De aquí y de allá
Salvador Monroy Ordaz
@SalMonOrd
Vacunación: si no es universal y simultánea, servirá de poco
Durante los primeros meses de la pandemia, cuando además de la crisis de salud comenzó a vislumbrarse el enorme daño económico que se estaba generando, fueron varios los ministros de finanzas de diversos países, incluyendo al Secretario de Hacienda mexicano, que alertaron que la recuperación económica dependería casi exclusivamente del desarrollo de una vacuna.
Ahora que la vacuna ya existe y comienza a ser aplicada de manera desigual en todo el mundo, debemos tener en claro que el vacunar a todo un país no será de mucha utilidad, al menos en términos económicos, a no ser que también se vacune a la totalidad de los países vecinos y a los países con los que se tengan lazos migratorios, turísticos o comerciales. En otras palabras, o se vacuna a todo el mundo en un plazo razonable de tiempo o la economía global tendrá que seguir funcionando a medias en modo pandémico. Escatimar en la distribución y aplicación de vacunas para los países pobres puede convertirse en un desastre mundial.
Si algo ha demostrado el virus es que puede moverse a velocidades asombrosas. Le tomó pocos meses salir de la ciudad china de Wuhan e infectar a las grandes ciudades europeas y norteamericanas, a Irán, Sudáfrica y a América del Sur, siempre de manera devastadora. Esto es más preocupante si tomamos en cuenta que Wuhan no es un centro exportador o comercial de las dimensiones de Shanghai o Shenzen, ciudades de más del doble de tamaño y con enorme tráfico aéreo y marítimo hacia el resto del mundo.
No es entonces descabellado pensar que nuevos brotes de contagio podrían repetirse en otros espacios si algún núcleo poblacional carece de vacunación. Hasta ahora ha habido países que por una razón u otra han sido poco afectados, pero que tienen vías de comunicación física con otros donde la vacunación no tiene para cuando comenzar. Incluso la plena vacunación no es garantía, pues aún no se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo de inmunidad generan las diversas vacunas, y sus tasas de efectividad, cercanas al 95% en pruebas clínicas controladas, probablemente bajen hasta un 75% al ser aplicadas masivamente.
Así, es ingenuo pensar que un brote epidémico en el África Subsahariana, donde viven cerca de 900 millones de personas, que hasta ahora han tenido relativamente pocos contagios y donde se espera poder a empezar a vacunar hacia finales del año, no pueda llegar rápidamente al Norte del continente y de ahí avance a Europa y Oriente Medio. Mismo caso para India, Pakistán y Bangladesh, con 1,700 millones de habitantes, o el Sureste asiático, que entre Indonesia, Filipinas, Vietnam y Tailandia reúne a otros 600 millones de habitantes.
Más cerca de casa está el caso centroamericano. Podríamos imaginar que un brote masivo ahí obligaría a cierres de fronteras terrestres, desde Tapachula hasta Chetumal, con el consiguiente impacto económico para nuestras ciudades. Así las cosas, el gobierno mexicano deberá promover que nuestros vecinos al Sur cuenten con suficientes dosis, ya sea mediante el mecanismo CoVax o, de ser necesario, mediante donaciones directas de nuestros propios inventarios. Mientras más pronto se acuerde un mecanismo regional de vacunación sincrónico, más rápido llegará la reactivación económica.









