Razones
Fernández Menéndez
Washington, 5 de febrero. Estoy en esta ciudad, helada y cubierta de nieve, en una reunión sobre narcoterrorismo convocada por el CPAC, una organización de financiamiento Donaldo Trump, y por el partido republicano de México. Hay representantes del PRI y del PAN, pero muchos méxicoamericanos, legisladores, funcionarios, la más importante Sara Carter, la nueva zar antidrogas de los Estados Unidos.
El tema obviamente es México, la colaboración binacional y hay muchas voces diferentes y en su mayoría criticas, pero la visión general no pasa por intervenciones militares y otros extremismos (aunque también los hay) sino por una exigencia de colaboración, de definiciones del gobierno mexicano y, sobre todo de tener mayor eficacia a la hora de desmantelar no sólo grupos criminales sino también sus redes de protección.
Me pidieron una colaboración sobre el tema y para este encuentro y este es un extracto de de ella.
El del fentanilo es un desafío global y no podrá ser contrarrestado sin una estrategia por lo menos binacional entre México y Estados Unidos. Pero la crisis del fentanilo trasciende a los dos países y tiene un tercer actor que es fundamental: China.
Hay un elefante en la sala cuando se habla de fentanilo y es China.
El tráfico de fentanilo se sustenta en un trípode: China que provee los insumos, México que lo produce, y Estados Unidos que lo consume. El lavado de dinero se da en sentido inverso: los recursos que genera el fentanilo se lavan primero en Estados Unidos en muchas ocasiones a través de la banca clandestina china y desde allí se limpia para que ingrese al sistema financiero y se alimenta a los narcotraficantes y a los laboratorios que venden la droga.
Las redes del cártel de Sinaloa y del CJNG, operan con grupos vinculados con la banca clandestina china para blanquear recursos, lo hacen a través de casas de cambio clandestinas que envían el dinero hacia el extranjero vía criptomonedas.
Cuando comenzó la crisis de los opiacios en Estados Unidos, el cártel de Sinaloa, a través de los hijos del Chapo Guzmán, descubrió las posibilidades del fentanilo. Era una forma de suplantar los opiacios a través de una droga potente fácil de producir y traficar, muy barata y que dejaba unas enormes utilidades. El problema es que mataba por sobredosis con mucha facilidad.
Matar nunca fue un problema para los narcotraficantes y comenzó la fabricación y la venta masiva de la nueva droga. La pregunta es cómo se hicieron los chapitos de ese mercado, cómo se asesoraron, quien les comenzó a vender el producto. Y sabemos que fue a través de China que estaba comenzando en ese momento la guerra comercial con Estados Unidos, era el final del gobierno de Barack Obama y el inicio de la primera presidencia de Donald Trump.
Los primeros laboratorios de fentanilo en Sinaloa que encontró el ejército mexicano estaban controlados por químicos de origen chino. Poco después China, en 2019, abandonó los controles aduaneros para la venta de fentanilo. Fue cuando se detonaron la producción, el consumo y también las muertes, en México y en Estados Unidos.
El gobierno de López Obrador, ese mismo año, impuso la estrategia de abrazos y no balazos con los traficantes. Al mismo tiempo comenzaban las caravanas migrantes hacia la frontera binacional. Es una hipótesis de inteligencia, pero se podía pensar que se trataba de una estrategia de pinzas: por una parte, presionar con la venta de fentanilo y las muertes por sobredosis, por la otra con un enorme tráfico de migrantes, muchos de ellos enviados o expulsados de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Ese tráfico de migrantes también era controlado por los cárteles.
Para México y para Estados Unidos fue terrible. El empoderamiento criminal alcanzó niveles inéditos, obtuvieron enormes recursos, mientras gozaban de una actitud por lo menos ligera de las fuerzas de seguridad, muchas de ellas penetradas por los grupos criminales y con formas de expoliación de la sociedad en México que pasó del tráfico de drogas y personas, a la extorsión, el robo, el secuestro, el control de la prostitución en las grandes ciudades.
Los grupos del narcotráfico adoptaron, empoderados, la forma de organizaciones terroristas, imponiendo el miedo y buscando también mayores espacios políticos. En Estados Unidos unos cien mil muertos por sobredosis de fentanilo al año, en México 200 mil asesinatos y 80 mil desaparecidos en seis años fueron el costo de esa estrategia.
¿Se puede acabar con las redes de tráfico de fentanilo y otras drogas?Se pueden reducir drásticamente sus operaciones. Pero el esfuerzo debe ser continuado, debe ser por lo menos binacional y debe tener una visión de futuro clara y global.
Partamos de un principio: México es y debe ser parte de América del Norte, en comercio, en economía pero también en política y seguridad, debemos tener una visión hemisférica de los problemas, incluyendo la migración, las drogas y el fentanilo.
A los grupos criminales se los debe combatir con inteligencia y con la fuerza. Y en ambos sentidos, inteligencia y fuerza, México y Estados Unidos deben trabajar juntos, con información, con operativos y con objetivos claros.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum ha detenido a 40 mil personas y desmantelado 4 mil laboratorios pero si no se rompe con las redes de protección y complicidad en el ámbito político, económico y de gobierno, esas redes se regeneran, vuelven a construirse.
Eso es lo que el gobierno de México no ha hecho aún, pese a un cambio profundo en su estrategia de seguridad. Ese es el desafío actual y la definición que mucho más temprano que tarde tendrán que tomar Claudia Sheinbaum y su gobierno. Es una decisión que no admite salidas intermedias.










