Ainer González / Javier Mendoza / Carlos Rosales / Edén Gómez / Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
En Chiapas, como el resto de México, los anexos —también conocidos como albergues para la rehabilitación de personas con adicciones— representan una opción frecuente para aquellos que buscan o necesitan ayuda en el tratamiento contra las drogas y el alcohol. Sin embargo, detrás de la promesa de una recuperación, muchos de estos centros operan sin cumplir con los estándares básicos de seguridad, salud y derechos humanos, exponiendo a los pacientes a abusos y condiciones inadecuadas.
Esta situación ha motivado múltiples esfuerzos sanitarios y legislativos para regular estas instituciones, aunque sin resultados.
De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009, los anexos y centros de rehabilitación para adicciones deben seguir lineamientos estrictos. Esta normativa establece que dichos centros deben contar con personal capacitado, condiciones de higiene adecuadas, y ofrecer un ambiente seguro para los internos.
Además, especifica que los ingresos de pacientes deben ser voluntarios, salvo casos excepcionales autorizados por una autoridad competente, lo que también implica un proceso de notificación a las autoridades si se opta por un ingreso involuntario.
Pese a la existencia de la NOM-028, la supervisión de los anexos es limitada, y muchos operan fuera de la ley. De acuerdo con un informe publicado en la revista Pluralidad de la Cámara de Diputados, numerosos centros carecen de registros ante el Consejo Nacional contra las Adicciones (CONADIC) y no cumplen con los protocolos para tratamiento, lo que permite la existencia de prácticas de aislamiento, abuso físico y psicológico, así como el hacinamiento y condiciones antihigiénicas en muchas instalaciones.
Ante esta realidad, ciudadanos demandan una regulación más efectiva y estricta para estos establecimientos, de modo que se garantice un trato digno y el respeto a los derechos humanos de los internos.
Las autoridades de salud, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), tienen la responsabilidad de monitorear a estos centros, pero la supervisión insuficiente y los vacíos en la normativa han permitido que algunos anexos se conviertan en lugares de violencia y abusos sistemáticos.
El Estado, incompetente en la materia
Desafortunadamente el “Estado” no cuenta con los establecimientos suficientes para atender estos problemas, por lo que los albergues terminan haciendo una función social muy importante, dijo Carlos Hiram Culebro Sosa, docente del Instituto Superior de Estudios de Enfermería del Estado de Chiapas.
“El ingreso debe ser voluntario, sin embargo, esto no siempre sucede, muchas veces los familiares esperan que el sujeto esté intoxicado, alcoholizado por completo y lo llevan a uno de estos sitios, y cuando despierta el sujeto ya está albergado”.
La mayor parte de los albergues, señala el especialista, son coordinados por personas que anteriormente habían estado recluidas en uno de estos lugares por la fuerza, pero que les sirvió en su recuperación.
“A la pregunta de ¿En quiénes de ellos el ingreso había sido voluntario? Les pedí que levantaran la mano y nadie lo hizo, el comentario generalizado fue: “Si no me hubieran llevado ya estaría muerto”.
Además, señaló que las personas que fallecen en estos lugares, son personas que se encontraban en muy mal estado de salud y que, por obvias razones al ingresar a los albergues, solo llegan a bien morir ahí, por lo que el aspecto que se maneja socialmente en que las personas mueren por maltrato, es falso, “ya que, si ellos fueran muertos por negligencia, muchos albergues estuviesen cerrados y muchos dueños estuviesen encerados”.
Para evitar que no exista publicidad falsa en donde se diga que los albergues llevan un programa de AA, o que no tienen los documentos necesarios para poder operar, la Secretaría de Salud debe hacerse cargo de ellos.
“La Secretaría de Salud tiene la obligación de cuidar el estricto cumplimiento, pero los establecimientos de este tipo están por donde quiera. Creo que hay más que los establecimientos que llevan XX en su nominación, entonces no pueden estar pendientes del funcionamiento normal y acuden solo cuando hay una situación irregular”.
Aunque están regulados, dice especialista
Culebro Sosa explicó que los albergues o anexos son lugares a los cuales hay que prestarles atención por la función que realizan socialmente.
“Están regulados en el sentido de que existe una Norma Oficial Mexicana, que regula los servicios que se deben proporcionar, algunos establecimientos de manera residencial, otros no residencial, estos grupos llamados albergues son de ayuda mutua”.
Estos albergues, dijo, prestan un servicio muy importante, ya que son una forma de contención para estas personas que en mal estado pudieran estar circulando en la calle y poder dañar a terceros.
“Se dan circunstancias como de aquellos internos que se quejan de muy malos tratos y pide y exigen a su familia ser dados de alta, estos malos tratos se deben dar en algunos lugares, pero no tanto como quizá se imaginen las personas, el pensar que el maltrato es la regla en estos sitios, es como pensar que los profesores siguen controlando a los alumnos”.
