Letras Desnudas

Mario Caballero

Incomprensible el nombramiento de Hugo López-Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud. Eso fue lo primero que me pasó por la mente al conocer esta noticia. Lo segundo fue que premiaron a un asesino.

¿Qué necesidad había de burlarse de los mexicanos? Y, ¿qué necesidad tenía el gobierno de exhibirse a sí mismo como una entidad sin memoria e insensible al sentir de la mayoría de la sociedad?

A todo esto, ¿no había más gente de dónde escoger?

Además, se sabe que los puestos de representación ante instancias y organismos internacionales son ocupados preferentemente por funcionarios de carrera diplomática, y para ello está la academia diplomática mexicana, el Instituto Matías Romero, un órgano desconcentrado de la Secretaría de Relaciones Exteriores que se encarga de formar y capacitar a los diplomáticos mexicanos.

Pero como suele pasar en nuestro país, estos cargos son entregados a personas sin experiencia en quehacer diplomático y por lo regular motivados por amiguismo o compadrazgo. Ahí tenemos, por ejemplo, a Juan Sabines Guerrero, nombrado por Peña Nieto y ratificado por López Obrador como cónsul en Orlando, Florida. Otro caso es el también exgobernador chiapaneco Rutilio Escandón Cadenas, actual cónsul en Miami.

Hay otra cosa que hace todavía más ridículo y reprobable el nombramiento de López-Gatell. Esto es, no existe el puesto de representante ante la OMS. Lo están inventando.

Así que ya tendrá usted tiempo para pensar si lo están enviando para promover en realidad los intereses de México o es por otra cosa. Quizá para protegerlo. Digo. No olvidemos que hasta octubre de 2023, López-Gatell enfrentaba por lo menos ocho carpetas de investigación en su contra acusado por “falta de deber de cuidado, negligencia y falsos informes dados a la población”, así como por homicidio por omisión.

Pues, ¿por qué más pudo haber sido nombrado? ¿Por méritos profesionales y buen desempeño público? No lo creo.

FRACASO Y NEGLIGENCIA

Ciertamente, Hugo López-Gatell es una persona con una gran preparación académica. Es un médico egresado de la UNAM, cuenta con la especialidad en medicina interna por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. También tiene una maestría en ciencias médicas, odontológicas y de la salud por la UNAM y un posdoctorado en epidemiología, que cursó en la Bloomberg School of Public Health de una de las universidades con mayor prestigio en el mundo, la Universidad Johns Hopkins.

Pero de ahí en adelante, por lo menos durante el sexenio pasado, fue uno de los peores funcionarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Y hay datos para constatarlo.

Empiezo por mencionar que el expresidente López Obrador lo nombró subsecretario de Salud y, llegado el momento, lo colocó al frente de la crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus, haciendo a un lado al entonces secretario Jorge Alcocer, un hombre de la tercera edad. Y Gatell terminó esta encomienda con los peores números a nivel mundial.

En un inicio se agradeció que un epidemiólogo estuviera al frente de la estrategia de comunicación contra el covid y no el mismo AMLO, que nada sabía sobre controles sanitarios, enfermedades, etcétera. Sin embargo, muy poco tardó el gusto.

En lugar de ejercer con profesionalismo su función frente a esta eventualidad que golpeó a todo el orbe, dejando a su paso millones de muertes y pérdidas billonarias, Gatell se rindió a la ideología de la 4T, o mejor dicho, a complacer a su patrón.

Por eso dijo que el covid no era grave y que no era necesario tomar medidas extremas para evitar el contagio y la propagación del virus en el país. Hasta se atrevió a afirmar que el expresidente López Obrador no se contagiaría, ya que su fuerza era moral, como si el covid se transmitiera por cargos de consciencia. Al final, el tabasqueño contrajo la enfermedad en tres ocasiones.

En enero de 2020, López-Gatell establece unos lineamientos que en términos médicos se denominan “definición operacional”, mismos que impidieron que los médicos diagnosticaran a las personas con covid oportunamente, ya que por esos lineamientos se excluyeron a los pacientes que, a pesar de contar con los síntomas de la enfermedad, no presentaron evidencias de haber estado en el extranjero o tenido contacto con otros infectados.

Por tal razón, los contagios en México se dispararon alarmantemente después del primer caso reportado.

Otro de sus grandes errores fue en marzo de ese mismo año, al prohibir que los hospitales privados realizaran las pruebas de covid. Incluso, en su conferencia vespertina dijo que dichas pruebas no tenían ninguna utilidad.

En 20 de ese mismo mes, se anunció la suspensión de actividades escolares, pero el 14 y 15 Gatell no se opuso a la realización del festival Vive Latino, al que acudieron 115 mil 331 personas.

El 29 de marzo, Gatell salió a urgir a la población quedarse en casa. ¿Por qué? Porque los contagios aumentaron.

El seis de abril, el subsecretario es denunciado por el Gobierno de Jalisco de impedir que las pruebas llegaran a los estados.

En este brevísimo recuento no olvidemos que también se opuso al uso del cubrebocas; que repetía “que había que abrazarnos, que no pasaba nada”; que en abril de 2020, cuando iban 16 mil 752 casos confirmados y mil 569 muertes, dijo que “a diferencia de otros países, México ya había aplanado la curva de contagios y muertes”, lo cual era mentira.

También se opuso a que los niños fueron vacunados y, antes de eso, no pudo conseguir las vacunas. Fue el entonces canciller Marcelo Ebrard el que logró los primeros lotes de vacunas anticovid.

Tristemente, México terminó muy mal ese periodo. Se conoce que más de 808 mil mexicanos murieron por covid y que 7 millones 702 mil 809 fueron contagiados.

También se sabe que de esas muertes 5 mil 800 fueron del personal de salud. Que, por lo mismo, 215 mil niños y niñas terminaron en orfandad. Y que por el mal manejo de la pandemia, México redujo su esperanza de vida de 75 a 71 años.

RESPONSABLE, SIN DUDA

Hugo López-Gatell es responsable de esos malos o pésimos resultados. Y por su irresponsabilidad, por politizar la crisis sanitaria, por querer quedar bien con AMLO en lugar de actuar con profesionalismo, por ocultar la terrible realidad de la pandemia y por no implementar las medidas correspondientes, también es culpable de las muertes en exceso.

Inclusive, se le puede responsabilizar de las muertes por falta de medicamentos, ya que él impidió la compra de tratamientos oncológicos para los niños con cáncer. Y esto sólo por mencionar algo.

Así que su nombramiento puede considerarse un premio al crimen.

BUENAS NOTICIAS

Pasando a otro tema, más agradable, es claro que en Tuxtla la política se vive en las calles. Todos los días, el presidente municipal camina las colonias, escucha a la gente, atiende sus necesidades y propone soluciones.

Ya era tiempo que alguien como Ángel Torres Culebro gobernara la capital del estado. Tiene empatía, conecta con las personas y hoy por hoy está atendiendo lo que otros gobiernos dejaron pendiente.

Por eso, vemos nuevas calles pavimentadas, nuevas luminarias, espacios públicos rescatados y programas que fomentan la participación ciudadana, como el “Lunes del Pueblo”.

Esto es lo que se llama gobernar con humanidad, compromiso y responsabilidad.

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