La nostalgia de Viruta y Capulina

Letras Desnudas

Mario Caballero

Es penoso reconocer que la política chiapaneca está poblada de una enorme fauna de simuladores. Me refiero a esos especímenes sin talento para gobernar, sin vocación de servicio y sin capacidad para lograr los acuerdos que Chiapas necesita para dar ese salto al progreso.

Al respecto, pocos ejemplares tan elocuentes como José Uriel Estrada Martínez y Jesús Domínguez Castellanos, hoy encaramados en el Poder Legislativo local, quienes deambulan por los pasillos del Congreso del Estado con el rostro desencajado y una nostalgia inocultable.

¿La razón? Añoran con desesperación las mieles del sexenio pasado. No es para menos, si fueron los años dorados de su impunidad, aquellos en los que dieron rienda suelta a sus más oscuras frustraciones, medraron con el erario público y amasaron fortunas incalculables al margen de la ley.

CONTRASTES

Hoy, Chiapas vive un periodo de transformación profunda, pero también de mucha exigencia.

Por un lado, la administración actual ha puesto toda la carne al asador. Diseñó y puso en marcha un nuevo modelo de seguridad para reestablecer el orden, reducir la percepción de inseguridad, imponer el Estado de Derecho y combatir a la delincuencia organizada. Gracias a ello, Chiapas se encuentra actualmente en el segundo lugar de los estados más seguros del país, con las menores tasas de incidencia delictiva general y delitos de alto impacto.

También le ha invertido inteligencia, dinero y esfuerzo para sacar al estado del primer lugar con mayor población analfabeta. El programa Chiapas Puede no sólo está considerado por distintas organizaciones civiles e instituciones gubernamentales como un referente nacional, sino ha logrado reducir realmente la tasa de analfabetismo en la entidad del 13 al 9.4 por ciento.

En este momento, más de 96 mil personas se encuentran aprendiendo a leer y escribir, y más de 131 mil han sido atendidos en este esfuerzo histórico impulsado por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.

A través de las estrategias, programas y acciones de la Secretaría del Humanismo, está atendiendo rubros de desarrollo social, bienestar comunitario y combate a la pobreza.

Ni hablar de los resultados en materia de infraestructura, con la rehabilitación de más de 2 mil kilómetros de la red estatal de caminos y carreteras para conectar mejor a las comunidades, o la inyección histórica de mil 700 millones de pesos en créditos productivos para emprendedores y productores, o las becas para estudiantes de nivel básico, medio y superior que tienen el objetivo de abatir la deserción escolar y elevar el rendimiento educativo, o la consolidación de Chiapas como un destino turístico internacional gracias a la expansión de rutas y conectividad aérea. Por mencionar algo.

Pero estos logros a los “diputados” Uriel Estrada y Jesús Domínguez les resultan insoportables. Después de más de año y medio de haber concluido el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, siguen suspirando por esos tiempos, tiempos aciagos en los que Chiapas cayó en la más terrible ingobernabilidad, con conflictos sociales, políticos y agrarios, pérdida de la autoridad, casos reprobables de corrupción y, peor todavía, con regiones enteras bajo el control del crimen organizado.

LOS EXECRABLES MOTIVOS

Pero como decíamos al inicio, hay motivos, execrables motivos, para que Uriel Estrada Y Jesús Domínguez, apodados como “Viruta” y “Capulina”, invoquen con mucho sentimiento el sexenio pasado. Tanto así, que Uriel ha confundido el nombre del actual mandatario con el de Rutilio Escandón Cadenas, al que le debe todo, incluso la diputación indígena que ahora ostenta.

Antes de formar parte del grupo cercano de Escandón Cadenas, Uriel Estrada era un político desacreditado que cargaba a cuestas haber estado en prisión en 2006 acusado de los delitos de tortura y ejecución extrajudicial del líder campesino Reyes Penagos Martínez. Cuando ocurrieron estos hechos, en 1995, se desempeñaba como Fiscal Especial de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas.

Aparte del descrédito, era un pobre diablo que no tenía dónde caerse muerto. Pero bajo el cobijo y complicidad de Escandón, se convirtió en uno de los nuevos millonarios de Chiapas. Pasó de habitar en una casa de interés social en una colonia popular de Tuxtla Gutiérrez a construir una lujosa mansión valuada en siete millones de pesos en un fraccionamiento exclusivo.

Recordemos que en la administración anterior fungió como titular de la Auditoría Superior del Estado, y bajo esa figura se le vinculó con el cobro de moches a presidentes municipales a cambio de no fincarles observaciones negativas u ocultar irregularidades en sus respectivas cuentas públicas.

Varias fuentes refieren, asimismo, que bajo la misma práctica coaccionó a decenas de alcaldes para que le otorgaran contratos de obra pública por adjudicación directa a las empresas constructoras de su hermano y otros prestanombres.

Así se hizo de una gran fortuna que consta presuntamente de vehículos, residencias, dinero en efectivo, constructoras y establecimientos nocturnos y de entretenimiento en la capital chiapaneca, como Alebrijes, Sonora Botanera, Montaditos, Señor Cantina, entre otros.

En cuanto a Jesús Domínguez se le señala del manejo discrecional de recursos públicos, licitaciones y programas de vivienda. De hecho, ahora como diputado local, presidiendo la Comisión de Vivienda, se le cuestiona por el manejo y la asignación de recursos destinados a programas de desarrollo urbano y vivienda, ligado a grupos de poder en el estado.

A este personaje no se le identifica tanto como político, sino como un envenenador público, dueño de un emporio cervecero en la Costa y Soconusco.

Sin embargo, investigaciones periodísticas serias denuncian que durante la administración anterior actuó en complicidad con Rosy Urbina Castañeda, quien siendo alcaldesa de Tapachula le otorgó decenas de contratos de obra pública mediante adjudicación directa. Lo peor de este asunto es que dichas obras no se construyeron o quedaron inconclusas. Y hasta se presume que los recursos fueron desviados para financiar la campaña política de Adán Augusto López a la Presidencia de la República, de la cual fue uno de los operadores en Chiapas.

Al fracasar el proyecto del presunto líder de La Barredora, le dieron como premio de consolación, y por obra y gracia de Rutilio Escandón, una diputación plurinominal por Morena.

LACRAS

El actual cargo que ostentan no es más que un refugio, un blindaje regalado para protegerse del vendaval de exigencia de justicia que amenaza sus fortunas mal habidas.

El pueblo no olvida quiénes son ni de dónde proviene su opulencia. Y si extrañan el pasado es porque hoy ya no pueden disponer del presupuesto a su antojo ni saciar sus caprichos con la chequera oficial.

Para mayor inri, son una vergüenza para el Congreso del Estado. Para alguien como ellos que están acostumbrados a la operatividad financiera subterránea, a vivir al amparo de componendas y complicidades, el quehacer parlamentario es una tortura. Fuentes a este columnista revelan que al finalizar cada sesión se van agarrados del brazo a la cantina, donde no sólo se embrutecen de alcohol, sino dan rienda a sus más bajas pasiones.

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