, tomaron la autopista Tuxtla-San Cristóbal, cobrando cuotas entre cincuenta y doscientos pesos por cada vehículo. Protestaban en exigencia de examen presencial para los alumnos de nuevo ingreso, lo cual representaba un riesgo debido a que estábamos en uno de los periodos más complicados de la pandemia. Pero eso les valió. Se armaron de piedras, palos y tubos para manifestarse, llevando a cabo acciones reprobables.

Tratando de recuperar el orden, las autoridades detuvieron a 97 personas, de las cuales 93 eran estudiantes.

¿Y cuál fue la respuesta de los normalistas? La violencia.

En primer lugar, atacaron con piedras, palos, cohetones y bombas molotov la sede del Poder Ejecutivo, quemando asimismo dos patrullas y robando una pipa de combustible de Pemex.

Segundo, incendiaron las oficinas del Instituto Nacional Electoral, ubicadas en Terán. Esto sucedió durante la madrugada del 31 de mayo. Llegaron a bordo de tres autobuses que habían secuestrado previamente, y se marcharon después de quemar papelería, mobiliario de oficina y equipos de cómputo. En una de las paredes del lugar pintaron la leyenda “Libertad a los normalistas”.

En diciembre de 2023, protagonizaron otra protesta violenta en Palacio de Gobierno, donde llegaron en tres autobuses de las empresas OCC, Aexa y un camión de redilas. Su objetivo, según dijeron, fue que el Gobierno del Estado cerrara las carpetas de investigación relacionadas con las detenciones de los normalistas en mayo de 2021.

Tras dos horas de enfrentamientos verbales con la autoridad, se retiraron. No obstante, bloquearon un punto de la Avenida Central con llantas y madera, las cuales incendiaron, y retuvieron un camión de la empresa Coca-Cola y un autobús de trasporte foráneo.

Días antes de estos hechos, cometieron diversos actos de vandalismo. Entre ellos, derrumbaron el portón de la Secretaría de Educación estatal y secuestraron varios vehículos de empresas privadas.

Y la lista de delitos y daños sigue.

ESTUDIANTES MEDIOCRES

A todo esto, son estudiantes normalistas mediocres.

De acuerdo con un estudio reciente, el promedio general de un estudiante de la Mactumactzá es de 5.6. Por tanto, ¿merecen plazas automáticas del magisterio? Sin duda, no.

Y esta ridícula calificación la alcanza a pesar de que los anteriores gobiernos le entregaron fuertes sumas de dinero para su educación. Nada más la administración pasada le concedió en los últimos años una suma anual de casi 98 millones de pesos, más un presupuesto de 80 millones que se distribuye en el pago de nómina, alimentos y becas.

No es todo. Recibe otros nueve millones 808 mil pesos a través del programa Estrategia de Desarrollo Institucional de la Nueva Escuela Normal (EDINEN), otro millón 224 mil para gastos de combustible, material de oficina, mantenimiento de la alberca y del aire acondicionado, otros dos millones 899 mil 400 pesos para alimentos extraordinarios, prácticas docentes y mantenimiento de vehículos.

Aparte de otras sumas considerables, también obtiene un recurso de más de 186 mil pesos para vestuarios y uniformes para el desfile del 20 de noviembre.

Con todo ese dineral, son estudiantes reprobados.

REUBICACIÓN: LA EXIGENCIA

Por si fuera poco, desde hace varios años habitantes de diferentes sectores de Tuxtla Gutiérrez han exigido la reubicación de la escuela por los motivos antes señalados.

Inclusive, un grupo de colonos de Plan de Ayala se manifestaron en contra de los actos vandálicos de estos estudiantes en noviembre de 2022, con estas palabras:

“A nosotros nos deben respetar, así como nosotros respetamos su derecho a la educación. Nosotros no entendemos por qué secuestran camiones, roban y vandalizan. Eso no es una acción de un estudiante, es un acto de delincuentes. Únicamente nos están afectando. Ya estamos hartos, cansados de que atropellen nuestros derechos como ciudadanos”.

YA BASTA

Lo sucedido en estos días, con sus reprobables protestas y sus incongruentes demandas, donde uno de sus compañeros (Jesús Alain) perdió la vida al caer de una camioneta en movimiento, y cuyo padre, el señor Jesús Lenin Vázquez Santizo, salió ante los medios de comunicación a pedir que los lidercillos de la Mactumactzá ya no manden a los estudiantes a realizar bloqueos y acciones que pongan en riesgo sus vidas, es motivo suficiente para reubicar la escuela.

La Mactumactzá hace años que dejó de ser una institución formadora de maestros. Se convirtió en un barril sin fondo, donde los supuestos normalistas saben más de cómo fabricar una bomba molotov y organizar una guerrilla urbana que de ortografía.

Yo hago votos por que el gobierno de la Nueva ERA reubique esta escuela. ¿O estudian o se van? No es justo que los ciudadanos suframos daños y atropellos por un grupo de vándalos que creen que ejercer violencia contra la sociedad es su derecho.

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