Marco Alvarado/ José Salazar/ Edén Gómez/ Cinthia Ruiz/ Ainer González / Fotos: Erick Bustillos / Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
La temporada de estiaje requiere una vigilancia extrema en Chiapas. Tras un 2025 que dejó cicatrices profundas en su biodiversidad, el 2026 proyecta un escenario “adverso” para las regiones de los Valles, Zoque, Frailesca y Selva.
Mientras en las áreas urbanas el peligro latente proviene de lotes baldíos.
Devastación en cifras
Durante el 2025, Chiapas se posicionó como uno de los estados con mayor superficie afectada a nivel nacional. La Fiscalía General del Estado (FGE) reportó un total de 287 incendios forestales, que consumieron una extensión estimada de 38 mil 581 hectáreas.
De estos números, resulta alarmante que el 60 por ciento de los incendios se clasifiquen de origen desconocido, lo que dificulta la prevención dirigida. Sin embargo, el 14 por ciento fueron provocados intencionalmente, superando a las quemas agrícolas y pecuarias.
Mientras que, en el ámbito legal, de las 52 carpetas de investigación iniciadas en 2025, sólo siete fueron judicializadas. El resto permanece en trámite o concluyó mediante salidas alternas, lo que resalta la complejidad de sancionar penalmente estos delitos.
“Efecto lupa”
En la capital chiapaneca, la batalla se libra en los lotes baldíos y cerros circundantes. Eder Mancilla, secretario de Protección Civil Municipal, señaló que desde octubre de 2025 se han ejecutado estrategias preventivas, destacando la creación de más de cuatro mil 500 kilómetros de brechas cortafuego en zonas críticas como el Cerro Mactumatza y las colonias Loma Bonita y Nuevo Amanecer.
Mientras que Eloy Cruz Llaven, coordinador operativo de Bomberos, alertó sobre los “incendios urbanos”, los cuales suman 28 casos en lo que va de 2026.
“El problema son los lotes abandonados. El monte alcanza hasta tres metros de altura y, mezclado con basura y restos de vidrio, genera un efecto lupa capaz de desatar incendios incontrolables”, explicó Cruz Llaven.
Eder Mancilla comentó que, aunque en este inicio de año se han registrado 43 incendios, más que en el mismo periodo de 2025, la respuesta conjunta de las autoridades ha logrado que la superficie afectada sea menor. No obstante, las sanciones, que van desde 36 horas de arresto hasta multas de 50 mil pesos, aún no se han aplicado a ningún ciudadano.
Ciencia y prevención
Laura Ponce, investigadora del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y fundadora del Colectivo “Los Sin Fuego”, advierte que la prevención debe ser pedagógica y no sólo punitiva. La experta destaca que la crisis climática está alterando el comportamiento del fuego, como sucede en las zonas de riesgo, tal es el caso de Cintalapa y Villaflores, que son históricamente los “puntos explosivos” por su sequedad extrema.
Mientras que las áreas selváticas, que antes se protegían por su alta humedad, hoy el fuego avanza fácilmente, debido a las sequías prolongadas.
En opinión de esta especialista, la clave reside en las brigadas comunitarias, quienes deben recibir herramientas y capacitación operativa antes de que la temporada llegue a su punto crítico.
“El fuego no solo consume madera; emite partículas invisibles que viajan por el aire”detalló, Ramón Corzo Toledo, encargado de monitoreo atmosférico de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn), quien advierte que un incendio en Villaflores puede deteriorar el aire de Tuxtla Gutiérrez en cuestión de horas.
Señala que, en la situación actual, las bajas temperaturas y la humedad nocturna han ayudado a dispersar contaminantes, a diferencia del año pasado.
Sin embargo, advierte que debe haber cuidado con los grupos en riesgo, que son niños, mujeres embarazadas y personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
Sin olvidar que, ante una contingencia, se contempla suspender clases de educación física y restringir actividades al aire libre.
Como lo muestran los datos, en Chiapas la temporada de calor es un reto que nos implica a todos, ya que la entidad no sólo lucha contra las llamas en sus bosques, sino contra una crisis de salud pública derivada de la contaminación del aire.










