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Reflexiones, recuerdos y remembranzas desde los medios de transporte de Toronto

Jesús Martínez Soriano

Toronto, Canadá. Los medios de transporte público (trenes, metro, autobuses, tranvías) suelen ser un espacio propicio para la observación, la contemplación y la reflexión, debido a los largos recorridos que, quienes hacemos uso de ellos, solemos realizar de manera cotidiana. Durante los casi tres años que llevo residiendo en esta Ciudad de manera ininterrumpida, todas las mañanas me traslado por autobús y metro para llegar a mi centro de trabajo. Pienso que quizá algunos de quienes hemos viajado con frecuencia en los medios de la Comisión de Tránsito de Toronto (TTC por sus siglas en ingles) no hemos alcanzado a dimensionar sus ventajas, en tanto que otros llegamos a magnificarlas ante la ineficiencia de los sistemas de transporte de muchas de nuestras ciudades, sin poder dejar de incurrir en las incomodas, pero inevitables comparaciones.

Los trayectos de madrugada en Toronto

Todos los días de la semana, invariablemente, alrededor de las 6:00 a.m., antes de salir de mi domicilio, ubicado en el vecindario de Scarborough, al este de la ciudad, para dirigirme a mi centro de trabajo, consulto una de las varias aplicaciones que me indica la hora exacta a la que llegará el autobús que regularmente abordo, el número 20, a la parada más cercana, en la esquina de las avenidas Highview y Lillington. Asistimos a la época del uso generalizado de la tecnología y las aplicaciones, y la vinculación de éstas con el servicio de transporte es una de las novedades de nuestro tiempo, cuyos beneficios son indudables, sobre todo en la época de invierno, debido a que nos evitan tener que realizar largas esperas al aire libre cuando las temperaturas son demasiado gélidas.

El día viernes 17 de junio, como todos los días, el autobús, de color rojo y blanco, llega puntual a esa parada, a las 6:12, tal como lo indicaba la aplicación; lo abordamos 2 o 3 personas; después continua su recorrido con rumor a la estación del metro Main Street. El vehículo dispone de 33 asientos, de los cuales, el 70% se encuentra ocupado, es decir, todos los pasajeros viajamos sentados.  Estamos ya en los albores del verano, el ambiente se empieza a tornar caluroso; en estos días de mediados de junio la temperatura en las mañanas ronda los 20 grados Celsius, pero el autobús cuenta con aire acondicionado. Estas dos circunstancias hacen que el viaje, de unos 10 minutos, resulte placentero. Observo al resto de los pasajeros, algunos, los más jóvenes, revisan sus dispositivos móviles, otros van dormitando y algunos más contemplando el paisaje exterior.

Diez minutos más tarde llego a Main Street, en donde abordo el metro con dirección a oeste; los vagones van casi llenos, pero alcanzo a sentarme en los escasos asientos aún disponibles. Como puede derivarse, ni en el autobús ni en el metro se registran grandes aglomeraciones, salvo en ciertas zonas y horas pico, aunque nunca alcanzan las proporciones que se registran en varias de las estaciones del metro de la ciudad de México. Transcurridos unos 15 minutos y una vez avanzado 8 estaciones, desciendo en la estación Sherbourne y camino solo dos cuadras, hasta la calle Selby, en donde se ubica el edificio departamental en el que actualmente me encuentro laborando. Arribo unos 15 minutos antes de las 7 00 a.m., hora en que inicio mi jornada laboral.

Los recorridos en el transporte de Cd. de México: una retrospectiva

La rutina que ahora aquí tengo, me recuerda a la que mantenía yo en mi etapa de estudiante universitario en la Ciudad de México, allá en la época de los 80, en la que hacía yo uso del servicio de transporte público. Recién había yo ingresado a la UNAM y a pesar de vivir en la zona sur, me habían canalizado al entonces ENEP Aragón, hoy Facultad de Estudios Superiores (FES). Los trayectos eran demasiado largos, primero en el metro, cuyo recorrido duraba alrededor de media hora, siempre sufriendo para poder ingresar a los vagones que iban atiborrados de gente en las mañanas, y después en autobuses o en los llamados peseros, otra media hora, en los que solo era posible encontrar asiento abordándolos desde su base, que se encontraba en la estación del metro Moctezuma. El entorno de ese lugar era caótico, desordenado y densamente poblado. Todos los pasajeros viajábamos siempre con el temor de ser objeto de algún asalto o agresión física; la ciudad de México desde hace mucho tiempo, registra elevados niveles de inseguridad. El autobús o pesero hacia parada en la intersección de Avenida Central y Avenida Hacienda de Rancho Seco, desde donde debíamos caminar más de medio kilómetro, en un entorno bastante popular, para finalmente llegar al campus universitario, en donde las clases del turno matutino, en el que yo estudiaba, iniciaban en punto de las 7:00 a.m.

