Letras Desnudas
Mario Caballero
Por fin cayó el cabecilla principal del Cártel Inmobiliario de Chiapas. Erick Romero Peimberth, quien se encontraba prófugo de la justicia desde hace dos años fue detenido mediante un meticuloso operativo de la Fiscalía General del Estado en coordinación con la Fiscalía de la Ciudad de México, logrando con ello dar un duro golpe al imperio de impunidad de esta mafia.
Me atrevo a calificar con el sustantivo “mafia” a la agrupación que lideró Romero Peimberth junto a su pareja Viviana “N” (detenida en mayo de 2024) y Gustavo Adolfo Flores Alfaro, ya que eso es: una mafia.
De acuerdo con la Real Academia Española, una mafia es una organización secreta de criminales que se caracteriza por emplear métodos ilícitos y hasta la violencia para el logro de sus objetivos. Puede actuar en varios sectores económicos a la vez o concentrarse en uno solo, y está constituida por integrantes con alto nivel de mando en distintas áreas de la sociedad o rubros gubernamentales.
El Cártel Inmobiliario, aunque se dedicaba específicamente a estafar personas en el giro de los bienes raíces, era una corporación en la que figuraban empresarios, políticos, funcionarios públicos, notarios, jueces, magistrados y hasta presidentes de barras y colegios de abogados en Chiapas.
Todos en su conjunto configuraron una maquinaria con gran poder económico y político que defraudó a decenas de familias con cientos de millones de pesos a través de la venta simulada de casas y terrenos.
Mientras algunos falsificaban documentos, claves catastrales o daban fe notarial de las operaciones de compraventa, otros protegían a los líderes del Cártel mediante amparos o haciendo eternos los procesos judiciales en su contra.
¿CÓMO FUNCIONABA?
Erick Romero Peimberth y sus secuaces tuvieron la idea de constituir empresas inmobiliarias para la compra y venta de casas y terrenos. Esas empresas fueron “Grupo Constructor Líneas del Sur, S.A. de C.V.”, conocida como “GCI”; “Inmobiliaria Chiapaneca Ámbar, S.A. de C.V.”; “Global Group Edificaciones” y “Desarrolladora de Conjuntos Residenciales del Centro de Chiapas”.
Luego tramitaron préstamos para la realización de sus proyectos habitacionales. Una vez obtenido el recurso lo ejercieron para construir los fraccionamientos Ámbar, Santa Fe, Jardines de Mactumactzá y Jardines de las Flores, además del edificio Residencial Antigua, todos en la capital del estado, donde ofrecían residencias de lujo, con grandes acabados, jardines o terrenos con alta plusvalía.
Al momento de cerrar un contrato es donde entraba en función la maquinaria.
Uno de los casos más sonados fue el de la señora Hayne González, una mujer trabajadora que después de tantos años de trabajo y sacrificios vio posible hacer realidad su sueño: adquirir una casa. Y lo hizo en 2009, con el Grupo Constructor Líneas del Sur, S.A. de C.V., en el fraccionamiento Jardines de las Flores, por la que pagó 3.5 millones de pesos.
Pero el día en que fue a hacer posesión de su vivienda, se topó con un señor que tan campante regaba el pasto de enfrente. Y al preguntarle qué hacía ahí, éste respondió: “es mi propiedad”.
Al realizar las debidas investigaciones encontró que su casa había sido revendida y que las escrituras fueron falsificadas presuntamente por la Notaría Pública 118, a pesar de que estaban inscritas en el Registro Público de la Propiedad.
Es decir, la mafia de Romero Peimberth no sólo vendió por segunda vez la casa que le enajenó a Hayne González, sino también utilizó sus influencias en la dependencia encargada de bridar garantía jurídica de la propiedad y posesión de los bienes inmuebles para cambiar las claves y así elaborar nuevas escrituras a nombre de otra persona.
El caso no terminó ahí. Ocho años después de un largo juicio, a la señora González le entregaron otra casa, pero luego de vivir en ella seis meses le llegó un requerimiento por parte del banco por el adeudo de seis mensualidades de la hipoteca. Fue ahí que se enteró que su supuesta propiedad estaba a nombre de Leonardo Daniel López Gálvez, entonces encargado de la Delegación de Tuxtla Gutiérrez del Registro Público de la Propiedad.
Casos como el de la señora Hayne González hay muchos, pero uno en especial porque trata del fraude cometido contra una mujer de la tercera edad, viuda e indefensa.
Su nombre es Guillermina Flores López, quien confió en Romero Peimberth al venderle 3 y media hectáreas de terreno, ubicadas sobre la 15ª Poniente Norte, cuyo valor era de 30 millones de pesos, pero nunca recibió el pago. El hoy detenido, simplemente le robó. Y en ese predio se construyó el fraccionamiento Ámbar, con 91 casas, que se ofrecen entre 3.5 y 5 millones de pesos.
PROTECCIÓN
Se conoce que entre Erick Romero Peimberth y Gustavo Flores Alfaro tienen más de una veintena de demandas penales en su contra por fraudes inmobiliarios, que suman cientos de millones de pesos.
La gran pregunta es, ¿por qué hasta ahora se está actuando en contra del Cártel Inmobiliario si hay registros de que sus operaciones ilícitas y fraudulentas tienen casi veinte años?
La respuesta está en las complicidades. ¿Recuerda que líneas antes le dije que en esta mafia había políticos, líderes de barras de abogados, funcionarios del Poder Judicial y hasta jueces? Bueno, sucede que Gustavo Flores es sobrino de la exsecretaria de Gobierno de la administración pasada, Cecilia Flores, y Romero Peimberth tiene amigos y parientes políticos con influencias en el Poder Judicial del Estado, entre ellos Antonio Flores Flores, alias La Sardina, quien todavía funge como presidente de la Asociación de Abogados Chiapanecos, A.C.
Antonio Flores fue el defensor legal de cabecera de Romero Peimberth y de toda su estructura criminal. Siendo además primo de Gustavo Flores y tío de Viviana “N”, quien utilizó a la barra de abogados para tejer una amplia red de complicidades en los distintos órganos de impartición de justicia.
De esta manera, influyó en jueces, exjueces, fiscales, exfiscales, Ministerios Públicos, entre otros, para que las carpetas de investigación contra sus protegidos fueran integradas con irregularidades, para que los procedimientos se alargaran y para autorizar falsas constancias médicas en las que se alegaba que Peimberth y sus secuaces no podían presentarse a las audiencias por supuestos problemas de salud.
No es todo. Flores Flores fue señalado de repartir sobres amarillos con dinero entre funcionarios de distintas instancias judiciales.
ACABEMOS
Nadie en su sano juicio puede negar que el gobierno de la Nueva ERA ha dado golpes contundentes contra el crimen organizado y la delincuencia de cuello blanco. Razón por la cual Chiapas es hoy el segundo estado más seguro del país. Por tanto, confío en que las personas que fueron defraudadas a manos de Erick Romero, Viviana “N” y Gustavo Flores, obtengan la justicia que desde hace muchos años han demandado.
Pero dejemos algo en claro. Si Romero Peimberth está en este momento en la cárcel no es producto de la casualidad, sino de la causalidad. Hacer justicia no es un asunto del azar, sino de la voluntad de las autoridades. Dicho de otro modo, tuvo que haber un nuevo gobierno para comenzar a hacer justicia.
Y qué bueno, ya era hora que se derrumbara el Cártel Inmobiliario y sus líderes empezaran a pagar por los daños causados a tantas personas, que por el deseo de tener un patrimonio, un hogar, lo perdieron todo.










