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La Cumbre de las Américas y su mística

Eduardo Campos Martínez

La Cumbre de las Américas es un encuentro que nace en 1994 como un acercamiento que pretendía alcanzar los acuerdos comerciales necesarios para implementar la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que procuraba entrar en vigor en enero de 2005, pero ante la falta de acuerdos entre los integrantes no pudo concretarse.

Desde su primera sesión a la fecha, se han realizado 8 encuentros ordinarios sumándose una cumbre extraordinaria celebrada en México en 2004, (el conocido por “comes y te vas”). Dentro de este intento de acuerdos, Cuba siempre ha establecido una postura respetuosa, pero sin flexibilidad respecto a su política económica exterior y a los condicionamientos lógicos del desbloqueo absoluto que los Estados Unidos tiene impuesto a la isla desde el siglo pasado. La única Cumbre en la que ha participado Cuba fue la séptima, realizada en Panamá en 2015, la cual tuvo la asistencia de la totalidad de los países de América, el presidente norteamericano era Barak Obama -quien siempre expresó, de dicho, que la unidad de esta región del mundo era necesaria-; en ese contexto resultó congruente la invitación y llegada de mandatarios como Nicolás Maduro, de Venezuela, Evo Morales, de Bolivia y Raúl Castro, de Cuba. Fue la primer Cumbre a la que asistieron los mandatarios de todos los países miembros con voz y voto. Es de recordar que fue en el mandato de Obama donde se flexibilizaron algunas sanciones contra Cuba y las relaciones diplomáticas se restablecieron de alguna manera. La narrativa internacional de Barak Obama pretendía establecerlo como el líder de las américas, conciliador, pacificador y humanista, contrario a las acciones militares que se llevaron a cabo en su periodo.

La última Cumbre de las Américas fue la de 2018 en Perú, en la cual, de último momento, retiraron la invitación a Venezuela, y decidieron invitar y permitir la participación de una comisión de venezolanos opositores al régimen de Maduro. Las declaraciones previas de Maduro y Trump fueron muy frontales y retadoras, junto a la política exterior áspera que caracterizó a Donald Trump. Resultó paradójica la ausencia del mandatario norteamericano a dicho evento.

Para analizar un poco el desarrollo de las Cumbres, así como lo mediática que ha resultado la 9ª sesión a celebrarse el próximo mes de junio en los Estados Unidos, habría que reconocer que se origina con interés puramente comercial. Por otro lado, identificar la política exterior actual del Presidente Joe Biden, donde discursivamente, siendo fiel a los supuestos orígenes democráticos de los Estados Unidos, reitera el autoproclamado papel de defensores de la democracia mundial, señalando, juzgando e interviniendo en las naciones que consideran antidemocráticas o dictatoriales. Aunque de fondo únicamente genera una presión política a fin a sus intereses económicos. Otro dato que es importante resaltar es el contexto que generó el inicio de la guerra de Ucrania y Rusia, donde casualmente México, Cuba y Venezuela no declararon abiertamente su rechazo ante las acciones rusas, por el contrario, algunos de ellos estrecharon lazos con Rusia.

La actual política exterior de México es muy clara respecto al tratamiento de las naciones de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, buscando colocarse en un liderazgo que pueda construir grandes acuerdos y sinergias entre las naciones para afrontar las necesidades sociales que se vieron profundizadas después de la pandemia; bajo esta intención mexicana la postura de exclusión y disparidad de atención en el próximo encuentro de las Américas obliga a expresar un discurso de unidad, pluralidad y respeto entre las 35 naciones que conforman la Cumbre de las Américas. Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos está sumando uno a uno aliados que acepten la invitación en la idea de que el número de ausencias sea la menor y no fracase en el intento de exclusión política justificada por la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Desgraciadamente para las economías americanas, esta gran unión comercial con mucho potencial se ha alejado mucho de la posibilidad de concretarse. La hegemonía económica y armamentista de los Estados Unidos establece un status quo de subordinación ante esta nación, status que no ha sido ni será aceptado por algunos pueblos americanos con principios soberanos y con cargas ideologías de independencia y no intervención. 

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