De hierbas y biomagnetismo para aliviar dolores


Entonces, escribo/Damaris Disner

“¿Tiene mala madre?” pregunta una mujer a la vendedora de plantas del mercado San Juan. “Sí”, le muestra una planta alargada. “No, esa es lengua de suegra”, responde la mujer de cabello castaño. “Entonces no tengo”, exclama socarrona la marchanta.

Escuché la conversación mientras pasaba por el lugar. Y pensé ¿En qué momento los nombres de las plantas se convirtieron en símbolo de machismo? ¿Por qué no llamarla Lengua de Suegro? a la Sansevieria o Mal Padre, a la Callisia fragans que “tira” sus hijos por doquier.

Lo curioso es que la Sansevieria también se le conoce como espada de San Jorge, por su forma alargada, recordando su valentía y fuerza, pero cuando se le compara con la lengua de una suegra no es precisamente por lo mismo.

Amo ir al Mercado de San Juan, que por cierto hoy se celebra el Santo a quien le hace honor, San Juan Bautista. No recuerdo algún año donde no llueva en este día. También se cree que en su víspera se abre un portal holístico. Y sí, entrar al mercado, ubicado en la colonia El Pensil, es acceder a otra dimensión.

En sus largos pasillos puedes encontrar variedad de frutas frescas, hierbas para sanarte del dolor de panza. Por ejemplo, el Cempasúchil seco es genial para aliviarte de la tifoidea. Ese remedio se lo dio mi amiga Alicia a mi hermana, cuando ésta se sentía muy mal. Y lo comprobamos con otra amiga que había probado de todo tipo de medicamento su papá, recomendado por doctores, ninguno le había caído bien. Llevaba semanas mal, hasta que tomó el té de Cempasuchitl y su mejoría fue casi inmediata.

Del mercado, soy fan de las quesadillas hechas con tortillas de mano. Siempre pido las de asada sin queso. Casi no consumo lácteos por recomendación de Héctor Cortés quien cura mis achaques con el biomagnetismo y se lo agradezco tanto.

En una ocasión, me dolían muchísimo las piernas, a cada paso era como si chocaran mis rodillas y qué decir de subir las escaleras de la casa, un tormento que hacía palidecer. Sentí que mis casi 50 años estaban cobrándome la factura. Recordé a Héctor y fui a buscarlo a su antiguo consultorio. Le conté mis males, casi con la lágrima asomándose, porque caminar breves trayectos eran un martirio.

Con su singular aplomo dijo que debía recostarme en la camilla. Realizó el escaneo para diagnóstico y su sentencia fue: Traes altísima la glucosa y la presión. Ay, recordé todos los panes que había comido en las últimas semanas, el queso que saboreaba con deleite y la grasa que con peculiar entusiasmo consumí.

Bajé de la camilla sintiéndome aliviada. Acudí dos días más, en casos severos, es la recomendación. Quedé sorprendida, a la tercera visita me sentía súper bien.

Disfrutaba volver a caminar sin dolor. Y en enero me fui a la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo para disfrutar el Día de la Chiapaneca, junto con mi amiga Cristina Ochoa, que no dudó en unirse a la aventura.

Fue mi gran prueba. Caminé y caminé. Hice todo el recorrido y al entrar a la iglesia, agradecí infinitamente la bendición de recorrer con gozo y agradecimiento las calles de la Heroica Chiapa de Corzo.

Curarse a través de la herbolaria o tratamientos alternativos siempre ha sido mi primera opción, ya en otra ocasión les contaré como me salvé de una cirugía por un pólipo nasal, por lo pronto le he bajado muchísimo al consumo de azúcar y a los lácteos, y escribo más, tal vez por eso me he sentido con entusiasmo renovado.

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