Letras Desnudas
Mario Caballero
Eran alrededor de las nueve de la noche de un día de 1980. Sus colaboradores lo vieron salir de su oficina, bajar las escaleras y salir del edificio. Se fue caminando por las calles del centro de Tuxtla Gutiérrez y la gente lo saludaba con mucho afecto. Él respondía con cordialidad. Era el hombre más poderoso del estado.
Y así siguió su paso, entre saludos y muestras de respeto, hasta que llegó a las canchas deportivas del parque de la colonia San Roque. Ahí buscó una banca desde la cual ver el juego de basquetbol. De su elegante guayabera blanca sacó una cajetilla de cigarrillos, y una persona sentada a su lado le preguntó: Oiga, señor gobernador, por qué anda sin guaruras, ¿no le da miedo que le hagan algo?
Cuentan que antes de contestar se cruzó de piernas y chupó su cigarrillo. ¿Por qué debería temer? –respondió-. A mí, el pueblo me cuida.
Ciertamente, a don Juan Sabines Gutiérrez el pueblo lo cuidaba y hasta nuestros días es considerado uno de los mejores gobernadores de Chiapas.
Don Juan Sabines era un tipo humilde, muy popular, un devorador de libros y un político brillante.
Nació en Tuxtla Gutiérrez en 1920. Fue priista y bajo esas siglas honró su apellido y el prestigio de su familia. Fue hijo del Mayor Julio Sabines, quien había sido oficial del ejército carrancista en la Revolución Mexicana, y de doña Luz Gutiérrez Moguel, descendiente del prócer chiapaneco Joaquín Miguel Gutiérrez, cuyo apellido honra la capital del estado.
Don Juan es recordado por el amor a su gente. Fue un hombre con una gran vocación de servicio, de entrega y lealtad a los chiapanecos. Encabezó a toda una generación de políticos que hizo todo lo posible por no traicionar la confianza de la gente a través de las responsabilidades públicas que desempeñaron. La enseñanza que dejó es que todo político debe ser identificado por sus valores morales, el compromiso con su pueblo y el trabajo a favor de los desprotegidos.
A nivel nacional fue conocido como “El Ciclón del Sureste”. Fue el responsable de la modernización del estado. Gobernó del 29 de noviembre de 1979 al 30 de noviembre de 1982, y en ese corto tiempo construyó obras como el edificio del Congreso del Estado, el Palacio Municipal de Tuxtla Gutiérrez, el Teatro de la Ciudad, el zoológico Miguel Álvarez del Toro, el Edificio Plaza, la conclusión del Palacio de Gobierno y del aeropuerto Llano San Juan, entre muchas otras.
Además, creó programas que lograron dar estabilidad a la economía local y un empuje importante al campo chiapaneco, como el Convenio de Confianza Municipal y el Convenio de Confianza Agropecuaria.
Por todo ello, es absurdo que haya gente que quiera comparar a Juan Sabines Guerrero, su supuesto hijo, con él. No le llena ni la sombra. Menos aun cuando en un acto de oportunismo lo despreció. Pues siendo alcalde de Tuxtla dijo públicamente que Pablo Salazar Mendiguchía sería el mejor gobernador de la historia de Chiapas.
Fue ese un insulto a la inteligencia de los chiapanecos, pero sobre todo a la memoria de quien sí supo gobernar: don Juan Sabines Gutiérrez.
EL CREADOR Y LA CRIATURA
Dicen que cada cosa se parece a su dueño. Entonces, si Sabines Guerrero se parece a alguien no será a su padre, sino a Pablo Salazar, quien fue su padrino político, su mentor, su hacedor, su protector y, finalmente, su víctima.
Entre Sabines y Salazar abundan muchas semejanzas, tanto de personalidad como de conducta. Y son tan parecidas que hasta podrían confundirse.
Pablo nació en la pobreza igual que Sabines. Los dos tuvieron que arrastrarse ante los poderosos para alcanzar su posterior éxito político. Tras el proceso, ambos traicionaron a sus benefactores y a algunos hasta los metieron a la cárcel. De tal forma, los dos están acusados de corrupción, homicidio, asociación delictuosa, enriquecimiento ilícito, abuso de poder, peculado, entre otros crímenes. Si en algo se diferencian, es que el segundo es la creación del primero.
Salazar fue más que un padre para Sabines Guerrero. Cuando en 2001 el PRI desechó a Sabines para hacerlo candidato a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, Pablo fue el que intervino para que en las elecciones de ese año fuera postulado por este partido como diputado local, y lo hizo ganar. En 2004, volvió a hacer lo mismo y lo convirtió en alcalde de la capital chiapaneca.
En 2006, Pablo no pudo hacer que el PRD nombrara candidato al Gobierno de Chiapas a Rubén Velázquez, su principal alfil; por tanto, negoció con la dirigencia nacional de este mismo instituto la candidatura para Juan Sabines. Una vez lograda, utilizó todo el aparato gubernamental para hacerlo ganar. Lo logró.
En el colmo del cinismo, durante su último Informe de Gobierno pidió a los chiapanecos que confiáramos en el hijo de El Ciclón del Sureste, que lo respaldáramos y lo hiciéramos nuestro líder hasta que se convirtiera en el mejor gobernador de Chiapas.
Salazar fue un gobernador déspota y ruin. Controló las instituciones y los Poderes del Estado por medio de la coacción. Como hizo el 24 de marzo de 2001, cuando envío la fuerza pública a impedir el nombramiento de Jorge Clemente Pérez como presidente del Poder Judicial y así imponer a alguien a modo.
Juan Sabines, por otro lado, repartió millones de pesos para que tanto en el Congreso local como en el Tribunal Superior de Justicia se hiciera lo que él ordenara. A la vieja usanza del PRI: balazos o billetazos.
En la administración de Pablo Salazar se cometieron los más deleznables actos de represión e intimidación, como el ocurrido en contra del ex ombudsman Pedro Raúl López Hernández. De hecho, se dice que en esos seis años de terror hubo al menos 100 muertos como consecuencia de operativos judiciales.
En el sexenio sabinista no faltaron los casos de persecución y acoso gubernamental. Decenas de opositores fueron encarcelados. Presuntamente, al término de ese mandato hubo más de 200 muertos entre dirigentes sociales, campesinos, líderes políticos, sindicalistas y defensores de derechos humanos.
El 7 de junio de 2011, Pablo Salazar fue arrestado por el peculado de 104 millones de pesos del erario público. Su detención fue ordenada por Juan Sabines. Y hoy en día es acusado por el desvío de 11 mil millones de pesos del fondo de reconstrucción por los daños del huracán Stan en 2005.
En ese mismo sentido, Sabines Guerrero está señalado de crear empresas fantasmas con las que defraudó los recursos destinados a la obra pública. También de enajenar bienes propiedad del Estado, de pagar fiestas, borracheras y viajes de placer al extranjero para sus familiares y amigos con dinero del pueblo, de invertir en la Bolsa Mexicana de Valores el Impuesto sobre Nóminas y cobrar dividendos de los que nunca dio cuentas a nadie; asimismo, de proteger a sus exfuncionarios que hoy (igual que él) son dueños de lujosas residencias, negocios y cuentas bancarias millonarias.
Entre hurtos, despilfarros y desvío de recursos, Pablo dejó una deuda por más de 881 millones de pesos, mientras Sabines, entre deuda pública y con proveedores, una por más de 40 mil millones de pesos, de la que actualmente se pagan 200 millones de pesos de intereses cada mes.
EN FIN…
¿A quién se parece realmente Juan Sabines Guerrero? A su supuesto padre, obviamente no.










