El Cardenal
J Roberto Morales Figueroa
“México va a cambiar. Y va a cambiar contigo, va a cambiar contra ti, o va a cambiar a pesar de ti, pero va a cambiar.” (Manuel Jesús Clouthier del Rincón “El Maquío” – Candidato Presidencial, 1988)
Manlio Fabio Beltrones es uno de los últimos políticos priístas representativos de la institucionalidad con la que el otrora partido dominante gobernó México. Hoy busca un escaño en el Senado de la República. Atrevido porque irá en segunda formula, lo que quiere decir que su destino político actual está atado necesariamente al de Lilly Téllez, quien va en primera fórmula.
Recordemos algo: El PRI es un partido político minoritario, pero una cultura política mayoritaria.
En una entrevista reciente, Beltrones relata una anécdota sintómatica de México, su política, su borocracia, sus políticos y “políticos”:
MFB: “(…) En alguna ocasión en una ciudad de aquí de Sonora, se me acercó una señora y me dijo: “Oiga licenciado, mi hijo ya entró a la política”. Le dije, ah muy bien doña Jesusa, muy bien. ¿Y qué hace su hijo? “Ah, es que lo nombraron subdirector del Catastro.”
MFB: “Le dije: no doña Jesusa, su hijo entró a la burocracia, pero no a la política.”
MFB: “¿Pero no has visto tú (al entrevistador) que en algunas ocasiones hay quienes se confunden que piensan que son políticos porque les dieron un cargo en el gobierno, que de paso hasta lo ejercen mal? Así es como llegan después a desprestigiar el noble ejercicio de la política (…)”
Y digo que la anécdota es sintomática de México, en sus tres niveles de gobierno, porque llegan personajes a las oficinas gubernamentales que no dan una. Y a las de los partidos políticos también.
Muchos se confunden, y piensan que que son políticos solo porque ocupan un lugar en el gobierno. Cuántas veces no hemos padecido la arrogancia burocrática del Jefe de Oficina -y de ahí para arriba- que, por andar pegando calcas recibió una responsabilidad administrativa.
Y anécdotas como la anterior hay muchas, tantas como conversaciones al ajo de la política se desarrollen. Pero también está el otro lado de la moneda. La del que ocupa un puesto político y no hace otra cosa que andar exhibiendo su falta de oficio.
Ahí salió hace unos días Marko Cortés -líder máximo de la muy leal oposición- a exihibise en su cuenta de Twitter (ya se que se llama X, pero nadie le dice así), y exhibir a sus contrapartes, respecto de acuerdos que tomaron, y firmaron, porque como que no muy se tienen confianza. Ahora hasta Senador quiere ser.
O Adrían Rubalcava, el autodenominado “Dragón” -hágame el favor- a despotricar en contra del presidente de su expartido. Se supone que va en su tercera vez como Alcalde, ya fue Asambleista en la CDMX, y con un camino recorrido como ese, lo menos que se espera es prudencia.
Caras nuevas y campañas nuevas no deben ser sinónimo de hacer cosas sin sentido. Lo que hace un día sí y el otro también Samuel García, que lejos de querer solucionar los problemas de su estado, lo que busca es popularidad. Por cierto, quedó medio bravo porque no le salió la chicana para imponer a su sucesor, por eso se bajó.
En algunas ocasiones le he escuchado decir a Noroña que “En política se construye con lo que se tiene, no con lo que se quiere”. Pero ni modo que no se puede “más escogidito” … Es pregunta.
Afuera hay millones de hombres y mujeres muy capaces, esperando ser tomados en cuenta. Que se han preparado, que han luchado, que todos los días buscan una oportunidad. Basta con voltear a ver y conversar con nuestros amigos y familiares para dar cuenta de ello.
Es verdad, las campañas se tratan de sumar esfuerzos, pero hay que ser conscientes que los esfuerzos que se deben sumar deben ser los mejores, nobles y leales, por el bien de nuestra tierra. Aquí viveron nuestros abuelos y nuestros padres, aquí vivimos nosotros, y seguramente vivirán nuestros hijos.
La política es un ejericio noble, debe ser transparente y congruente. Es el espacio desde el que, por sus alcances, se puede hacer el mayor bien al mayor número. México será diferente, no porque llegue este o aquel, sino porque los ciudadanos vamos a entender que nuestra participación es la que define el rumbo de nuestra patria. Seamos nosotros el gran movimiento para el cambio.










