David Hearst
Tras una embestida israelí especialmente intensa durante el asedio de Beirut en julio de 1982, el presidente estadounidense Ronald Reagan llamó a Menajem Begin, primer ministro israelí, para exigirle el cese de los bombardeos.
«Aquí, en nuestros televisores, una noche tras otra, se le muestran a nuestro pueblo los signos de esta guerra, y es un holocausto», afirmó Reagan.
A diferencia del demócrata que ocupa hoy la Casa Blanca, un presidente republicano norteamericano pudo y estuvo dispuesto a respaldar sus palabras con hechos. Estados Unidos detuvo las municiones de racimo y la venta de F16 a Israel.
Las cifras de víctimas de la guerra del Líbano varían enormemente. Según las estimaciones libanesas, murieron 18.085 libaneses y palestinos en los cuatro meses posteriores al lanzamiento de la invasión. Las cifras de la OLP fueron: 49.600 civiles muertos o heridos.
En sólo dos meses, Israel ha matado a una cifra semejante de gente, pero ha infligido un nivel de destrucción mucho mayor en Gaza.
Según los analistas militares entrevistados por el Financial Times, la devastación israelí del norte de Gaza, donde el 68% de los edificios habían sido destruidos el 4 de diciembre, está a la altura de los bombardeos aliados de Hamburgo (75%), Colonia (61%) y Dresde (59%). Esto es lo que les ocurrió a estas ciudades tras dos años de bombardeos.
Casi 20.000 palestinos, de los cuales el 70 % son mujeres y niños, han sido asesinados en la mitad del tiempo que se tardó en obligar a la OLP a abandonar Beirut Occidental en 1982. Y aun así, no se ha saciado la sed de sangre de Israel por el ataque de Hamás del 7 de octubre.
Expresando el sentir popular, Zvi Yehezkeli, corresponsal de asuntos árabes del Canal 13, declaró que Israel debería haber matado a 100.000 palestinos. Daniella Weiss, jefa del Movimiento de Colonos Israelíes, dijo que hay que erradicar Gaza para que los colonos puedan ver el mar.
Tierra sagrada
A diferencia del asedio de Beirut o de las matanzas de 1982 en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, el bombardeo nocturno de Gaza lo está retransmitiendo en directo Al Yazira.
Millones de árabes no pueden dejar de presenciar las escenas de horror en tiempo real. Una anciana de 91 años de Ammán (Jordania) le dijo a su hijo que le daba vergüenza comer delante de la televisión mientras Israel mataba de hambre a Gaza.
La inanición masiva forzada no es una hipérbole.
Human Rights Watch acusó a Israel de utilizar la inanición masiva como arma de guerra. La política gubernamental de matar de hambre a Gaza fue confirmada por Miri Regev, ministra de Transporte, que preguntó en una reciente reunión del gabinete si la inanición podía afectar a los dirigentes de Hamás. Sus colegas tuvieron que corregirla diciendo que la hambruna era un crimen de guerra.
El efecto que están teniendo estas imágenes es una catástrofe no sólo para este gobierno, o para cualquier futuro gobierno de Israel, sino para cuantos judíos decidan quedarse en esta tierra cuando este conflicto termine por fin.
La destrucción de Gaza está sentando las bases para otros cincuenta años de guerra. Generaciones de palestinos, árabes y musulmanes no olvidarán nunca la barbarie con la que Israel está desmantelando hoy el enclave. Gaza, en sí misma un gran campo de refugiados, se está convirtiendo en tierra sagrada.
La caída en picado del apoyo a la AP
Hay israelíes que entienden el mensaje. Ami Ayalon, antiguo jefe del Shin Bet y comandante de la Marina, es uno de ellos. Ayalon ha identificado una debilidad fundamental del pensamiento convencional en los círculos de seguridad israelíes.
