Cafetómano.
Bernardo Figueroa
El Colegio de Bachilleres de Chiapas (COBACH) está viviendo una temporada de telenovela, pero sin comerciales. Viridiana Figueroa García llegó a la Dirección General con una encomienda que, más que un cargo público, parece un exorcismo: limpiar la imagen de una institución que, en los últimos años, ha brillado más por sus escándalos de corrupción y conflictos sindicales que por sus logros académicos. Porque seamos honestos, el COBACH siempre ha estado en el ojo del huracán. En esa institución, el único récord que parece importaba, era el de quién se llevaba más dinero sin que se notara, y para que no se descubriera, implicaba muchas complicidades. Pero Viri no llegó a jugar a las muñecas ni a seguir por el mismo camino de sus antecesores. Su misión es elevar el nivel educativo, además de poner orden y hacer las cosas bien observando la ley, implica algo así como destapar las tuberías de un edificio que lleva décadas acumulando porquería. Y como era de esperarse, los sapos y culebras comenzaron a salir.
Empecemos por los problemas internos. Hay seis sindicatos en el COBACH, todos cortados con la misma tijera, todos con esa mentalidad lampedusiana de “que todo cambie para que todo siga igual”. Los dirigentes sindicales disfrazan sus privilegios de derechos laborales y, cuando algo no les gusta, sacan el manual del amague y el amedrentamiento, ese que siempre les ha funcionado. La novedad es que ahora encontraron a alguien que no se arruga tan fácil. Y eso les duele más que un yeso en la lengua. Afuera del edificio de las Palmas el panorama no es más tranquilo. Resulta que Viridiana, además de directora, se ha convertido en una carta fuerte y natural para la alcaldía de Tapachula o en su defecto, para la diputación federal. Esa posibilidad, que muchos daban por hecho que ya tenían en la bolsa, ahora se les escapó como agua entre los dedos. Y ahí es donde aparece el fuego amigo, que aprovechando la coyuntura, han atizado el fuego para disminuir los kilómetros de distancia que les llevan. Lo curioso es que algunos, con todo y cinismo, se dan tiempo para darle consejos y mandarle una que otra recomendada, mientras le apuñalan la espalda.
La directora del COBACH, también enfrenta los clásicos desestabilizadores de la nueva ERA. Esos personajes que ocupan cargos de segundo nivel y se la pasan oliendo dónde hay ruido, por si acaso la corriente los empuja hacia arriba. No tienen idea de qué va el proyecto, pero saben perfectamente a quién arrimársele para no quedarse fuera; para estos sujetos, “la oportunidad se pinta calva”. Y por último, pero no menos importante, están los que vieron en las direcciones de planteles una oportunidad para hacer proselitismo barato. Con los cambios que Viridiana ha hecho en varias direcciones, se le vinieron encima los intereses de aquellos que usaban las oficinas como agencias de promoción del voto. Ahora que les quitaron el juguete, lloran. Y vaya que lloran feo. Haciendo de lado los temas educativos, Viridiana Figueroa tiene más frentes abiertos que Oxxos. Entre los sindicatos, las y los calientes de Tapachula, los oportunistas del gabinete y los dolores de cabeza de escritorio, parece que el puesto le exige no solo liderazgo, también una dosis diaria de estoicismo con pastillas para la presión, además de un buen equipo. Lo único seguro es que el COBACH, por primera vez, tiene a alguien que no le tiene miedo al switch de la limpieza. A Doña Viri, no le tiembla la mano, tiene el respaldo para continuar con la reestructuración y limpieza del COBACH, sin que ello desgaste el proyecto del Soconusco.










