Letras Desnudas
Mario Caballero
La crítica al poder debe tomarse muy enserio. Sobre todo, porque a través de ésta es que se pudieron construir y establecerse proyectos democráticos. Debería entenderse, asimismo, como un llamado de atención.
A través de ésta es más fácil dejar de ser ignorantes a los abusos que se ejercen desde el poder, de las honduras de las desigualdades, de la debilidad de los derechos y la corrupción de los gobernantes. Y hay que practicarla para denunciar y ejercer debidamente nuestro derecho consagrado a la libertad de expresión.
Sin embargo, la crítica no debe basarse en el engaño. Así pierde su función y utilidad. No debería usarse para confundir y tratar de manipular a la sociedad. Tampoco para crear enconos y demeritar el trabajo gubernamental, especialmente si carece de argumentos, datos e información confiable. Pues la libertad de expresión no es coartada de intereses mezquinos. Tal como muchas veces lo han querido ver algunos medios, periodistas y organizaciones de la sociedad civil.
Como la Organización Campesina Emiliano Zapata Casa del Pueblo (OCEZ), que en los primeros días de junio de 2023 llevó a cabo un plantón de varios días en el centro de Tuxtla Gutiérrez, bloqueando calles y tapando los accesos a Palacio de Gobierno, impidiéndoles incluso la salida a la burocracia y a los ciudadanos que se encontraban en el lugar realizando algún trámite. Cabe mencionar que entre las personas retenidas se encontraban mujeres embarazadas y niños.
El seis de junio, por la madrugada, los manifestantes se dignaron a dejar salir a las mujeres y a los niños. Los hombres salieron hasta el mediodía. Y mientras éstos salían, entre el tumulto de la OCEZ se escuchó la voz de un hombre que, con pancarta en mano, dijo que habían tomado esa medida arbitraria y fuera de la ley porque “protestar es su derecho”.
De eso no hay duda. La libre manifestación es un derecho humano consagrado en las constituciones de las democracias liberales como la de México. Pero, ¿eso les daba el derecho de bloquear el edificio gubernamental y literalmente secuestrar a los trabajadores del gobierno junto con un numeroso grupo de ciudadanos? No lo creo.
Lo mismo aplica para aquellas notas y artículos de opinión que se publican con la supuesta intención de hacer una dura crítica al gobierno. No obstante, la verdadera intención no es formar criterio en la opinión pública, sino desinformar e infamar por medio de un discurso falaz e impreciso.
Muchas veces los que están detrás de esos libelos no son periodistas serios sino apologistas del engaño: sicarios verbales que manipulan la información para desacreditar, infamar y calumniar al que con mucha prepotencia tildan de todo, buscando al mismo tiempo obtener ganancias tanto políticas como económicas.
RECONOCER
Traigo esto a mención con el interés de destacar una virtud y una cualidad poco valorada pero muy importante del gobierno del doctor Rutilio Escandón Cadenas: la tolerancia y el respeto a la libertad de expresión.
Durante su toma de protesta, el gobernador dijo que haríamos historia y lo que podemos observar desde aquel 8 de diciembre de 2018 es un cambio claro en la forma de ejercer el poder.
Antes hubo un discurso de estigmatización y difamación contra los grupos opositores, incluidos los medios de comunicación y periodistas críticos, que degradó el lenguaje público y coartó gravemente la libertad de expresión. Sin mencionar que polarizó el ambiente político. En pocas palabras, discrepar era un asunto condenable que merecía las peores condenas del poder.
La censura, las sanciones administrativas, la persecución política, los amagos judiciales, los encierros injustificados y los destierros fueron algunas de las acciones que se llevaban a cabo para contrarrestar a la oposición. La advertencia para los críticos era la censura o pagar las consecuencias. Con decir que muchos de mis colegas fueron encarcelados y otros tuvieron que huir de Chiapas para no caer en la cárcel o salvar su vida. Ejemplos hay muchos.
Esta prohibición a pensar distinto, criticar y cuestionar al gobierno alcanzó no sólo a los medios y periodistas, sino también a líderes sociales, políticos y campesinos, grupos ambientalistas, defensores de los derechos humanos, dirigentes magisteriales y obreros, activistas y hasta académicos.
Como miembro del gremio periodístico chiapaneco puedo afirmar que durante todo el sexenio de Escandón Cadenas se pudo ejercer la crítica sin ser censurado, amenazado o perseguido. Se respetó la libertad de expresión.
Recuerdo que en anteriores administraciones a los editores y columnistas les imponían lo que tenían que publicar o, como se dice en el argot periodístico, les tiraban línea. A veces eran sólo ideas para formar el texto, pero por lo regular les mandaban el texto completo que tenía que publicar sin modificarle una sola coma. Una aberración.
¿Por qué lo permitían los dueños de medios y periodistas? Porque no les quedaban otras opciones. O era eso o ser reprimido de alguna forma. Quizá a pasar una temporada fuera del estado o la sombra.
¿Sabe qué fue lo peor? Que se distorsionaba la realidad mediante la difusión de mentiras, hechos maquillados, logros inexistentes y el reprobable ocultamiento de la verdad.
En estos seis años, en cambio, hubo un manejo honesto de la información oficial. El Instituto de Comunicación Social y Relaciones Públicas fue precisamente eso, un instituto, un organismo público donde comunicólogos, periodistas con oficio reporteril y expertos en redacción, liderados por Julio César Rincón Fernández, su director general, un hombre probo, profesional y ético en toda forma, trabajaron para que la información sobre el desempeño gubernamental llegara a las manos de los ciudadanos con claridad, sin frivolidades, con pulcritud, con datos comprobables y, sobre todo, acorde con la realidad.A partir de esa información, de esas crónicas, de esas notas de color y boletines, medios y periodistas pudimos cuestionar, analizar y profundizar sobre el desempeño del Gobierno del Estado y los entes públicos.
Lo que es mejor, se valoró la crítica y se hizo respetar el derecho a disentir de todos los chiapanecos.
UNA GRAN HERENCIA
Nadie con dos dedos de frente podrá negar que el avance democrático de toda sociedad tiene como prerrequisito indispensable la confrontación libre de las ideas. Todo pueblo requiere que sus ciudadanos cuenten con la libertad necesaria para cuestionar verdades que se presentan como absolutas y los medios para ejercerla.
Aplaudo, entonces, que el gobernador Escandón Cadenas haya honrado el derecho a la expresión y manifestación, pues este derecho es fundamental e inalienable: inherente a la vida de todas las personas. Además, es un requisito para la existencia misma de una sociedad democrática como la nuestra.
No se exagera pues cuando se dice que estos seis años han sido buenos tiempos para Chiapas, donde el reconocimiento a la labor gubernamental se recibe de quien venga y se respeta la crítica sin menospreciar el motivo que la genera.
En fin, aquí un gran legado de la administración del gobernador Rutilio Escandón.