AA no cuenta con albergues
Los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones, y clínicas especializadas son, para la Secretaría de Salud, los lugares indicados para el tratamiento de problemas de consumo y abuso de sustancias.
Al estar regulados, cuentan con un abordaje profesional que está lejos de los anexos o albergues, a los que en muchas ocasiones son llevadas las personas, en un acto desesperado de sus familiares.
Independientemente del espacio que ofrecen los grupos de Alcohólicos Anónimos, hay personas que requieren además un tratamiento psiquiátrico por los daños que ha provocado el abuso de alguna sustancia, y es ahí donde el abordaje médico y terapéutico son fundamentales.
Para muchos enfermos en recuperación no ha sido un camino fácil, sobre todo si sus mismas familias son quienes los llevan a los llamados anexos, en donde no pocas veces se denuncian malos tratos.
La Central Mexicana de Servicios de Alcohólicos Anónimos (AA) se ha deslindado desde años de casas, albergues, anexos y granjas que, usando sus colores o emblemas, dicen emplear el programa de 12 pasos.
También, aclaran que sus grupos son de asistencia voluntaria, anónima, en los que no se permite el abuso físico ni psicológico.
No cumplen con el objetivo de rehabilitar
Actualmente, la situación en contexto a los centros de rehabilitación en el estado de Chiapas ha generado controversia, principalmente porque existe inconformidad de quienes los usan, derivado de que hay maltratos, agresiones y, sobre todo, que no se cumple con el objetivo que es rehabilitar al paciente.
Esto prácticamente se ha vuelto un negocio, sin embargo, hay instancias que tienen a cargo la revisión y seguimiento de estos establecimientos en Chiapas, como es la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios, perteneciente a la Secretaría de Salud del estado, que asegura que se han realizado verificaciones en toda la entidad.
Al respecto de esto, Gerardo Castillejos Castillo, verificador sanitario de esta dependencia, señaló que esta dependencia realiza el monitoreo de los lugares que se han denominado anexos de acuerdo al artículo 5, el cual refiere que deben estar dados de alta y cumplir con diversas normas, principalmente el aviso de funcionamiento.
Señaló que se mantiene una verificación en todo el estado y actualmente se han identificado por lo menos 21 establecimientos de este tipo. “En lo que va del año se han visitado 21 establecimientos en diferentes municipios del estado, principalmente, Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y Ocosingo, entre algunos otros; en aquellos municipios que cuentan con estos servicios se han suspendido nueve establecimientos en total por diversas situaciones, principalmente porque no cumplen”.
Reconoció que en caso de que no existan los requerimientos necesarios, estos negocios o establecimientos se vuelven un riesgo: “Si no están dados de alta, están como irregulares y el estar como irregulares, si no los hemos identificado, aún están trabajando en dudosas condiciones, lo cual se transmite en que son un riesgo para la salud de las personas”.
Noel Tamayo; un hecho de superación de las drogas
Noel Tamayo Gálvez lleva dos años y seis meses luchando en un anexo. Desde los 16 años se volvió un adicto de las drogas y cada vez, se le hacía más complicado salir de esta situación porque comenzó a probar otros tipos de narcóticos.
“Desde la preparatoria, comencé a probar la marihuana, posteriormente, el alcoholismo y luego decido salirme de casa como todo adolescente rebelde y ahí es la parte donde más me hundo entre el sexo y las drogas”. Luego, mis supuestos amigos o, mejor dicho, malas influencias me incitan a probar la cocaína y el cristal y poco a poco soy más adicto a las anfetaminas”, recalcó.
Dijo que, esta enfermedad es muy progresiva y mortal y aclaró que, como no tenía muy claro la enseñanza de las repercusiones que producía el consumo de estas drogas, no sintió la importancia de quererse a uno mismo.
Hizo recordar que, cuando era un adicto a las drogas, tenía un comportamiento muy agresivo y comenzó a tener mucho conflicto con su hermano mayor, ya que este le aconsejaba y recalcaba que iba en mal camino, pero, como era adicto, estos consejos se volvían una molestia.
“Desde que comencé a consumir estas drogas, me valió mi trabajo que tenía y dejé de ser muy comunicativo con mi familia y sentía que no tenía nada que entablar con mis familiares”. Inclusive, tenía mucha molestia con mi hermano mayor porque, en lugar de tomar sus consejos como algo bueno, más me enojaba como era muy celoso con mi drogadicción”, apuntó.
Sin embargo, cuando sus padres toman la decisión de internarlo en un Centro de Rehabilitación, dijo que, se vuelve un proceso muy complicado, ya que tenía la obsesión de consumir estas sustancias tóxicas, pero hoy en día, recalcó que fue una buena opción, porque ya es una nueva persona.
“La readaptación es muy buena porque hoy en día, puedo entablar una plática, estar quieto y sereno y puedo controlar mi carácter; anteriormente, tenía mucha ira y me enojaba fácilmente”, finalizó.