Le comentó a Aaron David Miller, analista norteamericano de Oriente Próximo, que mientras que el ejército israelí veía la victoria a través del prisma del poder duro -cuanta más gente mate y más destruya, más cree que ha ganado-, Hamás considera la victoria a través del prisma del «poder blando» -cuantos más corazones y mentes haya ganado, mayor será la victoria-.
Los israelíes están cometiendo el mismo error que cometieron los franceses en Argelia cuando mataron entre medio millón y un millón y medio de argelinos, que constituían entre el 5% y el 15% de la población, entre 1954 y 1962, pensando que así ganarían la guerra. Sin embargo, al final de la guerra tuvieron que marcharse y conceder a Argelia su independencia.
No otra cosa puede explicar el espectacular ascenso de Hamás en las encuestas en Cisjordania, Jordania e incluso en lugares como Arabia Saudí, donde los dirigentes han intentado conscientemente enterrar la guerra celebrando festivales.
Khalil Shikaki, encuestador muy respetado de la OLP nada amante de Hamás, descubrió que el 72 %de los encuestados creía que Hamás había hecho «lo correcto» al lanzar su ataque el 7 de octubre, con un 82% de apoyo en Cisjordania.
Al mismo tiempo, el apoyo a la Autoridad Palestina (AP) se había desplomado en consecuencia. Según Shikaki, el 60% quería su disolución.
Una serie de valoraciones de los servicios de inteligencia norteamericana confirman el meteórico aumento de la popularidad de Hamás desde el comienzo de la guerra. Funcionarios familiarizados con las distintas valoraciones afirman que el grupo se ha situado con éxito en partes del mundo árabe y musulmán como defensor de la causa palestina y eficaz combatiente contra Israel, según ha informado la CNN.
Son malas noticias para todos aquellos países -con los Estados Unidos, por supuesto, a la cabeza- que piensan que la AP puede sustituir a Hamás en Gaza. No se trata sólo de cifras. Es la nueva realidad política posterior al 7 de octubre.
Cualquier grande de Al Fatah que diga lo contrario se ve inmediatamente cuestionado. Mohammed Dahlan, un pez gordo palestino en el exilio siempre ambicioso, y su clan suenan hoy como antiguos partidarios de Hamás, no como antiguo eje de un complot internacional para desplazar a Hamás de Gaza en 2007, una vez que ganó las elecciones libres del año anterior.
Acuerdo cerrado
Pero el sucesor del presidente de la AP, Mahmoud Abbas, recién ungido, Hussein al-Sheikh, secretario del comité ejecutivo de la OLP, sigue sin entender el cambio de ánimo en Ramala.
En declaraciones a Reuters, Sheikh arremetió contra Hamás afirmando que había librado cinco guerras contra Israel desde 2008 y que no había llegado a ninguna parte enfrentándose militarmente a la ocupación.
“No es aceptable que algunos crean que su método y enfoque para gestionar el conflicto con Israel era el ideal y el mejor”.
“Después de todo esto [matanzas] y después de todo lo que está ocurriendo, ¿no merece la pena hacer una evaluación seria, honesta y responsable para proteger a nuestro pueblo y nuestra causa palestina?”
«¿No merece la pena debatir cómo gestionar este conflicto con la ocupación israelí?». declaró Sheikh.
En cuanto a que la AP se hiciera cargo de Gaza tras la guerra, Sheikh pareció dar a entender que se trataba de un acuerdo cerrado. Dijo al Canal 12 de Israel que Israel y la AP habían acordado un mecanismo que permitiría a la Autoridad recibir los fondos retenidos desde el comienzo de la guerra.
Sheikh tardó sólo dos días en dar un giro de 180 grados a sus ataques a Hamás. Se le preguntó cómo un líder de Al Fatah, que obtuvo un 3% en las urnas, podía criticar a Hamás, que obtuvo un 48%, en su propio terreno.
En declaraciones a Al Yazira, Sheikh afirmó que sus comentarios sobre la responsabilidad de Hamás habían sido «tergiversados»: «La Autoridad Palestina es la primera en defender a la resistencia», declaró a Al Yazira, nervioso.










