El Cardenal

J Roberto Morales Figueroa

«Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y convertirse en algo más, entonces eres un líder.» (John Quincy Adams – Sexto Presidente de los Estados Unidos de América)

Churchill, Mandela, Thatcher, Cárdenas y algunos pocos más, son personajes que innegablemente cambiaron a su patria y dirigieron sus destinos en momentos complejos. Y es que para dirigir se necesitan ganas de hacer un cambio. Y para hacer un cambio verdadero se necesita de un ejercicio responsable del poder.

Gobernar es principalmente tomar las decisiones necesarias, las decisiones difíciles, aunque no necesariamente sean las más populares. Para hacer esto se requiere determinación y convicción, tener la firme resolución de cumplir con el deber a pesar de las circunstancias. Una aproximación a esto -pueda o no comulgarse con el personaje- es el libro del Presidente Felipe Calderón Hinojosa: “Decisiones Difíciles”. En él expone ciertos episodios, y pone contexto a las circunstancias. Y es que las decisiones que se tomen al interior de un gobierno influyen de manera directa en varios aspectos de la vida, una elección en educación puede repercutir en la economía y el desarrollo social. Muchas veces representan verdaderos dilemas éticos.

Un buen gobernante es aquel que lidera con integridad y empatía, toma decisiones basadas en el bienestar de la sociedad y fomenta la participación ciudadana. La transparencia y la rendición de cuentas en el ejercicio del poder son fundamentales, la confianza construida entre gobernante y gobernado es esencial. La adaptabilidad que pueda demostrar a un mundo tan volátil como el actual, y la capacidad de aprender de los errores, definen a un gobernante efectivo y comprometido con el progreso.

En el contexto de un año tan importante y determinante para México, quiero enlistar algunas de las cualidades que considero, debe tener cualquier persona que aspire a gobernar. No están escritas en piedra, pueden ser más, pero considero que mínimamente es lo que debemos buscar:

  1. Integridad: El actuar con honestidad y ética mantendrá un vínculo de confianza vital entre sociedad y gobierno.
  2. Empatía: Ponerse en los zapatos del otro es comprender y responder a sus necesidades. Mostrar sensibilidad hacia sus preocupaciones.
  3. Liderazgo: El hecho de guiar con visión y determinación, inspirando a otros a seguir un camino positivo es determinante. Un liderazgo correcto pretende influir de manera positiva.
  4. Transparencia: Ser claro y abierto en la toma de decisiones, principio fundamental del buen gobierno.
  5. Capacidad de Escucha: Porque nadie es dueño de la verdad requiere de un ejercicio muy profundo de introspección personal. Estar dispuesto a escuchar las opiniones de los que piensan distinto fomenta la participación y ayuda a la toma de mejores decisiones.
  6. Adaptabilidad: Ser capaz de adecuarse a cambios y desafíos, ajustando políticas según sea necesario.
  7. Responsabilidad: Asumir el compromiso por las decisiones y acciones tomadas, dispuesto a la rendición de cuentas. El gobernante que se exija a sí mismo, exigirá al resto.

Los líderes serán aquellos que impulsen a otros, y que entiendan que asumir los costos de las decisiones fundamentales presentes, son necesarias para tener un futuro, esa es la verdadera planeación a largo plazo. Una visión de largo plazo que abogue por un duradero desarrollo del individuo, y por ende de la sociedad, sentará las bases para el progreso real y sostenible, ese que realmente necesita México.

@moralesbeto_

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