Aquella experiencia, un poco sufrida, pero de gratos recuerdos porque en aquel campus forjé amistades entrañables, solo duró poco más de un semestre para mi, porque después de realizar un sinfín de trámites y presentar muchas justificaciones, me fue autorizado mi cambio al campus de Ciudad Universitaria, en la zona sur de la metrópoli. Aunque ahí el entorno era más agradable y las rutas de transporte más variadas, la saturación de las unidades (metro, peseros y autobuses) continuó siendo un gran problema para quienes hacíamos uso de ellas, el cual perdura hasta el día de hoy, con un agravante mayor. A diferencia de hace unas décadas, cuando las condiciones metrológicas en la Ciudad de México eran relativamente estables, actualmente las temperaturas en la primavera y el verano sobrepasan los 30 grados Celsius, pero en lugares cerrados y extremadamente aglomerados, como los vagones del metro y los autobuses, éstas se incrementan hasta cerca de los 40 grados Celsius (https://www.atraccion360.com/temen-sauna-dentro-del-metro).

Las inevitables comparaciones

Después de hacer uso de los medios de transporte en esta ciudad y de establecer su comparativo con cualesquiera de los sistemas de transporte de nuestras grandes urbes, principalmente la Ciudad de México, las diferencias sobresalen a simple vista y evidencian, querámoslo o no, la diferencia entre desarrollo y subdesarrollo. Mucho tiene que ver la diferencia en cuanto al tamaño de la población, poco mas de seis millones de habitantes de Toronto y su área conurbada (https://www.macrotrends.net/cities/20402/toronto/population#:~:text=The%20current%20metro%20area%20population,a%200.94%25%20increase%20from%202020.), contra 20 millones en la Ciudad de México y su zona metropolitana  

(https://www.caf.com/es/temas/o/observatorio-de-movilidad-urbana/ciudades/ciudad-de-mexico/#:~:text=La%20Zona%20Metropolitana%20de%20la,densidad%20promedio%20de%2066%2C71). Pero en nuestro caso esa sobrepoblación en la capital de la República es el resultado, en gran media, de la falta de planeación de nuestras zonas urbanas.

Como lo he señalado, previamente, en el sistema de transporte de esta urbe casi no se observan aglomeraciones excesivas, salvo en situaciones extremas, como la suspensión ocasional del servicio de ciertos tramos del metro por algún accidente, una nevada o debido a trabajos de mantenimiento. En México, por el contrario, esa parece ser una la constante en todas las unidades de transporte: metro, autobuses, metrobuses, tranvías y peseros. Este problema, aunado al incremento gradual de las temperaturas registrado en los últimos años, ha hecho mucho más sufridos para los usuarios los trayectos en esos medios de transporte. Acaso una de las principales medidas que ayudaría a mitigar dicha situación sería el equipamiento de la mayoría de sus unidades (metro, autobuses, metro buses y tranvías) con aire acondicionado.

En 2017 la Comisión de Tránsito de Toronto fue galardonada por contar con el mejor sistema de transporte público de Norteamérica, por parte de la American Public Transportation Association (APTA), un organismo que agrupa a todos los sistemas de transporte público de Estados Unidos y Canadá, con sede en Washington. Lo anterior pone de manifiesto que, a pesar de sus indudables deficiencias, que, si las tiene, el transporte público de esta ciudad, la más grande y poblada de Canadá, ha probado ofrecer un servicio de clase mundial y, por lo tanto, debería ser un referente para muchos de nuestros centros urbanos, que siguen adoleciendo de un buen sistema de transporte.

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1 Comentario

  • Roxana 20 de junio de 2022

    El tema me recuerda a la reciente petición de los operadores de transporte público de la cdmx, en la cual pedían el aumento de 5 pesos en su tarifa.
    Varias personas están de acuerdo con el aumento siempre y cuando los transportistas ofrezcan un servicio de calidad comenzando con el arreglo de sus unidades y tratando con respeto a los usuarios.
    La mala planeacion, la corrupción, la falta de educación del usuario y operador, la sobrepoblación entre otras, son la raíz de este problema, y si, las comparaciones no se pueden evitar.

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