Letras Desnudas

Mario Caballero

No todos los extranjeros que llegan a nuestro país en busca de una mejor calidad vida, o bien, que sólo están de paso, anhelando conquistar el sueño americano, son malos. Por diversos motivos me ha tocado conocer a algunos de ellos, entre hondureños, guatemaltecos y venezolanos, que han demostrado ser gente trabajadora y honrada.

Pero tampoco todos los que han llegado a nuestro territorio son precisamente buenas personas. Esto podemos verlo en los cientos de migrantes que están ahora mismo encerrados en alguna cárcel de Chiapas acusados por delitos como narcomenudeo, robo, daños, lesiones, pederastia, violencia familiar, desobediencia y resistencia de particulares. De acuerdo con el fiscal Jorge Llaven, desde diciembre de 2024 a la fecha, 841 personas extranjeras han sido detenidas.

GOTA A GOTA

México siempre ha sido un país amigo para los migrantes, en especial para aquellos que salieron o huyeron de sus naciones por causa de la pobreza, la falta de oportunidades, la violencia o el crimen. Este gesto humanitario y de gran generosidad ha caracterizado al Estado mexicano durante muchas décadas.

Qué mal que muchos de los migrantes que cruzan nuestra frontera sur de manera ilegal no sólo abusen de esa gentileza y generosidad de nuestro pueblo y nuestra gente, sino también se organicen para delinquir y hacernos daño.

Ahí está, por ejemplo, las bandas de extorsionadores “gota a gota” que operan en distintos estados del país.

Los llamados préstamos “gota a gota” surgieron en la década de los noventa en Colombia; no obstante, ahora se encuentra en 16 países de Latinoamérica y en por lo menos trece estados de México. Como la Ciudad de México, Tlaxcala, Oaxaca, Jalisco, Estado de México, entre otros.

¿Cómo operan? Simple, entregan sus tarjetas en pollerías, cremerías, tienditas, tortillerías, carnicerías, locales de los mercados públicos y hasta en negocios de telefonía celular. Y no se limitan a comercios establecidos, sino también a vendedores ambulantes, amas de casa y a toda persona que esté urgida de dinero y que no tenga acceso a un crédito bancario.

Al inicio se presentan con su mejor cara, los “prestamistas” son amables, respetuosos y aparentan ser hombres de bien y honrados.

Un comerciante de una de las colonias de nuestra capital, al que llamaremos Pancho, me confió que por una gran necesidad tuvo que recurrir a esta gente. Él tiene un pequeño negocio, que estableció hace ya varios años. Cuenta que cierto día un señor de “buenas ropas” y educado se presentó en su local y le ofreció un préstamo. Como en ese momento se encontraba atendiendo a un comprador, le recibió la tarjeta y le dio las gracias de la mejor manera posible.

Sin embargo, llegó el mal día y llamó al número telefónico. A las pocas horas, el mismo hombre llegó a su establecimiento. “El trato que me dio en su momento fue muy amable y cordial, y hasta fue empático con mi necesidad. La verdad, me dio mucha confianza”, refiere Pancho.

Estos prestamistas sólo piden una identificación oficial para corroborar el domicilio de quien solicita el dinero y te proporcionan el préstamo enseguida. Los montos van desde 500 pesos hasta 50 mil, y según ellos los intereses son bajos, pero en una semana las personas ya les deben el doble y en tres más del triple.

Con el paso de los días, la deuda se vuelve algo imposible de pagar, y es aquí cuando comienzan las extorsiones.

Con el rostro cubierto y luciendo armas de alto poder, envían videos a los deudores para amenazarlos, tanto a ellos como a sus familias. El lenguaje que utilizan, más allá de las groserías, es sumamente intimidante. Para lograr su propósito de infundir terror en sus víctimas, también les mandan fotografías de personas ejecutadas o imágenes de cadáveres.

Pancho relata que a pesar de cumplir con los pagos, las llamadas para cobrarle no cesaban, incluso en la madrugada; tampoco los videos y las imágenes grotescas. En varias ocasiones fue golpeado frente a su familia y una vez le pusieron el cañón de una pistola en la cabeza.

Varias notas periodísticas revelan que la banda de prestamistas “gota a gota” terminó con la vida de muchas personas: gente trabajadora que por más que se esforzó no pudo cubrir el pago.

DESMANTELAMIENTO

La semana pasada, las fuerzas del orden en Chiapas lograron el desmantelamiento de una de una estas bandas criminales, cuyas víctimas, como Pancho, se cuentan por docenas.

El secretario Óscar Aparicio, responsable de la seguridad en el estado, detalló en un video difundido en las redes sociales que este golpe al crimen se logró gracias a una quirúrgica investigación que se inició a partir de las denuncias hechas por ciudadanos a través de las plataformas digitales puestas a disposición para este propósito.

Los denunciantes, habitantes de diferentes colonias de Tuxtla Gutiérrez, reportaron ser blancos de amenazas, extorsiones e intimidaciones por hombres con características de ciudadanos extranjeros.

La investigación se coordinó desde la mesa de seguridad, encabezada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, quien desde el primer minuto de su mandato le declaró la guerra a la inseguridad y al crimen organizado, y va ganando.

Con la participación de la Secretaría de Seguridad del Pueblo, la Fiscalía General del Estado y la Policía Cibernética, se ubicaron tres objetivos.

Con las respectivas órdenes de cateo, el miércoles 17 de junio, se ejecutaron tres operativos simultáneos, con un resultado de once personas detenidas, de las cuales ocho son venezolanos, un colombiano y dos mexicanos.

Durante los cateos fueron aseguradas 35 dosis de cristal (metanfetamina), 42 de mariguana, dos armas cortas, un arma larga, 42 cartuchos útiles, cuatro cargadores, dos vehículos y cuatro motocicletas.

En otro informe del fiscal Jorge Llaven, de ayer martes 23 de junio, se dio a conocer que el número de detenidos subió a quince.

Y es que derivado de las investigaciones se ejecutó otro operativo, esta vez en Puerto Madero, logrando el arresto de cuatro personas más de origen venezolano que se dedicaban a extorsionar mediante el esquema de préstamos “gota a gota” en Tapachula.

SE RECUPERÓ

Este acto de autoridad es, en esencia, un puente reconstruido. Pues comprendamos que la confianza en nuestras fuerzas del orden no nace de la imposición, sino de la protección palpable. Cuando hoy un policía detiene a un extorsionador, no sólo está confiscando un arma o asegurando un vehículo o drogas, sino está liberando a una familia chiapaneca del yugo del crimen.

La confianza en las instituciones de seguridad se ha recuperado, y lo ha hecho a partir de la denuncia ciudadana y la acción inmediata de la Secretaría de Seguridad, que ha habilitado herramientas fundamentales para mantener esta red de seguridad, instando a utilizar la app C5 Escudo Pakal, además de los números de emergencia.

Me congratula observar que los chiapanecos ven diferente el uniforme policial. Antes lo miraban con miedo, incertidumbre, hoy con confianza.

Las calles donde antes imperaba la zozobra, ahora germina la esperanza bajo un entorno libre de extorsión, donde la verdadera riqueza de Chiapas, es decir, nuestra gente trabajadora, puede prosperar y vivir sin el temor de ser amenazada.

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