Letras Desnudas
Mario Caballero
Las explicaciones de Gerardo Fernández Noroña tras el vergonzoso altercado con Alejandro Moreno Cárdenas son tan útiles como un par de chanclas para un hombre que se está ahogando.
Las imágenes son claras y todo mundo vio que el primer manotazo lo dio él. Y hacerlo en contra de alguien como “Alito” que está curtido en el combate y siempre ha demostrado que no se sabe dejar de nadie, era obvio que el priista no iba a reaccionar lanzándole un besito y menos echarse para atrás. Lo mínimo que pudo esperar Noroña como respuesta fue un empujón o una andanada de empellones, tal como todos los vimos.
Claro, tanto la respuesta de uno como del otro son inadmisibles. La violencia es el idioma de los salvajes. Sólo los animales y los que por cuenta propia se inscriben en la especie zoológica resuelven sus problemas a golpes.
Lo que ambos políticos hicieron fue exhibirse a sí mismos. Aunque, a la verdad, eso es lo que menos importa.
Es sumamente reprobable que con su acción convirtieron el estrado del Senado en un ring y pusieron de manifiesto que el debate político en México se reduce a eso: a la agresión, a la provocación, a los golpes, a la farsa.
Es cierto, el líder nacional del PRI pudo reaccionar de otra manera. Si bien Noroña fue el que encaró y el que después tiró el primer manotazo, Moreno Cárdenas tuvo la oportunidad de demostrar civilidad política y hasta elegancia. Como decía mi abuela, “si a uno le falta que al otro le sobre”.
Pero a lo que quiero llegar en todo esto es que Gerardo Fernández Noroña, con sus explicaciones, nos quiere ver la cara de tontos. Y no se lo podemos permitir.
SÓLO UN BRAVUCÓN DE CANTINA
Desde siempre, Fernández Noroña ha sido para la política mexicana el bravucón de cantina, y para el grupo de poder al que ha estado aliado, la 4T, es el perro al que pueden soltar para confrontar a los adversarios. De ahí en adelante, no es nada.
Esto podemos verlo en que durante el tiempo que lleva en la política sólo ha tenido tres cargos públicos relevantes. Ha sido dos veces diputado federal, la primera vez en 2009 y la segunda en 2018. Y a partir del uno de septiembre del año pasado, senador de la República, que el partido en el poder le concedió por prestarse al juego de las corcholatas del expresidente AMLO, del cual terminó en un tercer lugar, detrás de la presidenta Sheinbaum y Marcelo Ebrard.
Y para que quede más claro que su papel es como el perro de la casa, al que sueltan cuando hay que cuidar y amarran cuando no, ni siquiera le respetaron ser el líder de la bancada morenista en el Senado, que era la promesa para el que quedara en tercer lugar en la contienda por la candidatura presidencial.
De este modo, mediante una larga súplica ante la cúpula morenista, le dieron como premio de consolación ser presidente de la Mesa Directiva en el primer año de la legislatura.
Después de eso, Noroña no ha ganado nada importante. Ni siquiera ha sido regidor. No sabe lo que es gobernar.
Todo lo contrario, ha vivido siempre del escándalo. Es un profesional del insulto. Agrede, infama, provoca, amenaza, da manotazos en la mesa y, al final del día, se va a disfrutar en privado todo lo que critica y reprueba públicamente. Como viajes de placer al extranjero, camionetas de lujo, comidas en restaurantes sofisticados y todo aquello que entra en la descripción de fifí.
¿VÍCTIMA?
Así, y por lo que vimos en los videos de su pleito con Alejandro Moreno en el Senado, no puede salir a decirse la víctima. Menos todavía armando un teatrito donde disfrazó de herido y magullado a su fotógrafo personal. Sí, la persona que apareció detrás de él en la conferencia de prensa posterior al desaguisado con collarín y un cabestrillo improvisado con vendas es su propio empleado.
Dígame usted si no es una burla. Si su fotógrafo tenía una lesión en el cuello, ¿por qué le colgaron el cabestrillo en el cuello? Obvio, porque no tenía nada. Y en las imágenes se ve a este sujeto salir de la sala como si no hubiera pasado nada. Quizá salió con el orgullo herido. Pues cayó tras el empujoncito que le dio una persona unos 30 centímetros más bajito que él.
Lo que Noroña debe informar de su fotógrafo es de dónde obtiene su sueldo y por qué, si no es empleado del Senado, el Senado le entregó 130 mil pesos para acompañarlo en sus vacaciones a Roma en junio de este año.
Esas cosas no lo dice.
Como tampoco que ha vivido y ha amasado una fortuna mediante presuntos negocios, moches y privilegios obtenidos de gobernadores, secretarios de Estado, alcaldes y partidos políticos afines a Morena y la Cuarta Transformación.
Dice ser honesto, pero sobre él pesan señalamientos de corrupción.
Acusa a políticos como Ricardo Anaya, Salinas, Fox, Calderón, Alito, Zedillo, Peña, entre muchos otros, de darse la gran vida a costa del pueblo, pero él no transparenta el origen de su riqueza y sus propiedades.
Hace poco se le fue con todo a la periodista Azucena Uresti, acusándola desde la comodidad de las redes sociales de que posee un departamento en la avenida Paseo de la Reforma, una de las más exclusivas e importantes de la capital del país. Acusación a la que la comunicadora respondió que sí vivió ahí, pero mediante una renta compartida. Abandonó el lugar cuando dejó de trabajar para el Grupo Milenio.
Sin embargo, Gerardo Fernández Noroña es bueno para señalar, acusar y difamar, pero no para aclarar de dónde obtuvo los recursos para hacerse de una casa valuada en 12 millones de pesos en Tepoztlán, Morelos, y la camioneta marca Volvo XC90 cuyo valor actual va de 1.9 a 2.3 millones pesos.
A la sazón, ¿puede decir que los adquirió con dinero de sus ahorros cuando antes de ser senador sólo había tenido dos cargos públicos más otros puestos partidistas de menor pago?
¿Puede alegar ser partidario de la austeridad republicana cuando lleva una vida de lujos y excentricidades? De ninguna manera.
SU MERECIDO
De tal modo, Gerardo Fernández Noroña puede acusar, responsabilizar y hasta maldecir a Alejandro Moreno, pero no puede ocultar que él lo provocó. Y si sale ante el público a lamerse las heridas es porque recibió una cucharada de su propio chocolate.
No lo acepta, ni lo aceptará, obvio, y hasta enviará a sus huestes a defenderlo en las redes sociales.
No obstante, por más misa que diga no podrá en esta vida borrar que por fin hubo uno que lo puso en su lugar, que le quitó lo bravucón y lo exhibió como el pendenciero cobarde que buscar resolver a golpes lo que no puede con argumentos.
PARA MAGDALENA
Prima hermosa, tremenda noticia la que en días recientes dio el dirigente de la Sección 40 del SNTE, Oved Balderas Tovilla, de que en esta quincena los maestros de nivel primaria estarán recibiendo un aproximado de 20 mil pesos cada uno, ya que además de su sueldo les será pagado el apoyo educativo de más de 6 mil 750 pesos y la segunda parte de la compensación nacional única de 5 mil 329 pesos.
Aplaudo estas gestiones por parte del líder magisterial chipaneco, quien desde que asumió la responsabilidad en marzo de 2023 ha logrado grandes beneficios para el profesorado. Como el pago de más de mil millones de pesos del adeudo histórico con los maestros. Sólo esto nos dice que Oved Balderas tiene la camiseta bien puesta.










