Avanza la pacificación de Chiapas

Letras Desnudas

Mario Caballero

Como periodista muchas veces tengo acceso a información privilegiada. Es una de las pocas concesiones que nos permite el oficio.

Sin embargo, confieso que a veces hubiera preferido no haberme enterado de algunas cosas. El periodista está obligado a estar lo mejor informado posible sobre el diario acontecer, en especial respecto a todo aquello que ocurre en el área de su competencia, sea política, economía, sociales, deportes, etcétera, ya que de ello depende su credibilidad profesional.

Como personas comunes y corrientes es muy diferente. Como padres de familia hay situaciones que simplemente no toleramos. Por ejemplo, cosas que le pasan a algunos niños que no quisiéramos que les sucediera a los nuestros. Empero, muchas veces me llega información como esa.

Hace más o menos un año, un joven de 17 años, oriundo de Chicomuselo, me envió un correo electrónico, mitad para desahogarse mitad para denunciar, con información acerca de los ataques que estaba sufriendo la población a manos de los grupos criminales.

Con imágenes y datos claros me dio a conocer que desde un año antes cientos de familias de comunidades como Julio Sabines, Benito Juárez, Nueva América, Corona del Rosal, Raizal, Madero, Nueva Morelia, Limonar, La Lucha, La Unión, San Francisco, La Pinta, Las Flores, Piedra Labrada, Lázaro Cárdenas, entre otras, habían sido desplazadas y obligadas a dejar sus hogares y todo lo que habían logrado durante muchos años de trabajo. Su familia fue una de ellas.

Me contó que el municipio quedó sin gobierno y la población bajo el asedio de los grupos criminales, que desalojaron a cientos de personas y cometieron delitos como asesinatos y secuestros. Además, instalaron retenes permanentes en la entrada de la cabecera municipal donde gente armada revisaba los vehículos que entraban y salían. Así como los celulares, mochilas y cobraban el paso y el derecho de piso. También controlaban los precios de los productos y hasta los tiempos de las cosechas de los campesinos.

Su padre es campesino, y fue una de las tantas víctimas del crimen organizado.

Por tanto, una tarde, tras regresar de la parcela, don Adolfo le pidió a su familia que alistaran algunas cosas porque esa misma noche partirían a Tuxtla Gutiérrez, donde uno de sus tíos los recibiría mientras lograban acomodarse en alguna casa en renta.

En ese entonces, este joven que tuvo la confianza de contarme la situación que tristemente estaba pasando su familia, estudiaba el cuarto semestre de preparatoria en el Cobach 199 Pablo L. Sidar.

Durante algunos meses estuve en contacto con él, que me comentaba que su familia no estaba nada bien aquí en la capital, pero vivía mucho mejor que en su tierra natal. Su padre había encontrado empleo en la Central de Abastos y él en una ferretería, frente al mostrador.

CUESTIONAMIENTOS

¿Cuántos jóvenes más pasaron por este martirio? ¿Cuántos abandonaron sus hogares, familias, amigos, estudios? ¿Cuántas familias tuvieron que huir de sus casas en medio de la noche para no seguir siendo presa de las amenazas, extorsiones y agresiones de las bandas criminales?

No se sabe con certeza. Al perderse la gobernabilidad, se perdió asimismo el registro de la población.

No sé usted, pero no logro concebir en mi imaginación qué pasó por la mente de esas personas que de la noche a la mañana dieron por perdidas sus posesiones e inmuebles debido a la violencia criminal. Perdieron la paz, y a la vista de un gobierno que no supo o no quiso protegerlos y garantizarles uno de los bienes públicos más preciados: la seguridad.

Así como en Chicomuselo, también en Frontera Comalapa, Siltepec, Amatenango y La Concordia, cientos de mujeres, hombres, jóvenes, niños y ancianos dejaron sus viviendas y hasta sus animales para ir en busca de un lugar donde pudieran vivir con tranquilidad.

No tengo el dato preciso, pero se conoce que fueron miles de personas que buscaron refugio en el país de Guatemala.

Dígame, usted, ¿qué necesidad había de esto?

BUENAS NOTICIAS

Desde el 15 de octubre del año pasado no había sabido nada de nuestro amigo, sino hasta ahora.

Me volvió a contactar el pasado viernes. Me cuenta que ya está nuevamente en su casa. Toda su familia está de vuelta en su hogar. No encontraron varias cosas que dejaron cuando escaparon a la capital, “pero eso es lo de menos”, dice.

La verdad, me alegra por él, por su familia y por los cientos de personas que ya se encuentran en sus casas y que han retomado su vida habitual en Chicomuselo. Ya era hora que se pusiera orden y todo volviera a la normalidad.

Historias como la de este muchacho y su familia son prueba indiscutible de que la estrategia de seguridad implementada por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar está logrando el objetivo de recuperar la paz y la seguridad de Chiapas.

En menos de mes y medio, los operativos del grupo Pakal, coordinados por la Secretaría de Seguridad del Pueblo y la Fiscalía General del Estado, han desmantelado redes criminales en municipios como Suchiate, Comitán, San Cristóbal de las Casas, Frontera Hidalgo, Metapa de Domínguez, Tapachula, Comalapa, entre otros, logrando la liberación de personas secuestradas, la captura de funcionarios, el aseguramiento de vehículos, armas, municiones y drogas, el descubrimiento de fosas clandestinas y evidenciar el vínculo entre políticos y policías con el crimen organizado.

En Frontera Hidalgo, por ejemplo, se desmanteló un circuito de videovigilancia al servicio de la delincuencia organizada, que constaba de 30 cámaras y antenas de recepción de señal.

En los cateos realizados en Comalapa se aseguraron más de 20 vehículos, entre ellos cinco blindados, además de armas, explosivos y ganado robado. Ocho personas que estaban secuestradas fueron liberadas.

Por si fuera poco, fue detenido el presidente municipal José Antonio “N”, acusado de los delitos de corrupción y vínculos con actividades delictivas.

EL LEGADO

Gracias a esta estrategia se han obtenido resultados que no se vieron en todo el sexenio pasado. Y se restauró la paz y se recuperó la libertad de los municipios de la Sierra.

Me alegra que se haya echado a andar toda la cadena de responsabilidad para castigar a los delincuentes, en particular a los de alto impacto, para que no haya más impunidad.

Me alegra que se hayan fortalecido las instituciones de inteligencia de combate a la criminalidad, con el objeto de contribuir en el armado de carpetas de investigación de los casos.

Me alegra que la Secretaría de Seguridad del Pueblo y la Fiscalía trabajen en conjunto y desarrollen estrategias focalizadas para atender la problemática particular de cada municipio, ya que no es la misma realidad en Comitán que en San Cristóbal, y es muy distinta la de Tapachula.

También me alegra que el gobernador haya dicho que el legado que quiere dejar es la pacificación de Chiapas. Con estos buenos resultados ya va de gane.

Y, en este sentido, se aplaude que haya elegido a Chicomuselo, que fue uno de los primeros municipios asolados por la violencia de los grupos delictivos, para poner en marcha el Plan Integral de Atención Médica y Salud Pública. Lo cual envía un mensaje de confianza, de que la paz y la seguridad obtenidas serán duraderas.

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