Letras Desnudas
Mario Caballero
Descartando las explicaciones de algunos miembros de su equipo de trabajo, quienes aseguraban que el exsecretario de Hacienda del Estado estaba tomándose un breve descanso para empezar con toda la energía en el arranque de la próxima legislatura local, siempre albergué dudas sobre el extraño silencio que acogió Javier Jiménez Jiménez a partir de saberse ganador de la elección a diputado local.
Me parecía inconcebible que después de su intensa, aunque insoportable y penosa, campaña política, que duró más de un año en medio del más asqueroso derroche, de pronto desapareciera del ojo público. Ningún político que se ha acostumbrado aparecer en los medios cada cinco minutos, se sale del ángulo de los reflectores así nomás. Sobre todo, cuando él mismo se afamaba de ser el salvador de las finanzas públicas del estado y como el mejor para suceder en el cargo al gobernador Rutilio Escandón Cadenas.
La idea de que buscara llamar la atención lo menos posible con tal de esconder algo me parecía factible. No sería descabellado pensar que tras haber manejado a su antojo y capricho los dineros del estado por cinco años, quisiera mantener ocultas algunas cosas. Y a los que así lo creímos, el tiempo nos dio la razón. En este ambiente político es difícil que los secretos duren mucho. Finalmente, salió el peine… y bien cochino.
LOS SECRETOS Y NO TANTO
Para nadie fue un secreto que Javier Jiménez abusó del cargo para cambiar su estilo de vida. Dicho de otro modo, para salir de pobre.
Apenas puso un pie en la dependencia desapareció aquel modesto catedrático de la Unach que esperaba el pago de la quincena para surtir la despensa y que manejaba un coche usado. En su lugar, emergió un flamante y poderoso funcionario público, capaz de poner de rodillas a cualquiera, humillar a líderes sindicales, dar órdenes a otros secretarios de Estado y su poder, en ese momento, sólo era comparable con el del secretario de Salud y el secretario general de Gobierno.
Sí, perdió la tierra. Se sintió intocable: un político todopoderoso, aunque no era más que un imberbe, un inculto en el arte del poder, un ingenuo que creyó merecer el máximo cargo del estado por el simple hecho de haber ocupado una de las secretarías más importantes en la jerarquía gubernamental. Bien dice el dicho que “el que nunca tuvo y llega a tener, loco se quiere volver”.
Pero la realidad es implacable. Más tarde que temprano se encargó de ponerlo en su justa dimensión. No fue candidato a gobernador, ni a senador, ni a presidente municipal de la capital y tampoco a diputado federal por Morena. Tuvo que conformarse con ser postulado a diputado local por un distrito que no conoce y donde hasta hace unos meses nadie sabía de él, el Distrito 16, con cabecera en Huixtla. No olvidemos que el llamado “JJ” es originario de Tuxtla Gutiérrez.
El asunto es que su repentina desaparición mediática, salvo alguna que otra publicación en Facebook, se debe a que sus peores temores, mismos que lo condujeron a buscar desesperadamente dicha diputación, podrían volverse realidad apenas inicie la próxima administración.
Fuentes a este columnista revelan que ya está siendo investigado por presunto desvío de recursos públicos, peculado, ejercicio ilegal de funciones, abuso de autoridad y enriquecimiento ilícito.
De acuerdo con la información proporcionada al que esto escribe, la situación es bastante grave. Se habla de un desfalco multimillonario de dinero público que fue a parar en el pago de la propaganda política de Jiménez Jiménez, consistente en la impresión de volantes, flyers y lonas, pintado de bardas, espectaculares y difusión en redes sociales y en distintos medios de comunicación locales.
Pero esto es sólo la punta del iceberg.
También se dice que sustrajo recursos del erario para construir una riqueza en inmuebles y en negocios dedicados a los bienes raíces.
Aunque es preciso aclarar que Javier Jiménez comenzó a acumular su fortuna a partir de que se desempeñó como oficial mayor en el Poder Judicial del Estado. En 2012, no era más que un contador público irrelevante, ya no digamos de gran patrimonio.
Empero, sus bienes y capital aumentaron de manera extraordinaria durante su gestión como titular de Hacienda.
Entre su riqueza figura una mansión de más de ocho mil metros cuadrados, ubicada en el Libramiento Norte Poniente, de la que ya hablamos en este espacio. Es un inmueble suntuoso, con una construcción grande, que cuenta con alberca, amplios jardines y hasta con un campo de fútbol soccer profesional.
Esta es sólo una de las muchas propiedades que tiene en el estado.
Según esta información, Jiménez Jiménez también es el socio principal del desarrollo Avitare Exclusive Living, un fraccionamiento exclusivo (como lo dice su nombre) ubicado por el rumbo del Club Campestre, específicamente en el Campestre Arenal, en Tuxtla Gutiérrez, donde se encuentran los complejos residenciales más extravagantes de la ciudad.
Investigando un poco, encontré que en ese fraccionamiento un terreno de 453 metros cuadrados tiene un valor de venta al público de 2 millones 723 mil pesos. Una pequeña fortuna para la mayoría de nosotros.
Si sólo juntamos el dinero invertido en la construcción de mencionada mansión y en este negocio de bienes raíces, no le alcanzaría a Javier Jiménez para pagarlo con el sueldo que ganó en los cinco años en la Secretaría de Hacienda.
¿De dónde y cómo obtuvo entonces los recursos? Seguramente no de fuentes y prácticas legales, tal como se sospecha. Sobre todo, conociendo los señalamientos de que presionó a diferentes funcionarios del Gobierno del Estado y a presidentes municipales para le entregaran moches a cambio de dispersarles los recursos.
Pero lo sabremos tan pronto se den a conocer los resultados de la investigación.
EN CONTRA DE ERA
Algo más. Se sabe que jugó en contra de Eduardo Ramírez Aguilar durante el proceso de selección del candidato de Morena al Gobierno del Estado.
Mis informantes señalan que cuando “JJ” vio nulas sus posibilidades de alcanzar la postulación, apoyó política y económicamente a la senadora morenista, actualmente reelecta, que anhelaba convertirse en la primera mujer gobernadora de Chiapas.
Esta senadora era una visitante consuetudinaria del despacho principal del piso 11 de la Torre Chiapas, donde se encontraba la oficina de Javier Jiménez en la Secretaría de Hacienda. Y en más de una ocasión salió por el elevador privado que lleva hasta el sótano, cargando varios portafolios, según repletos de dinero en efectivo para financiar su campaña a la candidatura al gobierno estatal.
Ojalá una vez concluida la investigación se proceda conforme a Derecho contra Javier Jiménez y, según sea el caso, se le haga pagar por las corruptelas que tanto daño le hicieron al peculio de los chiapanecos.
Mientras tanto, ahora comprendemos por qué se ha distanciado tanto de los medios. Dicen que el miedo no anda en burro. Al parecer, la ignorancia de este pequeño personaje le alcanzó para entender que calladito se ve más bonito.










